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Caín Sigue Vivo » 2004 » April
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Archive for April, 2004

A mayor gloria de Vicente Blasco Ibáñez

Saturday, April 17th, 2004

Contribución de Luis Miguel
Vicente Blasco Ibáñez, ese gran desconocido.

Tal vez a estas alturas de mi vida haya descubierto el secreto de las sopas de ajo, pero si no es así, me ha ocurrido algo parecido con Vicente Blasco Ibáñez.

A lo largo de mi vida he leído muchos libros, siempre envidiando al autor por la facilidad con la que describía sentimientos, situaciones, emociones, deseos o, tan solo, el decorado de los lugares donde transcurría la obra.

Como buen estudiante que he sido (ya sé que está mal el decirlo, pero es así), yo sabía que Vicente Blasco Ibáñez había sido un gran escritor valenciano de finales del siglo XIX y principios del XX; que había escrito sobre temas valencianos, que era republicano y que ciertos libros suyos han estado prohibidos por la Iglesia Católica…

Pero hasta el verano del año 2003, no me había planteado nunca leer sus novelas, ya que allá adentro pensaba que sería demasiado costumbrista local y que, lo mas seguro, elogiaría en demasía a su patria chica, como yo creía recordar en algunas series de televisión que había visto por los años setenta. Su lectura, de entrada, estaba fuera de mis esquemas, ya que yo siempre me he tildado, y he tenido como un honor, eso de considerarme “ciudadano del mundo”. Siempre he sido contrario a todo aquel que alaba en demasía lo suyo…

La “culpa” de ese cambio de planteamiento la tuvo el cine y la televisión.

Me invitaron al pre-estreno de “Arroz y tartana” en un cine de de Valencia. Al estar rodada la película en los lugares que cita Blasco Ibáñez en dicha obra y ser conocidos por mí, tuve la curiosidad de leer la obra después de ver la película, ya que ésta me había gustado.

Ya sé que cuando lees una obra y luego la ves representada, pierde bastante al no poder el cine o teatro traslucir en poco tiempo todo el mundo que es capaz de ser desarrollado en una obra de media o larga extensión. No obstante, lo que yo había hecho era lo contrario, verla primero representada y luego la leí.

Conforme iba leyendo, los personajes y lugares se representaban en mi mente, y tenían rostro y lugar conocidos. La agradable lectura de la novela y su comparación interior con lo que había visto, debió de ser a causa de que, el director de la película, llegó captar (a mi entender) el espíritu y el el mensaje que quiso poner Vicente Blasco Ibáñez. El caso es que la lectura de la obra me subyugó y me la leí en dos sentadas…

Gracias a esta lectura, pude darme cuenta de la importancia, solera, veteranía y genio de este autor. Del gran escritor que había estado oculto a mis sentidos durante tanto tiempo.

Desde entonces a aquí, digamos que en unos seis o siete meses, me he leído casi todas las obras que escribió este insigne autor, tan desconocido para tantas personas, como lo había sido para mí. Doy gracias a aquella película, porque gracias a ella he descubierto a uno de los autores que mas me ha absorbido en mis horas libres. También me ha servido para reafirmarme en que no hay que tener ideas preconcebidas de las cosas o las personas, que para poder criticar, alabar, defender o atacar, primero hay que conocer…

A uno, que le gustaría poder destacar un poco en esto del arte de la escritura, se da cuenta que ante la talla de escritores como él, todo lo mas que puede hacer es sentir envidia y tirar la pluma. Para llegar a su altura hay un trecho muy grande por caminar, hay un genio con el que hay que nacer, hay que saber ver y describir ese pequeño gesto del personaje del momento, encontrar las palabras que expresen tantos matices, tener ese conocimiento de tantas materias que se desarrollan y en los que se mueven los personajes: agricultura, marinería, caza, religión, miseria, política, las grandes fortunas…

Todo aquel que no lo haya leído todavía, que sepa que tiene ante sí un defensor a ultranza de las ideas repúblicanas, y enemigo y batallador de todos aquellos que se sienten maestros de los demás de antemano, y dicen a los demás lo que deben de creer en religión, política, el más allá…, o de los que usando ladinamente sus conocimientos, se aprovechan de la ignorancia de los demás.

Sus palabras todavía no han perdido la fuerza ni el sentido después de los años.

Y en cuanto al supuesto “chauvinismo” que le suponía yo antes de leerlo, precisamente, Vicente Blasco Ibáñez, no deja en buen lugar a nadie que sea injusto, ya sea paisano o foráneo…

¡Gloria y honor al insigne Vicente Blasco Ibáñez!

Aproximación subjetiva a la animadversión que siento hacia la Iglesia

Saturday, April 17th, 2004

Contribución de Jeremías
(…) Así decía el breve pataleo que un día escribí tras saber de alguna “nueva” tropelía cometida o amparada por parte del Iglesia (…) Pero siendo crítico esos tres párrafos no aportan ni reflexión, ni juicio ni razón a los motivos por los que no me agrada la Iglesia y su papel en la sociedad, y tras una sugerencia de CaínSigueVivo me he decido a extenderme un poco (…)

Nota: …léase más allá del texto original antes de opinar ;)

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En el comienzo fue el Verbo(texto original)

Estos entremetidos curas son capaces de enervar al más impasible estoico, con su endiablado apego a la confusión entre Ética, Moral, Derecho, Justicia y Libertad, y sus inmanentes dificultades para divorciar Yo, Tú y Nosotros.

Toda vez que es utópico razonar con ellos, abstraídos, a veces, en propalar una falsa vida dogmática, y otras, las más, en realizar ?de facto” su contraria, sería mejor olvidarse de su vacua, por insustancial, existencia; pero debido a su reiterada obstinación en domeñarnos con sus torcidos credos, y al poseso influjo que ejercen en demasiados aspectos de nuestra teóricamente secular sociedad, hemos de adoptar una postura de contención frente a la maléfica sombra que oscurece nuestra vida [ellos].

Una solución decorosa sería abrasarlos, cual madera vieja sólo válida para dar luz a través de la purificación del fuego, e inútil como sostén o viga de nada ?de dónde me vendrán estos innovadores pensamientos-. Mas asumiendo que el Derecho no permite ciertas prácticas ?sí lo hacen algunas Éticas?, y participando de la lógica distancia entre Derecho y Moral, creo que sería más factible y menos polémico ?por tanto mejor?, aunque no fácil, desamortizar y exiliar a alguna ínsula remota, en la que pudiesen practicar el animismo con las rocas, a todo eclesiástico que no respetase a los no creyentes en burdas teorías sin fundamento racional, basadas en una supuesta Fe, que por desgracia o suerte no todos tenemos, queremos o profesamos.

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Aduciendo Razones

Así decía el breve pataleo que un día escribí tras saber de alguna ?nueva? tropelía cometida o amparada por parte del Iglesia. En concreto creo que fueron unas declaraciones formales en las que explicaban la violencia de género ?maltrato a la mujer, principalmente? por la revolución de los sexos. Si bien estoy de acuerdo en que una de las causas que radican en el aumento de este tipo de violencia es la ?liberación de la mujer? o su integración plena en la sociedad, no me parece un argumento justificativo, porque: 1. moralmente no respeta el principio de igualdad entre seres humanos, el cual además de ser cosa de sentido común, está avalado por la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) y la Declaración sobre la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer (1967); 2. éticamente no hay ningún argumento racional que defienda el valor en el que la Iglesia apoya su justificación: la superioridad del hombre frente a la mujer. Ésta postura es defendida, sino explícitamente, sí implícitamente desde el mundo eclesiástico. Sobre el tema de la Moral y la Ética desde el punto de vista divino volveremos al final; 3. También deberían incluirse como motivos básicos la falta de respeto, educación y entendederas de los agresores, entre otros.

Quede claro que cuando digo curas, o eclesiásticos me refiero principalmente a la Iglesia, que para mi no tiene perdón de Dios, y no a todas esas abnegadas, engañadas y pesarosas personas que trabajan en dicha institución, las cuales pueden llevar por bandera el odio y la ambición o la humildad y amor al prójimo.

Pero siendo crítico esos tres párrafos no aportan ni reflexión, ni juicio ni razón a los motivos por los que no me agrada la Iglesia y su papel en la sociedad, y tras una sugerencia de CaínSigueVivo me he decido a extenderme un poco, en un modesto intento de dar color y fundamento al sentimiento demagógico incluido en mi protesta inicial. No dudo que cualquier argumentación que yo ponga a continuación podrá ser encontrada y mejorada en infinitud de libros escritos por personas más eruditas y entregadas a la labor de mina de tan funesta organización. Por supuesto asimismo habrá libros que refuten mi postura; en el albedrío de cada uno queda buscar los que más le interesen.

Durante la exposición de motivos personales por los que considero nociva la institución de la Iglesia ?si bien no dudo que algunos actos buenos habrá realizado los considero menores pues para mi no hay mayor bien que la libertad de pensamiento que ellos coartan, ni mayor mal que la postura retrógrada, conservadora, involucionista o estática, en el mejor de los casos, que siempre los ha caracterizado? me abstendré de comentar sus actuaciones más terrenales como los supuestos asesinatos, apoyos al terrorismo, mafias y corrupciones de todo tipo y en todo lugar y tiempo, sus maquinaciones económicas y políticas, sus históricos, actuales y firmes apoyos a estados totalitarios, o el que haya sido promotora o justificación de guerras, y un largo etcétera para los cuales no tengo más prueba que una firme Fe en su existencia -seguro estoy de que éstos temas también son tratados por una extensa bibliografía-. Pero como la Fe, a la cual respeto, es una postura individual, que jamás y bajo ningún concepto debe aplicarse fuera del ámbito personal, a riesgo de provocar más problemas que aporte de soluciones a los ya existentes, no haré uso de ella para mis críticas e intentaré argumentar con razones evidentes y cercanas.

Bases de mi Antipatía hacia la Iglesia

El catolicismo, quizá la más falaz de las ramas del cristianismo, por ser la última en formar su cuerpo dogmático ?a excepción del protestantismo, que entre otras diferencias relevantes concede mayor importancia a la Fe individual frente a la representación dominical?, allá por el 451 en el concilio de Calcedonia, donde se afianzó la doctrina que ahora es mantenida acerca de la naturaleza y encarnación de Cristo, y que enfrentó a Nestorianos y Jacobitas (o monofisitas), resultando vencedores éstos últimos, abanderados de Roma y del principio monárquico frente al colegial, en el Gobierno de la Iglesia. A su vez la disputa dio pie a la ruptura final entre la Iglesia de Occidente (Roma) y la de Oriente (Constantinopla) que perdura en la actualidad. El catolicismo, decíamos, es una religión monoteísta, y como todas ellas ?Islam o Judaísmo por poner ejemplos ampliamente difundidos? se conoce en virtud de sus textos, en los cuales aparece la ?palabra de Dios?, sagrada, y conformadora de la vida no sólo interior sino también exterior del practicante.

Toda sociedad inspirada bajo el yugo de textos revelados está caracterizada por numerosos rasgos determinados y relacionados directamente con la enseñanza, la vida y actuaciones del profeta que haya transmitido la Palabra Divina. Se suele llegar a tal grado de complicidad entre la visión del Enviado y las costumbres y valores de la sociedad creada que llega un momento en que la división no es posible, y lo que es peor, no es asumible, deseada o imaginada por la mayor parte los miembros que en ella viven, afirmando éstos que su forma de vida se deriva de una evolución natural, lógica y con basamento racional, y que todo aquello que contradiga sus disposiciones, normas, y valores es irracional, ilógico, antinatural, e incluso nocivo. En los casos extremos apenas un atisbo de intención del enviado con relación a algún discurrir, acontecer o anécdota de su vida sienta cátedra hasta el punto de convertirse en norma y bastión de la más férrea ortodoxia.

Entre los aspectos sociales que se ven afectados por la implementación de una sociedad sobre cimientos religiosos están: las relaciones humanas y relaciones con la divinidad, hábitos alimentarios y de vestir, el arte, la arquitectura, el ocio, las festividades y el calendario, la educación, la justicia, el orden social, las libertades individuales, el reparto de poder, el modo de pensamiento y filosofía, e inclusive la ideología política. Seguramente me dejo varios, con cual podemos decir que afecta a TODO. Además hay dos pruebas empíricas que lo demuestran sin duda posible: 1. realizar una comparación de todos esos factores entre países de igual, parecida y distinta religión y ver como van manifestándose las variaciones en todos los indicadores escogidos de un país a otro; 2. la que yo considero más importante, el hecho real, tangible, de que muchas personas son inconscientes de la propia afectación que sufren las normas morales, las costumbres, y el ordenamiento jurídico, sobre la base de los valores religiosos predominantes, esto es, hasta tal punto llega el calado religioso que invade nuestro pensamiento, nuestras motivaciones, nuestras definiciones de bien y mal, verdad y mentira, deber, obligación, falta y delito, que deja éste de percibirse.

Cuantas veces he oído, si tú no crees es cosa tuya, pero déjalos, ¿qué mal hacen? ¿acaso te obligan a algo?. Y yo me digo ?porque decírselo a un creyente suele tener poco sentido, como ya he comprobado? ¿no debiera ser al revés?. Si tú crees es cosa tuya, pero deja a los demás en paz. Se me puede responder, ¿y acaso te obligan a ir a misa? ¿a creer en Dios? ¿alguien arremete contra ti? Sí, la legislación, en muchos aspectos ?no voy a enumerar para no caer en la especificidad y encorsetamiento de los ejemplos concretos?, derivada aún de unos valores impuestos en los que no creo, ni quiero creer. Y la conciencia social también obliga, los psicólogos pueden dar cuenta de demasiados casos de personas que acuden por sentimientos de culpa, frustraciones, depresiones, infravaloraciones y otras patologías, debido al incumplimiento de deberes que no debieran serlo, o por salirse de la moralidad cristiana ?extendida casi sin límite a gran parte de la sociedad? o simplemente por asumir en demasía la idea de que somos pecadores desde nuestro mismo nacimiento. Aclaro, no acuso a la religión de ser responsable siempre de esas afecciones y sufrimientos sino únicamente en algunos casos, que bien pudieran haberse evitado de no haberse inmiscuido la religión en ámbitos extraños a ella. Para la lógica contestación de que también ha ?curado? de patologías psicológicas y miedos a personas necesitadas planteo la siguiente cuestión ¿es ético dar una droga de la felicidad a todas las personas de modo que pierdan su individualidad y estado consciente ?limpio? a cambio de eliminar todos sus problemas y temores? A mi juicio en el más positivo e hipotético de los casos la religión puede llegar a ser esa droga, que obviamente no respaldo ?al menos su suministro involuntario y sin haber alcanzado una edad en la que se dispone de criterio para elegir si tomarla o no?. También admito que una educación moral sin tergiversación de ningún tipo es imposible de obtener excepto hablando en abstracto, pero de ahí a la contaminación que suele producir la religión va un abismo. Contaminación que se caracteriza por ser revelada, con lo cual se niega todo lo que vaya en su contra, haya enfrente los argumentos que haya. Sigamos, que me voy por las ramas.

Conforme la sociedad va dejando de lado las prácticas religiosas y la liturgia que la acompaña, se va liberando del sentimiento espiritual y puede distinguir mejor entre prácticas personales y comunitarias, que como decíamos suelen estar basadas en valores morales procedentes de los textos religiosos, y que igualmente están defendidas y refrendadas en demasiadas ocasiones por el ordenamiento jurídico, siendo éste uno de los problemas en los que radican mis críticas a la Iglesia. Sin embargo los valores, principalmente los más básicos y amplios, están asentados de tal modo en la conciencia social, la superestructura que vertebra parte de nuestra convivencia, que es complicado que varíen o evolucionen, excepto muy lentamente y ayudado ese progreso por presiones de grupos sociales. Los tabúes, existentes en toda sociedad, suelen estar directamente relacionados con la religión, existiendo esta situación en las tribus africanas o en la extendida cultura occidental. Y por tanto aquí sí podemos decir qué fue antes, si el huevo o la gallina, si el tabú, el miedo escatológico o el Derecho. ¿Hasta que punto se debe considerar legítimo un Derecho Civil o Penal, y una fiscalidad impositiva que tiende a perpetuar ciertos valores considerados morales que no son compartidos por una gran parte de la población y un Estado aconfesional? Tampoco es necesario una gran revolución, pero al menos daría ánimos ver un cambio, por lento que fuera. Un factor que incide directamente en este tema es (digo la cifra de memoria, la leí hace poco, no recuerdo donde) que según datos de la Iglesia el 94% de la población es católica, estamos bautizados y figuramos en su censo. Ellos pueden alegar con estadísticas en la mano que no hacen sino cuidar de su rebaño, literalmente para la Iglesia ?cada bautizado según la verdad de la fe católica es un miembro del “pueblo de vida” enviado por Dios a evangelizar el mundo?.

Pero no por evolucionar hacia una menor práctica religiosa, o lo que es lo mismo, una flexibilización de los requisitos para obtener los beneficios prometidos por el Enviado, se deja de creer en la palabra del Enviado, es decir, no desaparece la Fe en todas las personas que quieren separar su vida religiosa individual de sus obligaciones, y comportamientos públicos, o aquellas otras que desean diferenciar entre los valores que defienden para su persona frente a los de las demás, que elegirán los que prefieran. ¿Por qué?

Esa pregunta es muy complicada de responder, y es de suponer que nadie tenga una única solución, válida en todos los casos. Por mi parte he simplificado el problema para poder seguir adelante, lo he hecho de un modo análogo al que hace el intuicionismo ético para definir lo que es bueno y virtuoso, basarnos en nuestra propia intuición ?que nadie se lleve a error al valorar éste medio, pues no está exento de razón el hacer uso de tan, a priori, simple metodología?. En función de nuestra intuición, de nuestro sentido común, creemos en Dios, o no lo hacemos. Aunque nuestro entorno cultural afecta a nuestras creencias lo suele hacer más bien en la orientación del cómo y no de qué. Si crees en Dios en España posiblemente lo hagas en un Dios antropomorfo, que castiga y recompensa nuestras actuaciones durante la prueba moral que supone nuestra vida terrenal. Estoy seguro de que a más presión de órganos religiosos más número de creyentes, pero también estoy convencido de que por mucha influencia a que se someta la educación y crianza de una persona ésta puede disponer su pensamiento en función de su intuición en sentido contrario, si ésta así lo determina.

Es muy peligroso dejar que el Derecho ?como ocurre claramente en la cultura Islámica, y no tan evidentemente pero sí realmente, en la nuestra o en la Judaica? refuerce o consolide los valores y máximas religiosas.

El Derecho

Hay dos tipos de concepciones del Derecho, la que afirma que existe un Derecho Natural por encima del Derecho Positivo (el realizado por el ser humano), y que además ese Derecho Positivo sólo es válido (justo) sin concuerda con el Derecho Natural y aquél que aboga por los opuestos de tales afirmaciones. Iusnaturalismo frente a Iuspositivismo. En el caso que nos atañe me acojo de aquí en adelante al Iusnaturalismo, puesto que de partida el Iuspositivismo afirma que calificar algo como Derecho es independiente de si es justo o no, únicamente se atiene a su pertenencia a un ordenamiento válido (legal) para aceptar o negar una norma como dentro o fuera del Derecho, y por tanto no viene al caso para considerar si la Iglesia/religión se entromete en el Derecho Positivo a favor de los condicionamientos morales que postula su dogma.

La ley natural sería inmutable y universal, la ley humana sería particular cambiante. En la antigua Grecia se asociaba el Derecho Natural con el Derecho Positivo, el ser humano era un animal, racional, pero muy cercano a la naturaleza, formábamos parte de ella y se respetaba como parte de nosotros mismos. Posteriormente la idea va evolucionado y al llegar a la Edad Media aparece la escolástica medieval que impone por encima del Derecho Natural la Ley Eterna Revelada. Siglos después el Derecho en teoría se seculariza y se separa de los valores refrendados por la Iglesia y sus textos revelados. Pero el daño ya está hecho, la mente social, el espíritu universal está corrompido por los siglos de los siglos. Amen. Los hábitos, costumbres, y pensamientos ?correctos?, han sido grabados, en sentido literal, con sangre y fuego, aparte de con la útil y efectiva constancia y paciencia que fija la cantinela bíblica en el cerebro de decenas de generaciones, muchas de ellas sedientas de arteras y cínicas teorías salvadoras del alma.

La Moral y la Ética

El hombre carece de instintos, o al menos tiene muy pocos; esto es un axioma psicológico ampliamente aceptado ?a pesar de que Freud fue uno de sus principales puntales y ha sido muy criticado por otras partes de su obra?. Por ello, el hombre, debe hacer asiduamente elecciones, y al elegir no hace sino manifestar su libertad. Como animal racional sabe que debe hacer una buena elección, no le vale cualquiera. Sería una locura si en cada dilema hubiéramos de detener nuestra acción y examinar minuciosamente las alternativas para escoger la correcta. Ante tal situación el hombre se ha armado con un código moral, que viene a sustituir los impulsos genéticamente programados de que hacen uso los animales no racionales.

Pero qué debo hacer, qué está bien o qué es correcto son preguntas muy complicadas de contestar. Hay muchas teorías que tratan de poner orden en el caos, no obstante se defienden todo tipo de posturas. Si debemos enfocar el fin o causa final (teleología) o el deber y la corrección (deontología) de una conducta; si el bien es algo universal o particular; si bien es una cualidad de algo o meramente un término descriptivo que informa de nuestras emociones; si el bien se corresponde con una cualidad natural (naturalistas) o un son indefinibles y sólo cognoscibles por intuición (intuicionismo).

Resumiendo, la moral es un hecho social que requiere justificación racional y ahí está la ética que es la reflexión crítica racional sobre la moral. Los códigos morales disponen de sus propias justificaciones, no sólo contienen deberes sino también valores. Pero no toda justificación es racional ?véase justificaciones católicas?, y no todo valor es válido ni universal. Lo que sí puede ser universal es un principio ético racional básico y aplicable en todas las sociedades de todos los tiempos.

Lo que ocurre en el caso que nos atañe, de la moral católica, es que ésta pretende enseñar al hombre como debe comportarse para vivir según Dios. “Si quieres entrar en la vida, observa los mandamientos” [Mt. 19,17]. Pero, ¿y si no crees en Dios? ¿y si crees en Dios, pero no en su Dios? ¿y si crees en su Dios pero no en todos sus valores? Para cumplir con la moral católica ?la única cosa verdaderamente importante es vivir, crecer y perseverar hasta el final en la gracia de Dios, observado los mandamientos y evitando el pecado, sobre todo el pecado mortal, para merecer así la felicidad eterna?. Lo cual si no perteneces a su secta carece por completo de sentido. En caso de aceptar la tesis no demostrada categóricamente pero si expuesta de que la moral católica está traspuesta en nuestro Derecho y en nuestros valores, el problema, la polémica y el malestar interno está servido.

Otra disciplina carente de sentido para personas no católicas sería la Teología Moral que trata el mismo tema que la Ética pero usando la Fe, la Biblia y otros escritos similares como herramientas fundamentales, en lugar de la razón.

Quisiera destacar un aspecto moral importante. Según Piaget hay ?formas inmaduras o infantiles de moralidad, en principio en niños, pero que pueden pervivir en adultos? que no han evolucionado correctamente. La conciencia moral tiene un origen racional intrínseco al sujeto, situación que en muchos casos no llega a desarrollarse, y que puede verse influida por factores como la inteligencia de la persona y factores sociales y emocionales. Según su clasificación evolutiva de la moral hay tres etapas: 2-6 años, 7-11 años y a partir de los doce. La característica principal de la etapa inicial es ?toda forma de obediencia ciega ?que también puede ser colectiva??, descripción que a mi entender encaja perfectamente con la moral católica seguida por gran parte de los católicos, los cuales sin plantearse dudas o reparos aceptan, aunque no acatan en muchos casos, la imposición del conjunto de valores del dogma, doctrina o evangelio. Los que sí se plantean sospechas pueden terminar por aceptarlos para evitar castigos en otras vidas, dejando sus reticencias de lado y asumiendo lo que se conoce como ?apuesta pascaliana?: ?o hay Dios-Creador-Padre o no hay nada? con lo cual apostando por un Dios y cumpliendo sus exigencias tenemos más que ganar que perder.

Existen otras teorías de la evolución de la moral, por ejemplo la de Kohlberg, que basada en Piaget y Dewey, y tras elaborar unas encuestas, determinó tres niveles divididos en seis estadios. De sus conclusiones se puede extraer ?normalmente los niños se encuentran en el primer nivel (premoral), pero sólo el 25% de los adultos llegan al tercer nivel (y únicamente un 5% alcanza el sexto estadio)?. Aclaro que el sexto estadio es la parte final del tercer nivel, equivalente a pensar que ?lo correcto y justo se define por la decisión de la conciencia según principios éticos auto-escogidos?. Para estar en él habría que plantearse ?según mi opinión- todos los valores que nos han enseñado, y tras hacer un examen de ellos escoger o crear los que se amolden a nuestro pensamiento. En el primer nivel y primer estadio se dice ?Se respetan las normas sociales sobre lo que es bueno o malo, atendiendo sólo a sus consecuencias ?premio o castigo? o al poder físico de los que las establecen?. Si eso no es una definición del comportamiento católico (en la actualidad por muchos creyentes no practicantes) que venga DIOS y lo vea.

Mi Problema con la Moral Católica

Finalmente y por no alargarme todavía más quisiera decir que mi frase inicial de ?Ética, Moral, Derecho, Justicia y Libertad, y sus inmanentes dificultades para divorciar Yo, Tú y Nosotros? simplemente se refiere a que para ellos Moral, Ética, Derecho, Justicia y Libertad son términos equivalentes y definidos por la palabra de Dios, expuesta en los Evangelios, que TODOS debemos acatar, porque ellos no diferencian entre Yo, Tú y Nosotros. Su palabra es Ley, su voz totalitaria debe oírse en todos los rincones del mundo, y además de someternos a sus posiciones debemos estarles agradecidos por salvarnos ?véase América Latina, por citar un caso?.

Desde un punto de vista católico una acción moral católica equivale a una acción buena, y una acción inmoral a una mala ?un listado completo de acciones positivas se encuentra en la Biblia, pues todas las parábolas de Jesús, en concreto la de El Buen Samaritano [Lc. 10.30ss] son el camino a seguir?. La moral católica deja claro que no basta con tener Fe para salvarse y aceptar los valores enseñados, es necesario cumplir las normas y seguir el Camino.

Gran parte de sus valores figuran en nuestra sociedad, algunos de ellos, muy a su pesar, son compartidos por gentes de otras religiones o por personas ateas o agnósticas. Digo muy a su pesar porque en defensa del catolicismo se suele aludir a que sus seguidores y representantes terrenales profesan una serie de dignos valores y loables actitudes, como la honestidad, la humildad, la generosidad, la compasión, etcétera, de manera que puede dar la falsa impresión al escuchar su discurso de que una persona no católica no pudiera participar de ellos. Sin embargo otros, por más que han querido imponerlos con amenazas no son aceptados por el grueso de la sociedad, que quiere salvar su alma, pero cómodamente, sin pagar el alto precio exigido ?véase alguno de los mandamientos, ?no consentirás pensamientos ni deseos impuros?, o los pecados capitales, ?gula, orgullo, pereza, ira??.

La moral se ocupa de las acciones humanas, de aquellas ?acciones que el hombre realiza con conciencia y deliberación?, y que por lo tanto implican su libertad y su responsabilidad.

En verdad os digo

Si la moral se ocupa de las acciones humanas, la moral católica debiera ocuparse únicamente de las acciones humanas católicas. Y jamás inmiscuirse en cuestiones sociales, judiciales o políticas ?desde el Vaticano se hacen indicaciones acerca de lo que un buen creyente debe pensar, alabar y poco menos que votar?.

Estoy absolutamente convencido de que la religión es algo contingente, utilizado por unos para dar sentido a su vida y por otros para sobrellevar mejor una existencia temerosa por incierta, en lo que al futuro respecta. No debiera tener mayor trascendencia ni utilidad, pero por desgracia no es así.

A veces me planteo si el género humano no es estúpido, egocéntrico, cobarde e interesado, entre otros muchos adjetivos descalificativos, por permitir que una institución como la Iglesia, que ha hecho lo que ha hecho, y hace lo que hace, siga entre nosotros. No hacen faltas bombas para destruirla, simplemente que la gente despierte.

Cada domingo los Morlok acuden a su juicio semanal. Pecadores de nacimiento necesitan redimirse periódicamente. Y sentirse culpables a diario.

Como Freud afirma en “El malestar de la cultura”: “Tal como se desprende del análisis religioso, la culpa aparece como el elemento inconsciente más relevante; el que moviliza la creación de dioses y demonios, de ritos y plegaria, de sacrificios y oblaciones.”

Liberémonos de culpas. No dejemos que nadie se aproveche de nuestros miedos inconscientes.

http://www.apostasia.tk/

Nota

Para la redacción he usado varias fuentes: libros e Internet, pero principalmente mi propio perolo. He procurado digerir al máximo las lecturas antes de escribir nada, intentando tener una visión general que luego fuese expresada a mi modo y conforme a la intuición que tengo desde que era niño ?la Iglesia no para de entremeterse en mi libertad y en la de los demás?, evitando el cortar y pegar textos indiscriminadamente. Con los textos usados pretendía dar a mi punto de vista subjetivo, formado con el paso de los años, un mínimo de respaldo académico conforme a teorías serias. Me ha faltado organización en el discurso, seguramente porque lo he hecho sobre la marcha, y aunque lo haya releído varias veces no es lo mismo que escribir algo con un guión estructurado, por ello si da muchos saltos atrás y adelante, disculpas.

Me he basado en el libro ?Introducción a la Filosofía? de Cesar Tejedor Campomanes para la síntesis y clasificación de los sistemas éticos por un lado y del desarrollo moral por otro que figura al final del escrito, aunque lo he agrupado un poco a mi antojo, así que si algo hay mal no es culpa de él, sino mía. En cualquier caso he procurado no olvidar entrecomillar los literales y hacer uso lo menos posible de ellos.

Extremoduro y Sociedad (I)

Saturday, April 17th, 2004

Contribución de Jeremías
Texto de Ana M. González Ramos
Me ocurrió que en su momento no me gustaban. Me parecían un nuevo fenómeno social creado por la mercadotecnia, sus letras y estilo musical me resultaban anodinos. Me enfurecían incluso, no entendía cómo podían ser tan idolatrados por algunos de mis mejores amigos.

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Extremoduro y Sociedad: la música aportando palabras al sentido de nuestra existencia.
por Ana M. González Ramos

Notas:
1. Ana M. González Ramos es Licenciada en Sociología por la Universidad de Granada, profesora de Técnicas de Investigación Social de la Universidad de La Laguna.
2. Extraído de: http://www.babab.com/no20/extremoduro4.php y publicado con permiso de la autora.

PARTE I. PREFACIO
CAPÍTULO 1: POSIBLES TENSIONES MANTENIDAS CON EL OBJETO DE ESTUDIO:
La banda y yo.
Me ocurrió que en su momento no me gustaban. Me parecían un nuevo fenómeno social creado por la mercadotecnia, sus letras y estilo musical me resultaban anodinos. Me enfurecían incluso, no entendía cómo podían ser tan idolatrados por algunos de mis mejores amigos.
Así que, la primera pregunta no surgió de un interés específico por conocerles, sino por la curiosidad generada por el hecho, incomprensible para mí, de que personas provenientes de “realidades” distintas, al menos, aparentemente impermeables entre sí, tuvieran en común su pasión por este grupo musical. ¿Cómo era posible que “niños bien” con jersey de cuello redondo y camisa debajo, eso sí, todo vestido con colores oscuros, se sintieran tan atrapados por sus ritmos frenéticos como los portadores de chupa de cuero, rockeros, macarras, punkis, insumisos, drogatas, encarcelados…? ¡Y no todos, necesariamente, tenían que comprender al resto de las tribus o ser partícipe de sus vicios y virtudes!.
En fin, yo me extrañaba de que una fauna tan variada estuviera seducida por una banda que a mí nada me decía. Para mí, el hecho de que gustara a tan dispares caracteres y tribus tan diferentes, confirmaba mi hipótesis: si servía tanto para unos como para otros, en realidad no podía ser más que un envoltorio bien apretado con metáforas simples pero resultonas, sin nada en el centro, hueco en su interior ¿qué grupo iba a poder calar en unos fans tan variopintos?
Pero, como afortunadamente todo cambia… No sé si a mejor o a peor, aunque me suelo situar entre quienes consideran cualquier ocasión que la vida nos proporciona bajo el efecto panta rei, en general como positivo, a pesar incluso de que las apariencias inmediatas parezcan indicar lo contrario. Así es que, digo, finalmente, se produjo en mí la regerenación de las cosas viejas, ley de vida se dice, y el resultado fue un tanto inesperado.
Yo no diría que ahora me guste el grupo, más bien, que a veces, para sentirme viva, tengo que una necesidad imperiosa de escuchar ese tipo de sonidos que grupos como ellos producen, y, por tanto, por definirlo de alguna manera, he llegado a entender su lenguaje, he descubierto el significado de su mensaje y creo haberme integrado entre esa marea de públicos que les admiran, más o menos intensamente. ¡Vi la luz!. Pero no por otra razón sino, precisamente, por el regusto que me dejaron tras poder entrever lo que verdaderamente reflejan para todo esos jóvenes. Esa es la razón por la que ahora me fascinan, exactamente por las mismas cosas que antes no entendía de ellos, por eso mi admiración, porque preguntándome por su importancia para los otros, he conseguido entender otro buen trozo de esta sociedad en la que vivimos. Y, por este motivo, mi mente se ha valido de argumentos para redimir a la banda, a pesar de seguir siendo la misma cosa que antes aborrecía.
Todo ocurrió por causa de aquellos que estaban tan cerca de mí y eran tan entusiastas precisamente de este grupo, de sus canciones, de su música incluso, muy a mi pesar. Ellos me aturdían con sus músicas y con los ruidos explosivos de sus canciones, murmuraban sus letras como si fueran lemas de sus vidas, convencidos de su verdad. ¿Por qué razón?. Casi sin terminar de haberme hecho la pregunta, ella misma me devolvió con un eco, un avance de su respuesta: proporcionaba elementos de identificación precisos que se convertían para los oyentes, en sentidos compresivos de sus propias vidas. Por eso, esos rockeros que en algún caso no tenían nada que ver con su audiencia, se volvían sus ídolos, representaciones de una época desalmada que no proporciona ningún sentido para nadie, al menos, si nos referimos a esos “grandes-principios” que en otras épocas, fueron límites y armas de rebelión para la juventud.
El descubrimiento no fue inmediato, sólo después de mucho tiempo y horas de rodaje (un amigo me corregiría esa palabra “rodaje” por la de inmersión en la vorágine sudorosa de una sala de baile cutre, cabezazos acompasados, mi dolor de cuello un rato después, saltos arrítmicos…) entre sus melodías fui consciente de lo que presentó, como causa principal de su secreto, sus elementos de enganche. No por ser una respuesta fácil, funciona de una manera simple; todo lo contrario, más bien, se produce gracias a la conjunción precisa de varios elementos complejos. Quizá por todo ello, les he cogido tanto cariño ahora que casi nadie les aprecia. Analizándolos, aprendí algo más de la sociedad contemporánea y debido a que ese es el propósito central de mi vida (aunque os parezca aburrido, puedo asegurar que no lo es y, de todos modos, ya que cada uno elige sus vicios, dejadme a mí con ése mío) pues por eso, le dedico este trabajo a sus dos responsables máximos, mis dos amigos Eduardo y Alfredo (esos que me torturaban con Extremoduro cuando no me gustaban).
No me gustaría terminar este prefacio sin comentar un par de cosas importantes. La primera de ellas está relacionada con la objetividad, me considero todo lo libre que se puede estar de valores que pudiera causar sesgos debido, precisamente, a mi inicial desamor y aprecio posterior. De la historia vital de la banda y sus integrantes nunca he sabido nada, así que no puedo estar influenciada por otros canales de información, al interpretar sus letras en relación a su formación, personalidad, historia vital o circunstancias particulares. Así que nadie espere que, en este trabajo haya una referencia explícita al contexto de sus vidas al generar su obra, no es ese mi objetivo.
Para ser sincera, la única información que poseo en mi recuerdo sobre el grupo, es un artículo de periódico (El País, para ser más exacta) que leí hace demasiado tiempo, durante el final de la que fue la etapa más productiva de la banda. Su vocalista afirmaba que a pesar de los rumores no eran una banda de heroinómanos. Cuando argumente a favor de su discurso pro-legalización y de consumido de drogas no será, pues, a causa de estas declaraciones sino sustentándome en el análisis de contenido realizado a las letras de sus canciones.
Mi único propósito es descubrir el sentido profundo de su obra mediante sus letras y sus ritmos, no enjuiciar sus vidas o motivaciones. Sobre todo, lo que me importa es poner de relieve características precisas de esta sociedad, la que ellos reflejan y simbolizan pero porque afectan a los jóvenes de hoy. Cuando les achaque propiedades o principios, no irán dirigidas a sus personas físicas sino al conjunto de sus fans. Sus aciertos y desaciertos serán un calificativo que todos nosotros podemos aplicarnos (yo rayo ya la adultez pero pertenezco incluso por ser una generación más joven que ellos, a la juventud. Además, no se me criticará esta debilidad precisamente en esta sociedad, donde se alarga el periodo de juventud hasta el máximo y se la idolatriza como si fuera el único periodo de vida que poseyéramos).
El segundo comentario es de otro estilo, de carácter teórico. Plantea la habitual cuestión, dentro de la sociología, de plasmar o llegar a una explicación comprensiva del todo a partir de lo individual. ¿Puede afirmarse sin lugar a dudas que con solo estudiar las letras de un grupo musical podemos generalizar sus razones a la sociedad global? ¿Es fruto de las tendencias sociales, las características que se plasman en fenómenos particulares de la sociedad como pueden ser la idiosincrasia de una banda de música? Si esto es cierto, quedaría confirmada la hipótesis de que existe un paralelismo muy fuerte, entre esta banda y otra más actual, “Estopa”, puesto que la producción artística de esta última tiene un ritmo y una temática tan cercanas a la otra banda, su declaración de principios es tan similar que, a pesar de no ser considerados los unos deudores de los otros, podemos decir que responden a las mismas vertientes explicativas de la sociedad contemporánea y de las necesidades de la juventud española.
Para reforzar esta idea se puede argumentar que, el calado de un “fenómeno musical” se debe tanto a los actores-activos como a la audiencia-pasiva que, sin embargo, los re-construye con su experiencia y dota de importancia y sentido concretos a la creatividad de los primeros agentes (sobre esta tesis puede leerse más y mejor en la introducción de Rayuela del argentino Julio Cortázar, quien le impuso el controvertido nombre de lector-hembra y lector macho). Así, la emoción que dio lugar al grupo musical extremeño sigue hasta hoy tan vigente y, la población juvenil que les escuchaba, sigue teniendo esa misma sed de respuestas, de modo que éstos precisan de esos mismos mensajes que planteaban Extremoduro a una generación anterior y, esas dos bandas tienen los mismos componentes que impulsaban la aprobación de su público, a pesar de que las condiciones objetivas de esos grupos etarios hayan podido sufrir alguna modificación.

Nota: Primera parte de un curioso estudio sobre Extremoduro y sus letras…
Segunda parte

Historias de Mundo Vivo: La primera raza.

Saturday, April 17th, 2004

Contribución de Anónimo
Pocos, o quizá nadie, saben que la primera raza inteligente que habitó el Mundo Vivo era anfibia.
Un individúo típico de esta raza medía cerca del metro treinta de estatura, pesaba ciento veinte quilos y poseía manos y pies palmeados con diez dedos cada uno, dotados de pulgares oponibles.
Lo más asombroso de todo es que el nacimiento de su raza se debió única y enteramente a la fertilidad natural del planeta.

Su génesis y desarrollo fue exclusivamente en ausencia de la actuación directa de los dioses, no así su decadencia y posterior destrucción.
Cuando éstos, por puro accidente, descubrieron que una especie había alcanzado conciencia de sí misma, había colonizado el subsuelo submarino, fundado numerosas ciudades submarinas y desarrollado una cultura tan armoniosa que casi rozaba la perfección, todo eso sin su ayuda, guía y consejo, cuando esto pasó, los dioses se pusieron manos a la obra, reaccionando de la única manera que eran capaces de concebir.
En una tarde los borraron del mapa. En unas pocas horas provocaron infinidad de “desastres naturales”.
Grandes olas acabaron con las pocas ciudades que habían erigido en la superficie, todas ellas a orillas del mar. Terremotos submarinos destruyeron las que yacían en el fondo marino. El agua del mar se calentó hasta límites insoportables para la vida, acabando de paso con más de la mitad de la población no inteligente del mar. Las fuentes termales subterráneas explotaron todas a una, liberando grandes cantidades de productos tóxicos ricos en azufre. El lecho marino se rompió, permitiendo que el ardiente magma que aprisionaban aflorara desde las profundas simas donde había estado confinado desde el inicio de los tiempos.
Los escasos supervivientes, menos de una milésima de la población murieron meses más tarde, afectados por una enfermedad del alma que anulaba su instinto de supervivencia y afectaba su impulso reproductor.
Y es que, en cierto modo, los dioses son niños y la Creación su campo de juegos.
Y no hay nada peor que un niño que se cansa de sus juguetes….. o que, presa de la envidia, descubre un juguete nuevo propiedad de otro niño.
No obstante, la gratuita destrucción a la que Mundo Vivo se vio sujeta pasó factura y, afortunadamente, se aprendieron unas cuantas lecciones.
La más importante de todas fue la de que la vida es necesaria.
Todos los dioses aprendieron que era posible crear algo nuevo, desconocido hasta entonces. Las posibilidades que la inteligencia, la consciencia de uno mismo, ofrecía eran inconmensurables.
Así, casi cada dios escogió una especie, animal o vegetal, y plantó en ella la semilla de la inteligencia, la cual germinó antes o después.
Y puesto que los dioses, afortunadamente, no tienen imaginación, las especies más extendidas eran humanoides.
Así, Mundo Vivo se llenó de nuevas criaturas, tan parecidas como distintas, modificaciones de un mismo patrón, a quienes se les regaló la superficie del planeta.
Ningún dios, de aquellos que lo intentaron, logró nunca que una especie acuática alcanzara el grado de desarrollo mental que garantizaba la consecución de la inteligencia. Fue como si el planeta mismo frustrara dichos intentos en una especie de brutal revancha.
No obstante, también sabemos lo que pasa con los niños que ven frustrados sus intenciones….
Y hubo algunos dioses, unos pocos, que aprendieron otra valiosa lección.
En su mayoría, estos dioses habían elevado una ligera protesta a sus hermanos, intentando débilmente salvar a aquella primera raza. Otros, los menos, se habían mantenido neutrales, limitándose a observar el genocidio.
Fueron estos los que sintieron en su alma los estertores agónicos de la primera raza al morir. O, al menos, los que prestaron atención a tales gritos de dolor.
Aprendieron de primera mano una lección acerca del dolor y la pérdida. Y se juraron a sí mismos (el único juramento que tiene validez) que jamás volverían a repetirse tales acontecimientos.
Más adelante, cuando estos dioses acordaron mostrarse a sus creaciones, fueron universalmente adorados como los integrantes del panteón de la luz.
El resto, aquellos a quienes la anatema agradó o no importó en absoluto, fueron los integrantes del panteón de la Oscuridad.
Curiosamente, ni luminosos ni oscuros hablaron jamás a sus creyentes de aquella primera especie que vivió, creció y murió bajo las aguas.
El genocidio fue un gran trauma infantil en las mentes de aquellos niños omnipotentes. Un trauma que no todos ellos reconocían o, incluso, ignoraban que existiera.
Y así, recordados sólo por aquella encargada de recoger las almas de los muertos, la primera raza se perdió en las brumas del tiempo, pues los únicos seres capacitados para recordarlos habían optado por el silencio.
Por el olvido.

Que sople el gitano

Saturday, April 17th, 2004

Contribución de Anónimo
Ocurrió en un hospital de una localidad andaluza, en donde las tasas de natalidad seguían un curso diferente de la media nacional, es decir, no se invertían, no, y hasta es posible que pudieran aumentar. Había una respetable proporción de población gitana, con todas las implicaciones culturales (en el sentido más amplio de la palabra) que esto conlleva.

Pues bien, se presentó una mujer gitana a parir. Aunque estas mujeres de partos saben (aunque no fuera de otra forma, sabrían por la cantidad de hijos que suelen tener), mi amiga y otras profesionales se habían preocupado de intentar preparar el camino para abrir una nueva mentalidad en la que el marido y padre de la criatura encarnara un papel mas participativo, pero aún no eran patentes los resultados, si es que los tenía que haber. La gitana recibió toda la atención que el parto requería, sin complicaciones.
Un buen parto.

Cuando mi amiga pasó a explicarle los cuidados que iba a requerir el puerperio le explicó cómo tendría que recibir los lavados los primeros días y hasta que la herida secase. Hasta aquí todo estaba medianamente claro, incluso para el gitano (el padre de la criatura). Pero mi amiga tenía dudas razonables del estado de higiene de las toallas en el domicilio de la puérpera, máxime mientras ella se encontrara convaleciente. Por lo tanto, y en previsión y evitación de complicaciones (fiebres puerperales), no dudó en recomendarles que tras cada lavado, secaran la zona con secador de pelo.

La gitana rápidamente interrumpió:

- Ay, dotora, si nosotros no tenemos d’eza coza!
- Mujer, pues si no tienes tú un secador, pídeselo a tu madre, o a tu hermana,
o a alguien de tu familia, que vale la pena.
- Ay, dotora, é que ninguna tié tampoco d’ezo.
- Mujer, pues a alguien conocerás en la calle donde vives que tenga un secador
de pelo. No me lo pongas tan difícil.
- ¡Dotora, zi é que en mi caye tó zon familia! Pero uste’ no ze procupe,
que no paza ná.
- ¿No? ¿Y entonces cómo te vas a secar eso con aire calentito, eh?
- ¡POZ QUE ZOPLE EL GITANO!

Desde entonces , cuando en los paritorios de aquél hospital se quedaban
sin recursos para algo, siempre había alguien que zanjaba la situación diciendo
“¡Poz que zople el gitano!”

Laicismo - cinco tesis. por Fernando Savater

Saturday, April 17th, 2004

Contribución de Laura
Laicismo - cinco tesis. por Fernando Savater

El debate sobre la relación entre el laicismo y la sociedad democrática actual (en España y en Europa) viene ya siendo vivo en los últimos tiempos y probablemente cobrará nuevo vigor en los que se avecinan: dentro de nuestro país, por las decisiones políticas en varios campos de litigio que previsiblemente adoptará el próximo Gobierno; y en toda Europa, a causa de los acuerdos que exige la futura Constitución europea y por la amenaza de un terrorismo vinculado ideológicamente a determinada confesión religiosa.

En cuestiones como ésta, en que la ceguera pasional lleva a muchos a tomar por enemistad diabólica con Dios el veto a ciertos sacristanes y demasiados inquisidores, conviene intentar clarificar los argumentos para dar precisión a lo que se plantea. A ello y nada más quisieran contribuir las cinco tesis siguientes, que no pretenden inaugurar mediterráneos, sino sólo ayudar a no meternos en los peores charcos.

1) Durante siglos, ha sido la tradición religiosa - institucionalizada en la iglesia oficial-la encargada de vertebrar moralmente las sociedades. Pero las democracias modernas basan sus acuerdos axiológicos en leyes y discursos legitimadores no directamente confesionales, es decir, discutibles y revocables, de aceptación en último caso voluntaria y humanamente acordada. Este marco institucional secular no excluye ni mucho menos persigue las creencias religiosas: al contrario, las protege a las unas frente a las otras. Porque la mayoría de las persecuciones religiosas han sucedido históricamente a causa de la enemistad intolerante de unas religiones contra las demás o contra los herejes. En la sociedad laica, cada iglesia debe tratar a las demás como ella misma quiere ser tratada… y no como piensa que las otras se merecen. Convertidos los dogmas en creencias particulares de los ciudadanos, pierden su obligatoriedad general pero ganan en cambio las garantías protectoras que brinda la Constitución democrática, igual para todos.

2) En la sociedad laica tienen acogida las creencias religiosas en cuanto derecho de quienes las asumen, pero no como deber que pueda imponerse a nadie. De modo que es necesaria una disposición secularizada y tolerante de la religión, incompatible con la visión integrista que tiende a convertir los dogmas propios en obligaciones sociales para otros o para todos. Lo mismo resulta válido para las demás formas de cultura comunitaria, aunque no sean estrictamente religiosas, tal como dice Tzvetan Todorov: “Pertenecer a una comunidad es, ciertamente, un derecho del individuo pero en modo alguno un deber; las comunidades son bienvenidas en el seno de la democracia, pero sólo a condición de que no engendren desigualdades e intolerancia” (Memoria del mal).

3) Las religiones pueden decretar para orientar a sus creyentes qué conductas son pecado, pero no están facultadas para establecer qué debe o no ser considerado legalmente delito. Y a la inversa: una conducta tipificada como delito por las leyes vigentes en la sociedad laica no puede ser justificada, ensalzada o promovida por argumentos religiosos de ningún tipo ni es atenuante para el delincuente la fe (buena o mala) que declara. De modo que si alguien apalea a su mujer para que le obedezca o apedrea al sodomita (lo mismo que si recomienda públicamente hacer tales cosas), da igual que los textos sagrados que invoca a fin de legitimar su conducta sean auténticos o apócrifos, estén bien o mal interpretados, etcétera…: en cualquier caso debe ser penalmente castigado. La legalidad establecida en la sociedad laica marca los límites socialmente aceptables dentro de los que debemos movernos todos los ciudadanos, sean cuales fueren nuestras creencias o nuestras incredulidades. Son las religiones quienes tienen que acomodarse a las leyes, nunca al revés.

4) En la escuela pública sólo puede resultar aceptable como enseñanza lo verificable (es decir, aquello que recibe el apoyo de la realidad científicamente contrastada en el momento actual) y lo civilmente establecido como válido para todos (los derechos fundamentales de la persona constitucionalmente protegidos), no lo inverificable que aceptan como auténtico ciertas almas piadosas o las obligaciones morales fundadas en algún credo particular. La formación catequística de los ciudadanos no tiene por qué ser obligación de ningún Estado laico, aunque naturalmente debe respetarse el derecho de cada confesión a predicar y enseñar su doctrina a quienes lo deseen. Eso sí, fuera del horario escolar. De lo contrario, debería atenderse también la petición que hace unos meses formularon medio en broma medio en serio un grupo de agnósticos: a saber, que en cada misa dominical se reservasen diez minutos para que un científico explicara a los fieles la teoría de la evolución, el Big Bang o la historia de la Inquisición, por poner algunos ejemplos.

5) Se ha discutido mucho la oportunidad de incluir alguna mención en el preámbulo de la venidera Constitución de Europa a las raíces cristianas de nuestra cultura. Dejando de lado la evidente cuestión de que ello podría entonces implicar la inclusión explícita de otras muchas raíces e influencias más o menos determinantes, dicha referencia plantearía interesantes paradojas. Porque la originalidad del cristianismo ha sido precisamente dar paso al vaciamiento secular de lo sagrado (el cristianismo como la religión para salir de las religiones, según ha explicado Marcel Gauchet), separando a Dios del César y a la fe de la legitimación estatal, es decir, ofreciendo cauce precisamente a la sociedad laica en la que hoy podemos ya vivir. De modo que si han de celebrarse las raíces cristianas de la Europa actual, deberíamos rendir homenaje a los antiguos cristianos que repudiaron los ídolos del Imperio y también a los agnósticos e incrédulos posteriores que combatieron al cristianismo convertido en nueva idolatría estatal. Quizá el asunto sea demasiado complicado para un simple preámbulo constitucional…

Coda y final: el combate por la sociedad laica no pretende sólo erradicar los pujos teocráticos de algunas confesiones religiosas, sino también los sectarismos identitarios de etnicismos, nacionalismos y cualquier otro que pretenda someter los derechos de la ciudadanía abstracta e igualitaria a un determinismo segregacionista. No es casualidad que en nuestras sociedades europeas deficientemente laicas (donde hay países que exigen determinada fe religiosa a sus reyes o privilegian los derechos de una iglesia frente a las demás) tenga Francia el Estado más consecuentemente laico y también el más unitario, tanto en su concepción de los servicios públicos como en la administración territorial. Por lo demás, la mejor conclusión teológica o ateológica que puede orientarnos sobre estos temas se la debo a Gonzalo Suárez: “Dios no existe, pero nos sueña. El Diablo tampoco existe, pero lo soñamos nosotros” (Acción-Ficción).

Publicado en El País, edición del 3 de Abril de 2004

Conspiraciones

Saturday, April 17th, 2004

Contribución de G
Sólo una descorazonadora amalgama de ignorancia, mala fe y cobardía puede establecer una relación entre la presencia en Irak de un contingentito de soldados españoles y la bestialidad desatada contra nosotros el 11 de marzo. Unos soldados que, hasta la fecha, han sufrido once bajas y a los que se va a agraviar retirándolos de allí sin honor. Los Ejércitos españoles han perdido muchas guerras y se han retirado de los cinco continentes, pero nunca -si la memoria no me falla- de un modo tan infame. (Serafín Fanjul)

Salve, cainsiguevivitas!

Aquí el golpista autoexiliado en la pérfida Albión. Supongo que los más asiduos me recoradarán (”Triste Democracia“). Reconozco que he incumplido mi promesa: estoy siguiendo la actualidad en España. A pesar de estar al borde de un colapso nervioso, pues se acerca el día en el que tengo que entregar mis trabajos, todos los días tengo un rato para ojear los periódicos y escuchar un poco la radio.

He encontrado un artículo muy interesante, bien escrito y que refleja bien lo que se me pasa por la cabeza estos días de apoteosis para progres multiculturalistas y amigos de las flores (y de los toros). No se’ si con ello vulnero las costumbres de este foro, pero he decidido colgarlo aquí, a ver si estimula un poco el entendimiento. El artículo se llama “Conspiraciones”, está escrito por Serafín Fanjul, catedrático de Literatura Árabe de la Universidad Autónoma de Madrid y apareció’ en el ABC de ayer, 12 de Mayo.

Ahora no tengo tiempo material para sentarme con calma y escribir algo con sentido, pero prometo (Ana, Güimi, esto es un juramento solemne) que a partir de mediados de Mayo me pondré a la labor y escribiré alguna cosilla que sin duda ofenderá a la progresía dominante, monopolista de las palabras bonitas y los bellos sentimientos.

Saludos a todos
G

CONSPIRACIONES
Por Serafín Fanjul, catedrático de Literatura Árabe, UAM

BASSAM Tibi es un sirio que, naturalmente, vive en Alemania. Uno de los rarísimos árabes con capacidad autocrítica no puede permitirse el lujo de residir en su propio país pues, amén de la libertad de expresión, perdería la vida. Su libro La conspiración no constituye una mera denuncia de unos u otros gobiernos sirios, árabes o musulmanes, sino el desvelamiento descarnado de algo omnipresente en el discurso político, en la fraseología periodística, en los sentimientos de victimismo sistemático que estructuran cualquier pensamiento de los árabes sobre sí mismos: la idea de la conspiración permanente y eterna contra ellos, en lo chico y en lo grande. Al-Mu?amarah es la palabra más repetida en la prensa árabe junto con el nombre (con foto diaria incluida en primera plana) del tirano de turno en el país que sea: del Golfo al Océano, todos iguales. Por supuesto que el vocablo suele ir acompañado por varios adjetivos fijos: imperialista, colonialista, sionista… Siempre idénticos clichés, fórmulas inalterables y manidas de rapsodas malos. La conspiración cósmica -visión paranoica y escapista de las propias responsabilidades- se centra en hechos del pasado o en conflictos reales del momento, interpretando a su conveniencia de modo unilateral y plano fenómenos complejos en los cuales las responsabilidades históricas, desde luego, no caen de un solo lado. «Nos colonizaron porque éramos colonizables», oí decir a una profesora marroquí en cierta ocasión, con gran escándalo de los demás árabes presentes. Significaba reconocer que algo «hicimos» mal: en realidad, «hicieron nuestros antepasados», con lo cual el reparto de cargas y culpas históricas comienza a volverse más equitativo y asumible por los cerebros pensantes de Occidente, que algunos hay.

Muy al contrario, la tónica dominante en nuestros países, gracias a la asunción acrítica de lo políticamente correcto, va por otros derroteros, fluctuando en la tenue frontera entre la autocrítica irrenunciable y el masoquismo ciego que otorga la razón al adversario por constituir en el fondo una decisión más cómoda: evita documentarse y pensar, en la inteligencia, o la esperanza absurda, de que nunca será el autocrítico quien cargue con las culpas y las consecuencias, destinadas a abstracciones lejanas o próximas (el Imperio español, el imperialismo americano, la conspiración sionista, la antiglobalización) o a personas (los Reyes Católicos, Felipe II, Bush o Aznar, siempre otros). La idea de la conspiración que nos llega de la otra orilla empieza a prender en ésta, pero no respecto a los de enfrente, sino contra nosotros mismos.

Y, sin embargo, en la ribera sur del Mediterráneo -frontera nada imaginaria-, hace años que anidan y se alientan deseos de desquite, de venganza y de imponer el Islam como religión universal, basándose en hechos del pasado -y por tanto irreversibles- pero cuya utilidad como guía es nula, y en la «conspiración occidental» arriba mencionada. Una agresividad acomplejada y hostil que, en el caso de España, ha tardado en manifestarse (lo que ha tardado en haber comunidades musulmanas numerosas) pese a nuestra condición de frontera, como lo eran y lo son Yugoslavia, Israel, Chechenia o las Repúblicas ex soviéticas del centro de Asia, o Filipinas, Timor, las Molucas o Nigeria. Por no eternizar el despliegue del mapa. Pero líbrenos Dios de pensar en una segunda conspiración de los mil millones de musulmanes contra nosotros. No parece razonable tal exageración, pero sí lo es la exigencia a nuestras autoridades, las actuales y, sobre todo, a las venideras -tan dada como es la progresía al multiculturalismo angelical-, la adopción de medidas serias para controlar al islamismo en nuestro país, no mediante remiendos folclóricos de inutilidad bien probada como la promoción de foros de encuentro, simposios variopintos, diálogos interculturales y otros festejos, o con la creación de un Consejo Islámico (más burocracia que pagaremos y ofrecerá buenos pesebres a los «mediadores»: está cantado y por eso lo proponen), sino a través de un conjunto de medidas legislativas, policiales, administrativas y culturales que favorezcan la integración en plazos prudentes. Y sabiendo de antemano que nunca nos ganaremos la voluntad de los renuentes a la integración: uno de los asesinos detenidos por el 11-M había colgado un crespón negro en su tienda el mismo día del atentado. Es imposible discernir quiénes son sinceros y quiénes no en sus condolencias, y los españoles estamos hartísimos de este género teatral; por consiguiente, sólo valen los hechos, por ejemplo no fomentando la endogamia y el control de los individuos dentro de las comunidades islámicas, o sea, justo lo contrario de lo acaecido hasta la fecha con los recién venidos. Porque los meros signos externos nada demuestran: los asesinos de Madrid, como los de Nueva York, aparentemente participaban de gustos, costumbres, entretenimientos «occidentales»: es la taqiya u ocultamiento de los verdaderos sentimientos religiosos, algo admitido y promovido en el Islam cuando el musulmán está rodeado de infieles y se ve forzado a simular lo que no siente; en nuestro caso, tan obligado a colocar bombas en los trenes como el asesino etarra a disparar contra la nuca de un concejal de Málaga.

Y así damos en la tercera y última conjura, la de los necios, que nos toca muy de cerca. No nos la merecemos, colectivamente no. Que haya caído la lotería a quienes ni siquiera jugaban sólo se explica por el escrupuloso respeto a las formas democráticas de Aznar y su Gobierno. Dicen que las elecciones las desequilibraron los terroristas musulmanes mediáticamente asociados con chiquitos que portaban el móvil en una mano y la litrona en la otra: no es imposible. Triste galardón de un país que antaño presumió de noble y pugnaz (tal vez, más de la cuenta) mientras se enorgullecía por Numancia (¿saben los niños-LOGSE del PSOE qué es eso de Numancia además de un club de fútbol?). Un país que, de rodillas, implora perdón a sus asesinos, les comprende y disculpa, y se apresta feliz a cumplir el papel de Patio de Monipodio del Mediterráneo que nos preparan los ganadores. Eso sí: de sus dos orillas, por aquello del multiculturalismo. Y avergüenza que una parte numerosa de la opinión pública, en vez de centrar su atención y sus condenas en los criminales islámicos -los autores de los casi doscientos asesinatos-, se revuelve contra el Gobierno y su presidente por si informó una hora antes o después sobre las pesquisas en curso, bien que eficazmente pastoreado el rebaño por rabadanes que ahora, como antes, demuestran su insolvencia moral.

Extraño pueblo, que alterna destellos de buen sentido y cordura -como figurar a la cabeza en donaciones de órganos o responder masivamente el pasado día 12- con desistimientos y trapacerías de tendero golfo. Ahora el pretexto para desentenderse del peligro que nos toca -que nos toca de lleno, entérense, por más que se intente ignorar, con tropas o sin tropas en Irak- es la cantaleta de la «guerra ilegal», como si el terrorismo islámico necesitara de razones y la palabra Irak supusiera algo más que una nebulosa. Sólo una descorazonadora amalgama de ignorancia, mala fe y cobardía puede establecer una relación entre la presencia en ese país de un contingentito de soldados españoles y la bestialidad desatada contra nosotros el 11 de marzo. Unos soldados que, hasta la fecha, han sufrido once bajas y a los que se va a agraviar retirándolos de allí sin honor. Los Ejércitos españoles han perdido muchas guerras y se han retirado de los cinco continentes, pero nunca -si la memoria no me falla- de un modo tan infame.

En estas mismas páginas se han publicado excelentes análisis desde los ángulos interior y exterior sobre lo acaecido, sus consecuencias y la catadura moral de quienes se pliegan encantados al chantaje. No repetiré argumentos ya expuestos, pero sí debo recordar que los mayores y más sangrientos crímenes masivos de terrorismo islámicos en sus varias advocaciones (Nueva York aparte) se han producido en Irak y se han dirigido contra la población civil de manera indiscriminada, es decir, contra musulmanes. O en Turquía, país que no autorizó el paso de las tropas americanas hacia Irak. Luego muy poco importa a los asesinos actuar de vengadores justicieros en defensa de los iraquíes. Se patentiza que atacan a Occidente en el punto más débil, un pueblo que se deja amedrentar para disfrutar otra semana más del botellón, lejísimos ya del muy hispánico «me quiebro pero no me dueblo» (¿cuántos muchachitos-LOGSE del PSOE saben qué es Martín Fierro?). ¿Tendría sentido que, a la vista de las matanzas masivas de cristianos en Timor por parte de los musulmanes indonesios, un grupo de suecos cristianos acudiera a Marruecos a vengarse exterminando muslimes a bombazos en los zocos? ¿Qué manera de razonar es ésta? ¿Por qué un sector numeroso de nuestra ciudadanía encubre su inconsecuencia y su pánico culpándonos a nosotros mismos y buscando un chivo expiatorio para su miedo en la cabeza de Aznar?

Y volvamos a los clásicos. José Cadalso, en las tan invocadas -cuando conviene- Cartas Marruecas lo expresa muy claro: «¿Tenéis por cierto que para ser buen patriota baste hablar mal de la patria, hacer burla de nuestros abuelos, y escuchar con resignación a nuestros peluqueros, maestros de baile, operistas, cocineros; y sátiras despreciables contra la nación; hacer como que habéis olvidado vuestra lengua paterna, hablar ridículamente mal varios trozos de las extranjeras y hacer ascos de todo lo que pasa y ha pasado desde los principios por acá?». Han transcurrido más de dos siglos desde que se escribieron esas líneas, pero mutatis mutandis ¿es tan difícil reconocer en ellas a los cocineros, operistas y lánguidos peluqueros de nuestro tiempo, los dispuestos a sacrificar lo que sea -colectivo, nacional, claro- por su beneficio personal estricto?