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Caín Sigue Vivo » 2005 » June
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Archive for June, 2005

Guerra de cifras

Tuesday, June 21st, 2005

Tras la manifestación del pasado 18 de Junio en Madrid, convocada por el Foro de la familia con el apoyo de varias organizaciones y parte de la Iglesia y del PP, ha comenzado la guerra de cifras, el baile de números.
Según unos hubo 166.000 personas, según otros 1.500.000 “y me quedo corto” según uno de los organizadores.

Así que he decidido realizar mis propios cálculos.

En todas las manifestaciones, según he leído en varios sitios, se calcula de 2 a 3 personas por metro cuadrado si la manifestación está en marcha y 4 o 5 (como mucho) si está parada.
El sistema ideal es tomar fotos aéreas, contar las cabezas que hay en 100 metros cuadrados y extrapolar. Pero por mucho que he buscado no he encontrado fotos aéreas de la manifestación.

Se ha dicho que en esta ocasión había muchos niños, lo que distorsiona el número de personas por metro cuadrado. Unos dicen que había padres con niños al hombro, esto es dos personas en el sitio de una, y otros dicen que a los niños que van andando se les deja más sitio, por no hablar de lo que ocupan los carritos, esto es una persona en el sitio de dos.
En mi opinión, por las manifestaciones en las que he estado los niños acaban ocupando más, pero creo que podemos ser salomónicos y decir que al final no varía.

1er supuesto.
Vamos a suponer que acudieron 1.500.000 personas y que había 4 personas por metro cuadrado.
Calculemos:
1.500.000 personas a 4 personas por metro cuadrado son 375.000 metros cuadrados (1.500.000 / 4 = 375.000)
375.000 metros cuadrados a 10.000 metros por hectárea son 37,5 hectáreas (375.000 / 10.000 = 37,5 Ha.)

2o supuesto.
Como 37,5 hectáreas son muchas hectáreas vamos a suponer que había 6 personas por metro cuadrado (propongo al lector que intente meterse con otras 5 personas, sean niños o no, en un metro cuadrado).

Calculemos:
1.500.000 personas a 6 personas por metro cuadrado son 250.000 metros cuadrados (1.500.000 / 6 = 250.000)
250.000 metros cuadrados a 10.000 metros por hectárea son 25 hectáreas (250.000 / 10.000 = 25 Ha.)

Pero ¿cuánto son 37 o 25 hectáreas?
Según las notas más optimistas, la manifestación llegó desde la plaza del sol a la puerta de Alcalá e incluso a la plaza de colón.
Según la delegación de gobierno se quedó entre Cibeles y puerta del sol.

Hay un recurso del ministerio de agricultura, pesca y alimentación que sirve para medir áreas en España. Está pensado para fincas agrarias, pero ofrece planos de Madrid hechos con fotografías aéreas. Se llama SigPac.

Para conseguir un área de 37 ha., o incluso de 25 ha. entre la puerta de Alcalá y la plaza del sol tenemos que utilizar todos los edificios de alrededor como superficie pisable (!!!).

Si aceptamos que la manifestación ocupaba toda la puerta del sol, toda la plaza Cibeles (incluida la fuente), toda la puerta de Alcalá (hasta los arcos) y toda la plaza de Colón (hasta la bandera) obtenemos 11.89 ha. Y sin ser muy escrupulosos con los márgenes de las calles. Así podemos dar por compensadas las calles adyacentes.

Pues bien suponiendo que toda ese área tuviese 5 personas por metro cuadrado (de nuevo invito al lector a situarse con otras 4 personas en un metro cuadrado) tenemos:
11.85 ha = 118.500 m2
118.500 m2 * 5 per/m2 = 592.500 personas

3er supuesto.
Intentemos ahora hacerlo al revés. Calculando primero el área ocupada por la manifestación y aceptando que ésta ocupaba desde sol hasta Cibeles con algunas calles adyacentes. Calcularemos de media 4 personas por metro cuadrado, aceptando que en sol durante la lectura del manifiesto hubiese más gente, pero que a esa hora en Cibeles habría menos.
Acudimos de nuevo al SigPac y tomamos esta zona sin recortar en exceso para compensar con las calles adyacentes.

Obtenemos 3.32 ha.
3.32 ha = 33.200 m2
33.200m2 * 4per/m2 = 132.800 personas

Dado que mi cálculo ha salido incluso por debajo del de gobernación podemos hacer un cálculo más generoso.

4o supuesto.
Calcularemos 5 personas por metro cuadrado y un área mucho más grande (más del doble) tomando más edificios de los contornos asumiendo que había muchas calles adyacentes abarrotadas.

Esto hace:
8.6 ha = 86.000 m2
86.000m2 * 5per/m2 = 430.000 personas

Mis conclusiones:
- Ni siendo extremadamente optimista, recurriendo a la ciencia y no a la fe, se puede asumir que hubo 1.500.000 de personas.
- En el caso más generoso posible se puede calcular unas 600.000 personas, y estamos asumiendo que la manifestación ocupaba completas, a 5 personas por metro cuadrado, la plaza de colón, la de Alcalá, la de Cibeles y la de Sol, a la vez.

- Tratando de ser realistas las cifras pueden oscilar desde 130.000 a 400.000 personas.

Matrimonio y católicos

Wednesday, June 15th, 2005

Texto de PsycoByte que circula por la red e incluso ha sido plagiado en la prensa escrita. Y eso que tiene licencia libre y lo único que pide el autor es que se le cite… (¡vaya morro!).

Matrimonio y Católicos
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En línea con la actual relevancia social en torno a la modificación de la legislación española sobre los matrimonios, la postura de los católicos en ella, voy a exponer mi posición aquí, que para eso es mi blog:

Estoy completamente a favor del permitir el matrimonio entre católicos.

Me parece una injusticia y un error tratar de impedírselo.

El catolicismo no es una enfermedad. Los católicos, pese a que a muchos no les gusten o les parezcan extraños, son personas normales y deben poseer los mismos derechos que los demás, como si fueran, por ejemplo, informáticos u homosexuales.

Soy consciente de que muchos comportamientos y rasgos de carácter de las personas católicas, como su actitud casi enfermiza hacia el sexo, pueden parecernos extraños a los demás. Sé que incluso, a veces, podrían esgrimirse argumentos de salubridad pública, como su peligroso y deliberado rechazo a los preservativos. Sé también que muchas de sus costumbres, como la exhibición pública de imágenes de torturados, pueden incomodar a algunos.

Pero esto, además de ser más una imagen mediática que una realidad, no es razón para impedirles el ejercicio del matrimonio.

Algunos podrían argumentar que un matrimonio entre católicos no es un matrimonio real, porque para ellos es un ritual y un precepto religioso ante su dios, en lugar de una unión entre dos personas. También, dado que los hijos fuera del matrimonio están gravemente condenados por la iglesia, algunos podrían considerar que permitir que los católicos se casen incrementará el número de matrimonios por “el qué dirán” o por la simple búsqueda de sexo (prohibido por su religión fuera del matrimonio), incrementando con ello la violencia en el hogar y las familias desestructuradas. Pero hay que recordar que esto no es algo que ocurra sólo en las familias católicas y que, dado que no podemos meternos en la cabeza de los demás, no debemos juzgar sus motivaciones.

Por otro lado, el decir que eso no es matrimonio y que debería ser llamado de otra forma, no es más que una forma un tanto ruin de desviar el debate a cuestiones semánticas que no vienen al caso: Aunque sea entre católicos, un matrimonio es un matrimonio, y una familia es una familia.

Y con esta alusión a la familia paso a otro tema candente del que mi opinión, espero, no resulte demasiado radical: También estoy a favor de permitir que los católicos adopten hijos.

Algunos se escandalizarán ante una afirmación de este tipo. Es probable que alguno responda con exclamaciones del tipo de “¿Católicos adoptando hijos? ¡Esos niños podrían hacerse católicos!”.

Veo ese tipo de críticas y respondo: Si bien es cierto que los hijos de católicos tienen mucha mayor probabilidad de convertirse a su vez en católicos (al contrario que, por ejemplo, ocurre en la informática o la homosexualidad), ya he argumentado antes que los católicos son personas como los demás.

Pese a las opiniones de algunos y a los indicios, no hay pruebas evidentes de que unos padres católicos estén peor preparados para educar a un hijo, ni de que el ambiente religiosamente sesgado de un hogar católico sea una influencia negativa para el niño. Además, los tribunales de adopción juzgan cada caso individualmente, y es precisamente su labor determinar la idoneidad de los padres.

En definitiva, y pese a las opiniones de algunos sectores, creo que debería permitírseles también a los católicos tanto el matrimonio como la adopción.

Exactamente igual que a los informáticos y a los homosexuales.

Nota: El autor del “plagio” ha dicho que ha sido un error, ha pedido disculpas y el autor del artículo las ha aceptado.

Texto completo del manifiesto contra el nacionalismo catalán

Wednesday, June 8th, 2005

Después de 23 años de nacionalismo conservador, Cataluña ha pasado a ser gobernada por el nacionalismo de izquierdas. Nada sustantivo ha cambiado. Baste con decir que el actual gobierno ha fijado como su principal tarea política la redacción de un nuevo Estatuto de Autonomía.

Muchos ciudadanos catalanes creemos que la decisión es consecuencia de la incapacidad del Gobierno y de los partidos que lo componen para enfrentarse a los problemas reales de los ciudadanos. Como todas las ideologías que rinden culto a lo simbólico, el nacionalismo confunde el análisis de los hechos con la adhesión a principios abstractos. Todo parece indicar que al elegir como principal tarea política la redacción de un nuevo Estatuto para Cataluña, lo simbólico ha desplazado una vez más a lo necesario.

La táctica desplegada durante más de dos décadas por el nacionalismo pujolista, en la que hoy insiste el tripartito, ha consistido en propiciar el conflicto permanente entre las instituciones políticas catalanas y españolas e, incluso, entre los catalanes y el resto de los españoles.

Es cada vez más escandalosa la pedagogía del odio que difunden los medios de comunicación del Gobierno catalán contra todo lo ?español?. La nación, soñada como un ente homogéneo, ocupa el lugar de una sociedad forzosamente heterogénea.

El nacionalismo es la obsesiva respuesta del actual gobierno ante cualquier eventualidad. Lo único que se le resiste son los problemas, cada vez más vigorosos y complicados. Por ejemplo, el de la educación de los niños y jóvenes catalanes. La política lingüística que se ha aplicado a la enseñanza no ha impedido que los estudiantes catalanes ocupen uno de los niveles más bajos del mundo desarrollado en comprensión verbal y escrita. Este es sólo uno de los más llamativos resultados de dos décadas de gestión nacionalista.

Dos décadas en las que el poder político, además, ha renunciado a aprovechar el importantísimo valor cultural y económico que supone la lengua castellana, negando su carácter de lengua propia de muchos catalanes.

La decadencia política en que ha sumido el nacionalismo a Cataluña tiene un correlato económico. Desde hace tiempo la riqueza crece en una proporción inferior a la de otras regiones españolas y europeas comparables.

Un buen número de indicadores cruciales, como la inversión productiva extranjera o las cifras de usuarios de internet, ofrecen una imagen de Cataluña muy lejana del papel de locomotora de España que el nacionalismo se había autopropuesto. Su reacción ha sido la acostumbrada: atribuir la decadencia económica a un reparto de la hacienda pública supuestamente injusto con Cataluña.

Cabe recordar que una de las acusaciones tradicionales de la izquierda al anterior gobierno conservador había sido, precisamente, la de no saber gestionar con eficacia los recursos de que disponía y practicar una política victimista que ocultara todos sus fracasos de gestión. Poco tiempo ha necesitado el gobierno tripartito para adherirse a esta reacción puramente defensiva, que, además, ha incurrido con frecuencia en la inmoralidad.

Alguno de sus consejeros no ha tenido mayor inconveniente en afirmar que mientras el norte español trabaja, el sur dilapida. No parece que el creciente aislamiento de Cataluña respecto de España y que su visible pérdida de prestigio entre los ciudadanos españoles, hayan contribuido a paliar esta decadencia.

Sin embargo, el nacionalismo sí ha sido eficaz como coartada para la corrupción. Desde el caso Banca Catalana hasta el más reciente del 3% (que pasará a la historia por haber provocado una de las más humillantes sesiones que haya vivido un parlamento español) toda acusación de fraude en las reglas de juego se ha camuflado tras el consenso. Un consenso que no sólo se manifiesta en los escenarios del parlamentarismo sino que forma parte del paisaje.

Puede decirse que en Cataluña actúa una corrupción institucional que afecta a cualquier ciudadano que aspire a un puesto de titularidad pública o pretenda beneficiarse de la distribución de los recursos públicos. En términos generales, el requisito principal para ocupar una plaza, recibir una ayuda, o beneficiarse de una legislación favorable, es la contribución al mito identitario y no los méritos profesionales del candidato o el interés práctico de la sociedad.

Como las fuerzas políticas representadas hoy en el Parlamento de Cataluña se muestran insensibles ante este estado de cosas, los abajo firmantes no se sienten representados por los actuales partidos y manifiestan la necesidad de que un nuevo partido político corrija el déficit de representatividad del Parlamento catalán.

Este partido, identificado con la tradición ilustrada, la libertad de los ciudadanos, los valores laicos y los derechos sociales, debería tener como propósito inmediato la denuncia de la ficción política instalada en Cataluña. Oponerse a los intentos cada vez menos disimulados de romper cualquier vínculo entre catalanes y españoles. Y oponerse también a la destrucción del razonable pacto de la transición que hace poco más de veinticinco años volvió a situar a España entre los países libres.

La mejor garantía del respeto de las libertades, la justicia y la equidad entre los ciudadanos, tal y como se conciben en un Estado de Derecho, reside en el pleno desarrollo del actual régimen estatutario de las Autonomías, enmarcado en la Constitución de 1978.

Es cierto que el nacionalismo unifica transversalmente la teoría y la práctica de todos los partidos catalanes hasta ahora existentes; precisamente por ello, está lejos de representar al conjunto de la sociedad. Llamamos, pues, a los ciudadanos de Cataluña identificados con estos planteamientos a reclamar la existencia de un partido político que contribuya al restablecimiento de la realidad.

7 de junio de 2005
Félix de Azúa, Albert Boadella, Francesc de Carreras, Arcadi Espada, Teresa Giménez Barbat, Ana Nuño, Félix Ovejero, Félix Pérez Romera, Xavier Pericay, Ponç Puigdevall, José Vicente Rodríguez Mora, Ferran Toutain, Carlos Trías, Ivan Tubau y Horacio Vázquez Rial.