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Caín Sigue Vivo » 2004 » March
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Archive for March, 2004

Esos pequeños matices

Friday, March 12th, 2004

Contribución de Ana
Hoy han volado por los aires más de sesenta personas, ¿qué podemos decir? Atocha a las siete y media de la mañana es un hervidero… es tal la inconsciencia de aquel que pone las bombas.

Me he despertado con la noticia, lo primero que he pensado es que mi hermana coge el tren en Atocha para ir a trabajar. Enseguida he conseguido ponerme en contacto con mi familia, mi hermana estaba bien, acababa de salir de casa.
Atentan contra nuestras vidas, contra nuestra rutina y normalidad. No creo que en mucho tiempo los madrileños vuelvan a coger un tren hacia su trabajo con la tranquilidad con que lo hacían, tardarán en ver con normalidad una mochila abandonada.
No sé porqué sobre todo me vienen a la cabeza los estudiantes. Joder… eres tan inocente y booom de pronto sales volando por los aires.
Hace un tiempo hablé con un amigo italiano que justificaba la violencia etarra, nada justifica esta violencia… es tan cobarde, es tan fácil dejar unas bombas en mochilas, en un lugar de transito… es tan triste. No queda la rabia, no puedo reaccionar.
Todo pierde importancia…

——————————-

Ayer cuando escribí estas líneas estaba conmocionada, casi anestesiada por la bestialidad del ser humano. La realidad ha sido la peor pesadilla. Ya son doscientos los muertos…
Desde ayer me decía a mi misma que no quería hablar de política, no quería tener las elecciones en cuenta, no quería ver como se repartían los despojos de la gente que murió ayer. Hoy he recibido el correo de un amigo, admiro su valentía al decirnos algo que me rondaba la cabeza y que creo que pensamos muchos.
Vuelven a intentar manipularnos, quieren quedarse con nuestro dolor, prostituirlo y mantener la poltrona.
No me gustó el lema que propuso el gobierno para la manifestación contra ETA, “Con las víctimas, con la Constitución, por la derrota del terrorismo”. ¿Por qué con la constitución? ¿Qué pasa si yo creo que la constitución se debe modificar?
Poco después pude ver que el lazo negro con el que se mostraba el dolor de todos en la televisión, en el caso de TVE estaba sobre una bandera de España.
Esta mañana todas las cadenas nacionales tienen la banderita, no la T.V catalana y me imagino que tampoco la televisión vasca.
¿A qué jugamos? A la provocación.
Muchos dirán: “yo creo en la unidad de España y la defiendo”.
Pero señores en este país hay nacionalistas, hay nacionalistas que cada vez se sienten más distintos, hay nacionalistas que ejercen sus derechos sin matar a nadie, y merecen todos mis respetos.
Y no creo que la provocación con símbolos que son inofensivos pero llenos de connotaciones nos lleven a ninguna parte.
Yo soy madrileña, hace tiempo que vivo en Valencia y me encuentro con todas las dificultades y trabas que la tensión nacionalista ha provocado en este país (no solo en el País Vasco), problemas con la lengua a la hora de opositar, incomunicación entre las instituciones para gestionar temas burocráticos, reproches a Madrid porque somos unos opresores reaccionarios, porque nos mantenemos con el dinero de las comunidades, porque pensamos que somos el ombligo del mundo… y a veces es duro y la mayoría de las veces aburrido… pero existe, y la solución a este desgaste no es la provocación, la cerrazón en una postura, y la convicción en la inamovilidad de la Constitución.
Necesitamos salidas.
Me niego a que este atentado le sirva al PP para imponer su postura asquerosamente reaccionaria.
No creo que los nacionalismos sean culpables de los 200 muertos, me niego a aceptar lo que me han dicho ya en el día de ayer, que ETA es así y que no se le puede “apoyar” y dar oxigeno. Nadie ha apoyado a ETA, el señor Carod Rovira no apoyó al grupo terrorista, intentó el diálogo con estos asesinos, y eso no me parece ser un criminal. Se equivocó y creo que demostró sobre todo una gran miopía política. Pero no es el culpable de estos asesinatos, el culpable es el grupo terrorista.
En estos momentos me parece importante que nos mantengamos serenos, que no caigamos en el odio ciego a los nacionalismos, que no nos manipulen y nos utilicen los unos contra los otros. Qué nos digan la verdad si es ETA la que asesina, si es terrorismo islámico.
Esta tarde asistiré a la manifestación que ha convocado el gobierno, porque el horror que vivimos ayer merece que salgamos a desgañitarnos a la calle. Pero no señor Aznar, la unidad de España no hay que darla por sentada, hay que trabajarla cada día, hay que fomentar lo que tenemos en común y no imponer las diferencias. Hay que dialogar, siempre que se pueda y en el momento adecuado.
Tengo muchas ganas de que desaparezca de la vida pública Sr. Aznar.

¿Quiere usted ser diputado?

Tuesday, March 9th, 2004

Contribución de Silvana
Roberto Arlt, escritor argentino, escribió: “Si usted quiere ser diputado, no hable a favor de las remolachas, del petróleo, del trigo, del impuesto a la renta: no hable de fidelidad a la Constitución, al país; no hable de defensa del obrero, del empleado y del niño. No; si usted quiere ser diputado, exclame por todas partes: .Soy un ladrón, he robado…. he robado todo lo que he podido y siempre.”

Así se expresa un aspirante a diputado en una novela de Octavio Mirbeau, El jardín de los suplicios. Y si usted es aspirante a candidato a diputado siga el consejo. Exclame por todas partes: -He robado, he robado. La gente se enternece ante tanta sinceridad. Y ahora le explicaré. Todos los sinvergüenzas que aspiran a chuparle la sangre al país y a venderlo a empresas extranjeras, todos los sinvergüenzas del pasado, el presente y el futuro, tuvieron la mala costumbre de hablar a la gente de su honestidad. Ellos eran ?Honestos?. ?Ellos aspiraban a desempeñar una administración honesta? hablaron tanto de la honestidad que no había pulgada cuadrada en el suelo donde se quisiera escupir, que no escupiera de paso a la honestidad. La palabra honestidad ha estado y está en la boca de cualquier atorrante que se para en el primer guardacartón y exclama que ?el país necesita gente honesta?. No hay prontuariado, con antecedente de fiscal de mesa y de subsecretario de Comité que no le hable de ?honradez?. En definitiva, sobre el país se ha desatado tal catarata de honestidad, que ya no se encuentra un solo pillo auténtico. No hay malandrino que alardee de serlo. No hay ladrón que se enorgullezca de su profesión. Y la gente, el público, harto de macanas, no quiere saber nada de conferencias. Ahora, yo que conozco un poco a nuestro público, y a los que aspiran a ser candidatos a senadores, les propondré el siguiente discurso. Creo que sería de un éxito definitivo. Ha aquí el texto del discurso: ?Aspiro a ser diputado porque aspiro a robar en grande y a acomodarme mejor. Mi finalidad no es salvar al país de la ruina en la que lo han hundido las anteriores administraciones de compinches sinvergüenzas; no, señores, no es ese mi elemental propósito, sino que, íntima y ardorosamente, deseo contribuir al trabajo de saqueo con que vacían las arcas del Estado, aspiración noble que ustedes tienen que comprender, es la más intensa y efectiva que guarda el corazón de todo hombre que se presenta a candidato a diputado. Robar no es fácil, señores. Para robar se necesitan determinadas condiciones que creo no tienen mis rivales. Ante todo, se necesita ser un cínico perfecto, y yo lo soy, no lo duden, señores. En segundo término, se necesita ser un traidor, y yo también lo soy, señores. Saber venderse oportunamente, no desvergonzadamente, sino ?evolutivamente?. Me permito el lujo de inventar el término que será un sustituto de traición, sobre todo necesario en estos tiempos en que vender el país al mejor postor es un trabajo arduo e ímprobo, porque tengo entendido, caballero, que nuestra posición, es decir, la posición del país, no encuentra postor ni por un plato de lentejas en el actual momento histórico y trascendental. Y créanme, señores, yo seré un ladrón, pero antes de vender el país por un plato de lentejas, créanlo.. prefiero ser honrado. Abarquen la magnitud de mi sacrificio y se darán cuenta de que soy un perfecto candidato a diputado. Cierto es que quiero robar, pero, ¿quién no quiere robar?. Díganme ustedes, quién es el desfachatado que en estos momentos de confusión no quiere robare. Si ese hombre honrado existe, yo me dejo crucificar. Mis camaradas también quieren robar, pero no saben robar. Venderán al país por una bicoca, y eso es injusto. Yo venderé a mi patria, pero bien vendida. Ustedes saben que las arcas del Estado están enjutas, es decir, que no tienen un mal cobre para satisfacer la deuda externa; pues bien, yo remataré al país en cien mensualidades, de Ushuaia hasta el Chaco boliviano, y no sólo traficaré el Estado, sino que me acomodaré con comerciantes, con falsificadores de alimentos, con concesionarios; adquiriré armas inofensivas para el Estado, lo cual es un medio más eficaz de evitar la guerra que teniendo armas de ofensiva efectiva, le regatearé el pienso al caballo del comisario y el bodrio al habitante de la cárcel, y carteles, impuestos a las moscas y a los perros, ladrillos y adoquinas… ¡Lo que no robaré yo, señores! ¿Qué es lo que no robaré?, díganme ustedes. Y si ustedes son capaces de enumerarme una sola materia en la cual yo no sea capaz de robar, renuncio ipso facto a mi candidatura… Piénsenlo, aunque sea un minuto, señores ciudadanos. Piénsenlo. Yo he robado. Soy un gran ladrón y si ustedes no creen en i palabra, vayan al departamento de Policía y consulten mi prontuario. Verán qué performance tengo. He sido detenido en averiguación de antecedentes como treinta veces; por portación de armas .que no llevaba- otras tantas, luego me regeneré y desempeñé la tarea de grupí, rematador falluto, corredor, pequero, extorsionista, encubridor, agente de investigaciones, ayudante de pequeño porque me exoneraron de investigaciones; fue luego agente judicial, presidente del comité parroquial, convencional, he vendido quiniela, ha sido, a veces, padre de pobres y madre de huérfanas, tuve comercio y quebré, fui acusado de incendio intencional de otro bolichito que tuve… señores, si no me creen, vayan al Departamento… verán ustedes que yo soy el único, entre todos esos hipócritas que quieren salvar al país, el absolutamente único que puede rematar la última pulgada de tierra argentina… Incluso me propongo vender el Congreso e instalar un conventillo, o casa de departamentos en el Palacio de Justicia, porque si yo ando en libertad, es que no hay justicia, señores…? Con este discurso, lo matan o lo eligen Presidente de la República. . (Este texto de Roberto Arlt, fue publicado por el diario El Mundo en octubre de 1930)

Nota: El texto de Roberto Arlt es propiedad de sus herederos y no tiene licencia GNU-FDL.

El asombroso hombre papaya

Sunday, March 7th, 2004

Contribución de anónimo
Esta es la historia de los últimos tres días de la vida del hombre papaya, tal y como yo los vi, y de su transformación, como él me la contó.

Cuando me encontré con él por primera vez, el color de su piel ya tenía un tono entre amarillo de cobre y rojizo. En algunos sitios. En otros verdoso, casi azulado que podía confundirse con la marca de algún golpe. Pero fue su olor entre dulce y ácido, a fruta madura, lo que más poderosamente me atrajo hacia él.
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Una bochornosa tarde de julio, en las que el mero respirar es agotador, Luis-.este fue su nombre- se dio cuenta. Dejaba pasar las horas mirando inmóvil al ventilador desde la cama, en medio de pensamientos vagos, cuando una idea clara le vino a la cabeza. Era evidente que se estaba convirtiendo en papaya.

Inútil negarlo por más tiempo. Sabia desde unas semanas atrás que alguna transformación estaba teniendo lugar. Había signos orgánicos claros de la mutación, pero se había obstinado en interpretarlos como síntomas de un malestar pasajero, una mala alimentación o el efecto del calor insoportable, sin una nube, sin una brisa, que lo envolvía todo.

Según me dijo, en el instante mismo de darse cuenta sintió miedo, intuyendo su cercano y fatal destino. El sudor producido por el miedo desprende un olor ácido, se nota en las cárceles y en los soldados que vuelven de una batalla. En el trópico solo los muertos no traspiran, sólo los muertos nunca tienen miedo. Oler el miedo, oler la vida. Lo que nos dice nuestro olfato nos llega mucho más adentro que nuestra vista.

Sintió que al olor de su propio miedo, lo acompañaba un gran alivio. Abandonaba la indeterminación que le rodeaba desde no sabía muy bien cuando y tenía por fin una conciencia clara (y terrible) de si. Era algo magnífico y brutal, con todos los nuevos poderes papayáceos (¿ninguno?) las cosas estaban más cercanas, el tiempo pasaba de una manera distinta. La vida se hizo de repente intensa hasta el dolor. Se sentía tan cercano a la línea del horizonte, que tenía que caminar inclinado entre el mar y el cielo para no golpearse la cabeza.
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Luis nunca supo si reparar en la transformación la aceleró, o viceversa, pero el caso es que dos horas después caminaba solo por el malecón, con la cabeza gacha, concentrado en notar el ahogado crujido de sus huesos ahora cartilaginosos al desgajarse de su carne a cada paso. Más que carne, el la sabia ya pulpa anaranjada y fibrosa.

La noche cayó, y sus ojos se volvieron hacia fuera. La selva reventaba el asfalto en cada grieta a su alrededor como la fruta lo hacia con su cuerpo. Todo eran olores intensos a su alrededor. Se sintió bien, mejor que nunca, con una clarividencia casi profética y decidió que era el momento de predicar la verdad.

Dos cuadras más y llegó donde Lolo. Amigos y conocidos bebían caña, hablaban y olían terriblemente a sudor. Luis sudaba ahora otra vez. Dio la vuelta para salir con una mueca de desagrado en el rostro, cuando alguien le dio una palmada en la espalda, que sonó como el golpe de una sandia madura al caer al suelo. Antes de que pudiera decir una palabra de protesta su amigo le había puesto una botella de Legendario en la mano.
-Hay que festejar, hermano, hay que festejar-
-No?yo no?- pero el inoportuno ya se había dado la vuelta y un tercero lo estaba felicitando por algo.

Sin decir palabra, Luis bebió un trago de ron que le quemó la garganta y le dio ganas de llorar. Así que bebió otro y aun un tercero. Alguien arrebató la botella de su mano y entonces, llevado por la costumbre se volvió buscando la cara de Lolo para pedirle un vaso de aguardiente de caña.

Unos momentos después quiso acercarse de nuevo a su amigo, explicarle que se estaba convirtiendo en papaya y que le quedaba poco tiempo, que no podía quedarse allí. No entendió. Rió como si fuera una broma y volvió a poner una botella en su mano.

Luego empezó la riña. Nunca llegó a saber quien empezó los golpes ni porqué, las topadas que le llegaron no le dolieron. Si le dolió estar encerrado las siguientes 24 horas en el puesto de la policía. Notaba la acelerada maduración de su cuerpo en el banco de obra que esa noche le hizo de lecho. Algunos de los otros aun andaban tomados, cantaban y reían, otros protestaban y uno de los guardas tuvo que entrar dos veces, dando golpes ?paradojicamente- para evitar otra pelea. Luis no abrió lo boca, dudaba incluso de tener aun la capacidad de hablar.
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Yo estaba embarazada y sola. Aquella madrugada no había dejado de vomitar, y cuando la salida del sol me serenó salí a pasear para que las paredes encaladas no me cayeran encima. Él estaba sentado debajo de una palmera, con las piernas formando un rombo como suelen hacer los niños que delimitan su mundo con las rodillas, jugando a ser el dios de una hormiga en un palito o una pequeña carretera.

Su aspecto era el de un borracho desaliñado y sucio, pero cuando pase a su lado levantó la cabeza cruzándome con dos ojos brillantes y despiertos donde esperaba ver el velo turbio del alcohol.

No recuerdo de que hablamos cuando lo vi bajo la palmera, sin embargo sus palabras eran trasparentes como el mismo cielo que las enmarcaba. Desprendían una fuerza que solo tiene un niño convencido de que toda la razón del mundo está en sus palabras. Sus lágrimas eran extrañamente turbias viniendo de unos ojos tan transparentes, como las del tallo de una fruta recién arrancada del árbol.

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Esta mañana ya no vomito más, y ahora tengo hambre, estoy sentada al sol con una vieja bata de seda y de repente me asalta el recuerdo de Luis, presente en cada rincón de esta casa mientras corto una fruta.

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Vino a mi casa, su presencia forjaba en las cosas que lo rodeaban una sensación acuosa, como si dejaran de ser ásperas al tacto. El reseco perol de arcilla sin barnizar, mil veces recocido, parecía hundirse ligeramente bajo los dedos, como algo vivo, desde el momento que Luis comió en él.
Los objetos se fundían con su figura como se funde la miel con las manzanas en el horno. Fundirse con todo como se fundió conmigo.

Dar esos pequeños mordiscos que da el amante en la carne de su pareja. Marcar su piel con los dientes.
Deshacerme de saliva sobre él y sentir como me llena su carne tibia.

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Ese olor. Otra vez el olor. La fragancia ácida que desprende la mondadura de una fruta que ha quedado sobre la mesa toda la noche. Como si también hubiera sentido el miedo al final que adereza ese sabor dulce desecho en mi boca.

Una vida viene y otra se va. Poco tiempo después nació mi hijo. Tiene una marca en su cuello, como una papaya, y sobre todo, ese olor.

¿Quién es el culpable del número de muertos en la carretera?

Sunday, March 7th, 2004

Contribución de Jeremías
España registra al año menos accidentes de tráfico que el resto de Europa, pero casi duplica la media de fallecidos. La responsabilidad de esta tasa tan alta de siniestralidad siempre se le ha imputado a los conductores, alegando que la principal causa de los accidentes es el exceso de velocidad.

Las estadísticas han demostrado que la principal causa de los accidentes de tráfico es la falta de atención al volante, encontrándose entre la quinta o sexta causa la velocidad inadecuada, subrayando el adjetivo “inadecuada”, no “excesiva”.

Un estudio reciente hace que rompamos una lanza en favor de los conductores, el estudio demuestra que el número de fallecidos en España en accidentes de tráfico se reduciría un 50% si se implantará en todo el país, un sistema de emergencias médicas inteligente, similar al Samur de Madrid ó al 061 de Barcelona. En países como Alemania, que lo implanto en los setenta, la mortalidad se redujo un 60%. Las claves de este estudio son las siguientes:

  • El 66% de los fallecimientos en accidente se produce en los primeros minutos, una atención de emergencia correcta reduce un 11% las muertes y un 12% las discapacidades.
  • Hay que establecer un tiempo mínimo de asistencia a los heridos.
  • Medios suficientes, un “concepto Samur” en toda España es posible, puesto que existen los medios suficientes y sólo sería necesaria una buena coordinación de todos ellos, así como la adopción de medidas como un teléfono único al que llamar en caso de accidente.
  • La probabilidad de morir en la carretera es casi el doble en España, donde fallece una persona por cada 18 siniestros, mientras que la media europea es de 1 por cada 31 accidentes.
  • Menos accidentes más muertos, en España hay menos accidentes de tráfico, pero con mayor mortalidad. En nuestro país, pierden la vida el 3,5% de las personas que tienen un accidente, en Europa el 2,2%. Sin embargo, en España ocurren 250 accidentes por cada 100.000 habitantes, frente a los 456 de Alemania y los 402 de Reino Unido.
  • Fallecidos por Km, por cada 1.000 millones de km que se recorren en España mueren 28 personas, 15 más que la media europea.

El estudio es de Pyramid Consulting, pero no dispongo de la URL para incluirla.

Creo que tanto si hay carnét de puntos como sino hay que buscar más medidas.

Y por supuesto, aunque sea un tema paralelo, me gustaría comentar la necesidad de que se elimine la obligatoriedad de ir al auto-escuela-latrocinio para obtener el permiso de circulación. Es el enésimo abuso de la administración que debería ayudarnos, no avasallarnos.

Nota: Actualización: En el instituto nacional de estadística podemos encontrar bastantes datos y algunos estudios al respecto. Además en la universidad de canarias realizaron un estudio relacionando accidentes con inversiones en carreteras (.pdf).

El dilema

Sunday, March 7th, 2004

Hace tiempo que tengo un dilema y quisiera que me ayudaseis a despejarlo.
Supongamos que mi amigo Hormiga y mi amigo Cigarra caen en medio del desierto. Tienen algo de comida y de agua pero no saben cuantos días necesitarán caminar para salir del desierto, aunque tienen una brújula que ya la quisiera el coche fantástico (suena muy real, ¿eh?).

Deciden repartir en dos mitades iguales los víveres. Hormiga se raciona estrictamente su comida y su agua, de modo que siempre tiene un poco de sed y de hambre. Cigarra ignora los consejos que le da Hormiga de racionarse e intenta no pasar penurias. Así que el cuarto día Cigarra se queda sin comida, mientras que Hormiga aun tiene la mitad de sus viandas. El quinto día sucede lo que estábamos esperando, Cigarra le dice a hormiga ‘o me das de beber o me muero’.
Hormiga piensa que entre otras cosas pueden pasar dos que le preocupan bastante:
- que no comparta sus víveres, Cigarra se muera y al día siguiente lleguen a la civilización y Hormiga descubra que de haber compartido estarían los dos vivos.
- que comparta sus víveres, dos días después se queden sin ellos, que otros dos días después el propio Hormiga que ha comido y bebido menos se muera y sobreviva Cigarra.

Atención, todos estaremos de acuerdo en que mi amigo Hormiga es una gran persona si comparte sus víveres, pero no os voy a preguntar si vosotros lo haríais.
Hormiga será el que tenga que vivir con su conciencia (si sobrevive), porque ha decidido NO compartir sus víveres.
Y aquí viene la pregunta: Hormiga ya ha tomado su decisión y no ha demostrado ser un santo pero… ¿creéis que es una mala persona? ¿pensáis que está mal lo que ha decidido? ¿o no se le puede reprochar nada (aunque no sea el mejor amigo)?
Espero vuestros comentarios y a cambio la semana que viene os contaré un caso real de mis amigos Hormiga y Cigarra.

Hay motivo

Sunday, March 7th, 2004

Contribución de Ana
El pasado día cinco de Marzo se presentó en el madrileño Círculo de Bellas Artes el resultado del proyecto cinematográfico “Hay motivo”.
“Tal vez una de las perversiones de la democracia como sistema es la acomodación y la delegación de las soluciones en los representantes legales.”
(…) Además de plantear un interesante debate: ¿hasta qué punto los creadores artísticos deben comprometerse socialmente? y ¿hasta dónde llega ese compromiso?

El proyecto ?Hay motivo? fue presentado por primera vez el febrero pasado por gentes del mundo del cine, la literatura y la música. Este proyecto pretendía que cada uno de los integrantes presentará tres minutos de metraje tratando de manera crítica distintos temas de la actualidad española.
Entre otros Pere Joan Ventura tratará el desastre natural que provocó el hundimiento del “Prestige?; Julio Medem utilizará material filmado para “La pelota vasca” en sus tres minutos; el Gran Wyoming abordará el caso del periodista José Couso, “asesinado en la guerra de Irak”; otros como David Trueba hablarán del Código Penal; Icíar Bollaín tratará “la maternidad y el trabajo”; José Luis García Sánchez examinará “los cursos rápidos de español para inmigrantes”; José Luis Cuerda unirá en los tres minutos imágenes reales “de todo lo visto y oído durante años y que no me he creído”. Otros participantes son Manuel Gómez Pereira, Montxo Armendáriz, Isabel Coixet…

Imanol Uribe fue el encargado de leer el comunicado en nombre del colectivo. “Se trata de hacer balance de los últimos años. Porque creemos que tenemos mucho que decir, no sólo en las urnas, sino también en distintos movimientos cívicos. Entendemos que la información que recibimos es cada día menos plural. Estamos vivos y no somos indiferentes a los acontecimientos que nos rodean”
El proyecto ha sido costeado por los propios integrantes, así como técnicos y actores y pretende ser emitido en televisiones de forma gratuita durante la campaña electoral. De momento sólo se podrá ver en determinados canales autonómicos, proyecciones públicas (como la que organizará la plataforma “No Nos Resignamos” en Madrid) y en la página web www.haymotivo.es a partir del próximo lunes 8.

Desde la intervención española en la Guerra de Irak y la actitud anti-belicista general del mundo del cine, se han ido produciendo manifestaciones contrarias a las actuaciones del gobierno desde este sector de la cultura española. Podemos recordar el reciente enfrentamiento y las duras palabras que se intercambiaron a propósito de la nominación de ?La pelota vasca? a los premios de la academia española. Los cineastas y actores criticaron una creciente manipulación informativa y presiones estatales que minan la libertad de expresión y la pluralidad de criterios. El proyecto ?Hay motivos? parece responder a esta postura; como señaló el Gran Wyoming ?Son cosas que están pendientes y, como vivimos en una democracia, expresamos libremente lo que pensamos. Los partidos políticos tienen que interpretar lo que sienten los ciudadanos y lo mejor es darles una lista de cosas pendientes. Lo hacemos porque hay motivo, porque pensamos que estas cosas que van a salir en nuestro largo, no aparecen en las campañas electorales”
Este moviento del sector cinematográfico es especialmente estimulante en una sociedad como la española que atraviesa un momento de aletargamiento generalizado. Además de plantear un interesante debate: ¿hasta qué punto los creadores artísticos deben comprometerse socialmente? y ¿hasta dónde llega ese compromiso?

Desde que a finales del siglo XIX el artista comenzó a independizarse de su mecenas para crear con plena libertad, la creación artística se ha concebido en innumerables ocasiones como movimiento de vanguardia, es decir, movimiento adelantado, propulsor de cambios, no solo estéticos también sociales.
Desde mi punto de vista uno de los ?deberes? del arte es el diálogo con el mundo que le rodea.

La imagen es un potentísimo medio de comunicación, esto no es algo novedoso, el cristianismo lo comprendió desde sus principios.
La imagen nos golpea antes de poder procesarla, y deja un poso en nosotros que podemos reelaborar permitiendonos crecer interiormente. Este poder crea un compromiso del arte con la sociedad.
En la actualidad creo que cine y fotografía mantienen su compromiso. Películas como Dogville nos ofrecen esa capacidad de los genios para comunicar sin adoctrinar. Con mayor o menor fortuna encontramos directores que mantienen una postura comprometida política o de denuncia social.
Pero… ¿y las artes tradicionales? Se percibe una ruptura entre la sociedad y los artistas, ya no están en la vanguardia, la mayoría parece habitar en un limbo particular dedicándose al onanismo creativo. ¿Cuál es el motivo de este elitismo?
¿Donde están los creadores a los que preocupa el mundo que les rodea? ¿Dependen tanto de las instituciones y del mercado que carecen de entidad?
En muchos casos parece que ya solo le queda el burdo escándalo y las teorías psicodélicas para comunicarse.

Cuando surgieron los diferentes movimientos de vanguardia a principios de siglo muchos quedaron escandalizados ante sus creaciones, otros quedaron tocados por siempre y descubrieron nuevos caminos. Muy pocas cosas nos conmueven o escandalizan en estos momentos, no sabemos del artista plástico comprometido con su realidad ¿no tiene medios para llegar a nuestros oídos? ¿o se ha perdido en la autoalabanza?

Nota: Más información sobre “Hay motivo” en su página.

¿Una historia más?

Sunday, March 7th, 2004

Contribución de Feo
Ocurre a veces que, estando sumido en la más negra de las depresiones, allí donde ni el alcohol, la marihuana o el opio pueden rescatarte, ocurre que, cuando ya lo das todo por perdido, Alguien ahí fuera, llámalo Dios, Diablo o Destino, responde a tus oraciones y te concede, no lo que deseas, sino lo que necesitas.

Yo siempre he sido un escéptico y un cínico, pero ahora sé por propia experiencia que la realidad, lo que nos rodea, es algo dúctil y maleable, susceptible de tomar la forma que nosotros deseemos.
Recuerdo muy bien aquella tarde en que la vi por vez primera. Para aquellos que hayan visto la trilogía de Kevin Smith deciros que se parecía muchísimo a Edwin (Miranda Otto) y para los que hayan visto Los Inmortales, deciros que se parecía mucho a Heather, la primera mujer de MacLeod. En realidad se parecía muchísimo a ambas mujeres: rubia, amplia sonrisa, ojos brillantes.
En fin, la primera vez que la vi estaba yo en casa de un amigo mío estudiante de informática. Habíamos quedado en que me pasaría por allí para arreglar un problema relacionado con una red local, así que allí estaba yo, con mi portátil medio destripado, los cables de red desenrollados por toda la habitación formando una telaraña que, como todo el mundo que ha trabajado con cables y cuerdas sabe, está viva, cuando apareció Ella, acompañando a la hermana de mi amigo.
Mi cara perdió toda expresión, ya que mis ojos se la habían robado. La hermana de mi amigo, uno o dos años menor que nosotros, entró en la habitación buscando algo, con el consecuente cabreo de su hermano, mientras Ella permanecía apoyada en el resquicio de la puerta.
Mi portátil, la red local, la pareja de hermanos, el Hambre en el mundo, la depresión que me azotaba?. todo, absolutamente todo, dejó de tener significado para mí. Todo salvo dos cosas: la belleza de su sonrisa y la expresión divertida de sus ojos mientras se fijaban en los míos. En toda mi vida había visto nada tan bello, tan hermoso.
Los segundos pasaban uno detrás de otro sin que tuvieran algún sentido para mí.
A pesar de que la sangre había abandonado mi rostro (un espejo colocado al lado de la puerta así me lo confirmaba), sentí como la temperatura de mi piel había aumentado varios grados.
Sin embargo, lo que más me sorprendió, y siguió sorprendiendo el resto de las veces que nos encontramos, fue lo siguiente: como digno representante de la especie masculina siempre he sometido a un riguroso escrutinio a mis homónimas femeninas, desde las glándulas mamarias hasta allí donde la espalda pierde su casto nombre. Sin embargo, mis ojos no podían desviarse de su cara. No conseguía bajar mi mirada más allá de los hombros.
Tres minutos después, en los que casi me olvidé de parpadear, tanto Ella como la hermana de mi amigo salieron del cuarto.
Mi mente, progresivamente y tras un arduo esfuerzo de voluntad, volvió a la red local, al portátil y a la depresión que por aquel entonces ahogaba mi ser.
El problema se solucionó y yo volví a la rutina cotidiana.
Tres meses más tarde, cuando ya había abandonado toda esperanza de volver a verla (a pesar de que todas las semanas volvía a casa de mi amigo con cualquier excusa), Ella entró de nuevo en mi vida.
Aquella noche en concreto me había ido de juerga con mis primos aprovechando que a los tres nos habían dado vacaciones el mismo mes. Así pues, tras ponernos en contacto tras varias semanas, aprovechamos y nos fuimos a cenar a un restaurante japonés y luego a una zona de pubs bastante popular. Hacia las dos de la madrugada, más borrachos que serenos, decidimos entrar en una discoteca a continuar la juerga. Cosa rara, puesto que a los tres nos gustan más los sitios tranquilos, pero más raro aún era que nos reuniéramos debido a nuestros particulares horarios.
Como tantos otros, yo suelo bailar bien sólo cuando voy con dos copas de más y aquella noche, por lo que se ve, yo llevaba por lo menos cuatro.
Así que allí estaba yo, bailando sólo mientras esperaba a mis primos, que se habían acercado a la barra a por otra ronda, girando sobre mí mismo con los ojos cerrados cuando, al abrirlos, la vislumbre de nuevo, tres meses después de aquella maravillosa primera vez.
Llevaba puesto un vestido negro que le llegaba hasta un par de centímetros por encima de las rodillas, adornado por un grupo de lentejuelas que bordeaban el escote. No me fijé en si llevaba zapatos de tacón, pero imaginé que sí. Rodeando el cuello llevaba una cinta de tela negra que, en mi embriaguez, me hizo recordar un alzacuellos tal que estuviera de luto.
Estaba rodeada de amigas suyas, cinco o seis; ni lo sé ni me importó.
Sólo tenía ojos para ella.
Nuestras miradas se cruzaron y ella sonrió, reconociéndome. Yo, por mi parte, hice lo propio: perdí la concentración y caí al suelo cual largo era,
En mi cabeza aún resonaba mi voz llamándome estúpido cuando me percaté de que la mano que me tendían para ayudarme a recuperar la posición vertical era la de Ella.
Y una vez más sucedió algo maravilloso.
Muchos tíos, cuando se van de juerga, lo hacen con el único objetivo de conseguir alguna mujer con la que darse el lote, yo, por mi parte, cuando me voy de juerga, lo hago con el único objetivo de pasarlo bien con mis amigos y punto. Personalmente, no me gustan los líos de una noche y, de echarle los trastos a una mujer, siempre prefiero que sea alguna a la que conozca y tenga confianza. Quizá por eso mi vida amorosa ha sido parca en cuantía pero extensa en intensidad.
Pues bien, Ella me sorprendió tomando la iniciativa. Tras preguntarme si estaba bien y si me había hecho daño, me dijo que me había reconocido como el amigo del hermano de su amiga. Huelga decir lo mucho que me agradó tal reconocimiento.
Después, tras preguntarme como me llamaba, se presentó.
Me llamo Alicia, gritó Ella, pues el volumen de la música era, como en todas las discotecas, bastante alto.
Tras esas tres palabras supe que no me contentaría con los dos besos que me dio en las mejillas pero, intimidado por mi timidez, me limité a devolvérselos.
Inexplicablemente, empezó a sonar ?Y nos Dieron Las Diez? de Joaquín Sabina, y ella me preguntó si agarrado se me daba tan bien el baile.
Podemos comprobarlo, sugerí, y al instante una de mis manos estaba en su cintura, mientras la otra cogía una de las suyas. Inconscientemente empecé a tararear la letra y, apoyando su mejilla en la mía, me imitó.
Tras Sabina sonaron Los Rodríguez (Sin Documentos), Maná (Vivir sin aire), Gloria Steffan (Quiero mi Cuba libre), U2 (WITh or without you), Shakira (Quiero que me quedes tú), Mago de Oz (Molinos de Viento), Ska-P (Cannabis), Celtas Cortos (20 de Abril), Extremoduro (Jesucristo García), y un largo etcétera.
Mis primos habían desaparecido, pero por lo que a mí respectaba bien podían haberse ido a casa a dormir la mona.
Las horas pasaban rápidas, como minutos enloquecidos tras una buena dosis de cocaína, y yo me sentía en el Paraíso poco antes de lo del lío con la manzana.
Más de una vez estuve a punto de besarla, pero algo me lo impidió, haciendo que me odiara por mi cobardía.
Finalmente, las luces de la discoteca se encendieron, cegándome momentáneamente, acostumbrado como estaba a la penumbra anteriormente reinante.
Las amigas de Ella (pues para mí Alicia siempre fue y será Ella) aparecieron, rompiendo el mágico hechizo que había durado hasta aquel momento.
Implacables como la Muerte, se la llevaron lejos de mí, dándonos tiempo a una fugaz despedida.
Hasta la próxima, dijo Ella, y algo dentro de mí se rompió mientras se marchaba. No obstante, otro algo dentro de mí me llenó de dicha, pues vi tristeza en sus ojos mientras se alejaba, y eso significaba que la próxima vez sería aún más especial. Aunque en aquel momento no podía imaginar cómo sería aquello posible,
Tardé un año en volver a verla y, como en las dos ocasiones anteriores, el encuentro fue igual de grato y aún más inesperado.
Corría el mes de Noviembre y, harto de todo, había conseguido un trabajo de mantenimiento en un hotel de montaña situado en una zona famosa por sus pistas de esquí.
En el transcurso de los seis meses posteriores había empleado mis noches en buscarla.
Erraba por las zonas de fiesta como un vagabundo, buscándola en todos los pubs, en todas las discotecas, añorando el contacto de su mejilla sobre la mía.
Desesperado hasta la médula decidí hacer como ciertos artistas famosos: rompí con todo y todos, y me largué.
Pero bueno, a lo que íbamos.
En el hotel, aunque oficialmente se me había contratado como electricista, puesto que también tenía nociones de fontanería, si había alguna urgencia de poco calibre en dicha materia, se me avisaba a mí, y si yo no podía, o no quería repararla, se avisaba al fontanero correspondiente.
Así pues, una noche, estando en el turno de guardia, recibí una llamada de la gerencia.
Al parecer, en la habitación 613, a una clienta se le había escurrido un anillo mientras lavaba una blusa. Puesto que el anillo tenía mucho valor sentimental y ella abandonaba el hotel a primera hora de la mañana, había avisado para ver si aquella misma noche podía solucionarse el problema.
Por lo visto, ella estaba muy apurada, tanto por haber ?perdido? el anillo, como por el hecho de molestar a tales horas de la madrugada.
Cansinamente me dirigí hacia el ascensor y pulsé el botón que me conduciría hasta la sexta planta.
Emití un pequeño suspiro y llamé suavemente a la puerta con los nudillos. Desde donde estaba oí los pasaos de la mujer mientras se dirigía a la puerta. Tras un ruido de cerrojos descorriéndose ésta se abrió.
El corazón casi se me paró en el pecho. Ella me miró de arriba abajo y, un segundo después de esbozar su espléndida y maravillosa sonrisa, lo activó de nuevo. El beso duró quince segundos y duró desde la puerta, que cerré yo con el talón, hasta el dormitorio.
Me separé un segundo de ella (TODO un segundo) para quitarme el suéter de lana que llevaba puesto, y ella me abrió de un tirón la camisa, esparciendo los botones por todo el suelo de la habitación.
Acto seguido, empezó a besarme en el cuello, el pecho, el ombligo.
Le cogí la cara con ambas manos y, alzándola lentamente, volví a besarla una y otra vez. Nuestras lenguas recuperaban un año de distancia.
Nos desnudamos el uno al otro y nuestros cuerpos se unieron empujados por nuestro mutuo deseo. Cuando por fin alcancé el orgasmo constaté que habían lágrimas de felicidad en sus ojos, y no me sorprendí cuando ella secó las mías con sus labios.
Al recuperar el aliento nos quedamos tumbados el uno junto al otro, besándonos cada poco tiempo.
Pasado un rato, recogí mi móvil de un bolsillo de los pantalones y llamé a gerencia. Con una sonrisa en los labios dije a mi compañero que me encontraba mal, que no me pasara ninguna llamada.
Ignorando la sonrisa que se adivinaba en el compañero de gerencia, colgué y deje el móvil en la mesita de noche. Puesto que me debía algún que otro favor en los seis meses que llevaba allí, no dudé en desconectarlo.
Ella pasó un brazo por debajo de mi nuca y empezó a acariciarme los pelos del pecho, jugueteando con ellos.
Las horas pasaron y algunas de ellas las aprovechamos, incluso, para hablar.
Todavía recuerdo aquella noche como la mejor que he pasado en toda mi vida.
Con el alba, Ella me contó que se iba del hotel a las ocho de la mañana.
Ojalá pudieras venir conmigo, expresó su deseo en voz alta. Deseo concedido, respondí inmediatamente. ¿Y tu trabajo?, preguntó preocupada. Es sólo un trabajo, aclaré. Tú eres la mujer de mis sueños, afirmé.
Ella me besó, complacida, y yo abandoné la cama para comenzar a vestirme.
¿Qué haces?, quiso saber. En media hora vuelvo. Voy a recoger mis cosas.
Ni hablar, me contestó, y procedió a imitarme. Ni sueñes que voy a dejarte escapar. Voy contigo.
Y esta vez fue a mí a quien le tocó sonreír.
Juntos abandonamos el hotel y el anillo atascado en la tubería, y juntos estuvimos mucho tiempo.
Nos casamos, pero no tuvimos hijos. Discutimos, pero nunca nos separamos.
Excepto?. siempre hay un excepto.
Hace diez años ella murió y, aunque siempre la llevo en mi corazón, cada día me siento un poco más solo.
Sobrellevé como pude su pérdida, su ausencia, pero una vez más, la depresión hunde sus garras en mi alma.
Y es que, cincuenta años después de soñar con ella la primera vez, diez años de más tarde de soñar con ella, de soñar su muerte, por última vez, siento que el fin se acerca.
Como dijo un chico momentos antes de caer al Abismo: Hay otros mundos aparte de este.
Yo he sido feliz en ése al que vamos cuando cerramos os ojos, vencidos por el cansancio, con Ella, La Mujer De Mis Sueños.
El brazo izquierdo me duele, me duele mucho, pero pasa pronto. Después, mis ojos comienzan a nublarse.
Mientras me hundo en la negrura llego a distinguir dos figuras, y sonrío.
Una de ellas es todo huesos. Sonríe, quizás porque no tiene más remedio. La otra figura es ella, la Mujer De Mis Sueños, con una sonrisa que rivaliza con la de la Parca.
Me levanto, dejando atrás mi viejo cuerpo. Miro mis manos, que vuelven a ser fuertes, libres de la artritis. Paso una de ellas por la cabeza y la noto llena de pelo, a diferencia de ese calvo con la coronilla llena de canas.
La Muerte mira a Alicia y ella le devuelve la mirada. Después ambas asienten y la primera desaparece, dejándome a solas con mi amada, que corre hacia mí y se funde conmigo en un abrazo.
Te he echado de menos, musito débilmente. Lo sé, me responde Ella.
Y sin mirar atrás nos alejamos abandonando mi cuerpo muerto y decrépito. La eternidad se extiende ante nosotros y, Ella, sonriendo con su amplia sonrisa, me dice: Ya siempre estaremos juntos.
Y yo asiento, pues sé que esta vez no habrá vigilia que nos aleje.

Una estrella como un diamante

Sunday, March 7th, 2004

Contribución de Luis Miguel
Según una noticia de la NASA, el telescopio situado en órbita Hubble ha descubierto una estrella enana marrón (casi tirando a negra) situada a unos 50 años luz de la Tierra.

Sin duda ha debido ser originalmente una estrella más masiva que el Sol, y que con el transcurso de los eones (eón: mil millones de años) ha ido convirtiéndose en lo que es: Un astro supercondensado, casi todo él sólido, ya degenerado en átomos de carbono en su forma más condensada: sistema rómbico de carbono, es decir, diamante.

Como es sabido, las estrellas, en su combustión, pasan por etapas de comprensión y expansión en las que los átomos van pasando de hidrógeno a helio, de éste a litio, de éste al siguiente elemento químico periódico, hasta que llega al carbono, elemento máximo al que puede llegar una estrella.

Los valores sin precio - Las palabras de Eduardo Galeano

Sunday, March 7th, 2004

Contribución de Ana
Los valores sin precio - Palabras de Eduardo Galeano pronunciadas en el III Foro Social Mundial, Porto Alegre, el domingo 26 de enero de 2003

En estos días están ocurriendo, en muchos países a la vez, numerosas manifestaciones populares contra la vocación guerrera de los amos del planeta. En las calles de muchas ciudades, esas manifestaciones dan testimonio de otro mundo posible. El mundo tal cual es transpira violencia por todos los poros y está sometido a una cultura militar que enseña a matar y a mentir.

David Grossman, que fue teniente coronel del ejército de los Estados Unidos y está especializado en pedagogía militar, ha demostrado que el hombre no está naturalmente inclinado a la violencia. Contra lo que se supone, no es nada fácil enseñar a matar al prójimo. La educación para la violencia, que brutaliza al soldado, exige un intenso y prolongado adiestramiento. Según Grossman, ese adiestramiento comienza, en los cuarteles, a los dieciocho años de edad. Fuera de los cuarteles, comienza a los dieciocho meses de edad. Desde muy temprano, la televisión dicta esos cursos a domicilio.

Su compatriota, el escritor John Reed, había comprobado, en 1917, que «las guerras crucifican la verdad». Muchos años después, otro compatriota, el presidente Bush Padre, que había desatado la primera guerra contra Irak con el noble propósito de liberar a Kuwait, publicó sus memorias. En ellas confiesa que los Estados Unidos habían bombardeado Irak porque no se podía permitir «que un poder regional hostil tuviera de rehén buena parte del suministro mundial de petróleo». Quizá, quien sabe, alguna vez el presidente Bush Hijo publicará una fe de erratas sobre su propia guerra contra Irak. Donde dice: «Cruzada del Bien contra el Mal», debe leerse: «Petróleo, petróleo y petróleo».

Más de una fe de erratas será necesaria. Por ejemplo, habrá que aclarar que donde dice: «Comunidad internacional», debe leerse: «Jefes guerreros y grandes banqueros». ¿Cuántos son los arcángeles de la paz que nos defienden de los demonios de la guerra? Cinco. Los cinco países que tienen derecho de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Y esos custodios de la paz son, además, los principales fabricantes de armas. En buenas manos estamos.

¿Y cuántos son los dueños de la democracia? Los pueblos votan, pero los banqueros vetan. Una monarquía de triple corona reina sobre el mundo. Cinco países toman las decisiones en el Fondo Monetario Internacional. En el Banco Mundial, mandan siete. En la Organización Mundial de Comercio, todos los países tienen derecho de voto, pero jamás se vota. Estas organizaciones, que gobiernan el mundo, merecen nuestra gratitud: ellas ahogan a nuestros países, pero después nos venden salvavidas de plomo.

En 1995, la American Psychiatric Association publicó un informe sobre la patología criminal. ¿Cuál es, según los expertos, el rasgo más típico de los delincuentes habituales? La inclinación a la mentira. Y uno se pregunta: ¿No es éste el más perfecto identikit del poder universal? ¿Qué debe leerse, por ejemplo, donde dice: «libertad de trabajo»? Debe leerse: derecho de los empresarios a arrojar al tacho de la basura dos siglos de conquistas obreras. Se trabaja el doble a cambio de la mitad: horarios de goma, salarios enanos, despidos libres, y que Dios se ocupe de los accidentes, las enfermedades y la vejez. Las principales empresas multinacionales, Wal-Mart y McDonald?s, prohíben expresamente los sindicatos. Quien se afilia un sindicato pierde su empleo en el acto. En el mundo de hoy, que castiga la honestidad y recompensa la falta de escrúpulos, el trabajo es objeto de desprecio. El poder se disfraza de destino, dice ser eterno, y mucha gente se baja de la esperanza como si fuera un caballo cansado. Por eso la elección de Lula a la presidencia del Brasil va mucho más allá de las fronteras de este país: la victoria de un obrero sindicalista, que encarna la dignidad del trabajo, ayuda a difundir las vitaminas que todos necesitamos contra la peste de la desesperanza.

Para que no se diga que en Porto Alegre nos reunimos los contreras y resentidos de siempre, aclaremos que en algo estamos de acuerdo con los más altos dirigentes del mundo: también nosotros somos enemigos del terrorismo. Estamos contra el terrorismo en todas sus formas. Podríamos proponer a Davos una plataforma común. Y acciones comunes para capturar a los terroristas, que empezarían por la pegatina, en todas las paredes del planeta, de carteles que digan Wanted:

Se busca a los mercaderes de armas, que necesitan la guerra como los fabricantes de abrigos necesitan el frío.

Se busca a la banda internacional que secuestra países y jamás devuelve a sus cautivos, aunque cobra rescates multimillonarios que el lenguaje del hampa llama servicios de deuda.

Se busca a los delincuentes que en escala planetaria roban comida, estrangulan salarios y asesinan empleos.

Se busca a los violadores de la tierra, a los envenenadores del agua y a los ladrones de bosques.

Y también se busca a los fanáticos de la religión del consumo, que han desatado la guerra química contra el aire y el clima de este mundo.

El poder identifica valor y precio. Dime cuánto pagan por ti, y te diré cuánto vales. Pero hay valores que están más allá de cualquier cotización. No hay quien los compre, porque no están en venta. Están fuera del mercado, y por eso han sobrevivido. Porfiadamente vivos, esos valores son la energía que mueve los músculos secretos de la sociedad civil. Provienen de la memoria más antigua y del más antiguo sentido común. Este mundo de ahora, esta civilización del sálvese quien pueda y cada cual a lo suyo, está enferma de amnesia y ha perdido el sentido comunitario, que es el papá del sentido común. En épocas remotas, en lo más temprano de los tiempos, cuando éramos los bichos más vulnerables de la zoología terrestre, cuando no pasábamos de la categoría de almuerzo fácil en la mesa de nuestros vecinos voraces, fuimos capaces de sobrevivir, contra toda evidencia, porque supimos defendernos juntos y porque supimos compartir la comida. Hoy en día, es más que nunca necesario recordar esas viejas lecciones del sentido común.

Defendernos juntos, pongamos por caso, para que no nos roben el agua. El agua, cada vez más escasa, ha sido privatizada en muchos países, y está en manos de las grandes corporaciones multinacionales. (De aquí a poco, si seguimos así, también privatizarán el aire: por no pagarlo, no sabemos valorarlo y no merecemos respirarlo.) Para que el agua siga siendo un derecho, y no un negocio, una pueblada desprivatizó el agua, en la región boliviana de Cochabamba. Las comunidades campesinas marcharon desde los valles y bloquearon la ciudad. Les contestaron a balazos. Pero a la larga, después de mucho pelear, recuperaron el agua, el riego de sus sembradíos, que el gobierno había entregado a una corporación británica.

Esto ocurrió hace un par de años. Defendernos juntos: hablando del agua, otro ejemplo más reciente. El petróleo mueve la sociedad de consumo, como se sabe, y, como también se sabe, tiene malas costumbres. Entre otras manías, se le da por derribar gobiernos, provocar guerras, intoxicar el aire y pudrir el agua. Hace poco, la marea negra, pegajosa y mortal, cubrió la mar y las costas de Galicia y más allá. Un barco petrolero se partió por la mitad y derramó miles y miles de litros de fuel-oil, con la irresponsabilidad y la impunidad que se han vuelto costumbre en estos tiempos en que el mercado manda y el Estado no controla nada. Y entonces, ante un Estado ciego y un gobierno sordo, que no hizo más que encogerse de hombros, los músculos secretos de la sociedad civil desataron su energía: una multitud de voluntarios enfrentó la invasión enemiga a mano limpia, armada de palos y tachos y lo que se pudiera encontrar. Los voluntarios no derramaron lágrimas de cocodrilo ni pronunciaron discursos de teatro. Defendernos juntos y compartir la comida: una tonelada de comida y de ropa llegó recientemente, en tren, al rincón más pobre de la provincia argentina de Tucumán, donde hay niños que mueren de hambre. Y ese envío solidario provenía de los cartoneros, los pobres más pobres de Buenos Aires, que se ganan la vida revolviendo la basura pero son capaces de compartir lo poco, lo casi nada, que tienen.

¿Cuál es la palabra que más se escucha en el mundo, en casi todas las lenguas? La palabra yo. Yo, yo, yo. Sin embargo, un estudioso de las lenguas indígenas, Carlos Lenkersdorf, ha revelado que la palabra más usada por las comunidades mayas, la que está en el centro de sus decires y vivires, es la palabra nosotros. En Chiapas, nosotros se dice tik. Para eso ha nacido y crecido este Foro Social Mundial, en la ciudad de Porto Alegre, modelo universal de la democracia participativa: para decir nosotros. Tik, tik, tik.

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Tomado de:
Página/12, Buenos Aires, miércoles 29 de enero de 2003.
Tomadas para Caín Sigue Vivo de PatriaGrande y reproducidas aquí con permiso de su autor.