Cada vez las hipotecas son más largas. En algunos paises ya se plantea que las hipotecas las terminen de pagar los hijos.
Creo que es la peor solución posible para la mayoría de la población. Y sin embargo lo apoyamos.
Hay gente que sigue más o menos el siguiente hilo: ya que no hay manera de comprar con una hipoteca a 30 años, si la hipoetca es a 40 años, aunque no me guste nada, por lo menos me da una opción de compra.
Hay situaciones que favorecen el individualismo, a costa de que todos pierdan, incluidos los individualistas. Es el dilema del prisionero.
Este clásico dice “La policía arresta a dos sospechosos. No hay pruebas suficientes para condenarles, y tras haberles separado, les visita a cada uno y les ofrece el mismo trato: “Si confiesas y tu cómplice continúa sin hablar, él será condenado a la pena total, 10 años, y tú serás liberado. Si él confiesa y tú callas, tú recibirás esa pena y será él el que salga libre. Si ambos permanecéis callados, todo lo que podremos hacer será encerraros 6 meses por un cargo menor. Si ambos confesáis, ambos seréis condenados a 6 años.”"
Como prisionero tienes dos opciones: cooperar con tu cómplice y permanecer callado, o traicionar a tu cómplice y confesar.
Si esperas que tu cómplice escoja cooperar contigo y permanecer en silencio, la opción óptima para ti sería confesar, lo que significaría que serías liberado inmediatamente, mientras tu cómplice tendrá que cumplir una condena de 10 años. Si esperas que tu cómplice decida confesar, tu mejor opción es confesar también, ya que al menos no recibirás la condena completa de 10 años, y sólo tendrás que esperar 6 años, al igual que tu cómplice. Si, sin embargo, ambos decidieseis cooperar y permanecer en silencio, ambos seríais liberados en sólo 6 meses.
Pero estamos hablando de regulación estatal o supraestatal. Y esa regulación debería pensar en la generalidad.
En principio la ley de la oferta y la demanda es muy sencilla. Según ella el mercado encuentra siempre el precio justo por el siguiente método:
- si los ofertantes tienen un precio demasiado alto, los consumidores dejan de comprar y el precio baja.
- si los consumidores pagan un precio demasiado bajo, los ofertantes dejan de vender y el precio sube.
Pero en realidad no es tan sencilla. Para que funcione tiene que haber libre mercado, es decir que los consumidores y los ofertantes puedan operar libremente.
Si, por ejemplo, hay una empresa que mantiene un monopolio, ni los consumidores pueden dejar de comprarle, ni otros ofertantes pueden mejorar la oferta, por lo que el precio se mantiene alto.
Por eso hay leyes antimonopolio.
Ocurre lo mismo siempre que el consumidor no es libre de comprar o no comprar: el precio sube. Este detalle es el que se olvidan normalmente los autodenominados más liberales o más defensores del libre comercio, que solo cuidan la libertad del ofertante, pero eso ya es otra cuestión.
En el mercado inmobiliario hay un gran conjunto de consumidores que no es libre de elegir comprar o no comprar. En ese gran grupo estais o habeis estado todos vosotros, o lo están vuestros hijos. Necesitais comprar una casa porque no quereis que vuestros nietos nazcan en casa de vuestros padres, y los precios son desorbitados, pero no nos queda más remedio que aceptarlos.
En esta situación, si el regulador (el gobierno) permite hipotecas heredables lo que ocurrirá al principio efectivamente, es que los que ahora no pueden comprar con una hipoteca de 30 años, sí que puedan comprar con hipotecas a 40 años, por ejemplo, ya que la cuota es más baja.
¿Eso es bueno, no? No.
Porque en cuanto puedas pagar 800 euros al mes a 40 años, tambien podrás pagar 800 euros al mes a 60 años. Es decir los precios de los pisos van a subir sin freno.
Y al final seguirás necesitando una hipoteca de 800 euros al mes, pero encima a 60 años.
Además ahora, mientras nosotros nos planteamos comprar nuestras casa, tenemos en un horizonte a medio plazo la herencia del piso de nuestros padres. Pero con hipotecas a 60 años nosotros no tendremos casa para dejarles a nuestros hijos. Ni ellos podrán plantearse comprar una propia. Si ya nosotros no podemos comprar casa, ¿cómo van a pagar nuestros hijos la suya, mientras tienen que pagar nuestra hipoteca?
Si el regulador prohibe hipotecas a más de 30 años, por ejemplo, resulta que tú no puedes comprarte el piso. Pero como tú hay mucha gente que no puede comprarse piso… con estos precios.
Así que el precio de los pisos alcanza un límite y no puede seguir subiendo, a riesgo de no encontrar compradores.
Tenemos que darnos cuenta de algo que lo vendedores, de modo consciente o inconsciente tienen muy claro cuando ofertan “Casa por 650 euros al mes”. El límite del precio está en la cuota mensual que podemos pagar. Si ese límite de media está, por ejemplo, en 650 euros, el precio medio del piso es (650 euros * 12 meses * número máximo de años de una hipoteca). Si incrementamos el número máximo de años de una hipoteca, al final solo sube el precio, pero no bajará la cuota.
Ese es el dilema, la solución ideal para los dos prisioneros es que cumplan 6 meses cada uno. Pero la situación ideal para cada prisionero, individualmente, es no ser condenado en absoluto. Solo que el buscar esa solución acaba conduciendo a que ambos prisioneros cumplan 6 años.
En este caso la solución mejor para el conjunto de consumidores es que las hipotecas no puedan durar más de 30 años, pero para uno solo de nosotros, como compradores, es mejor solución que un banco nos dé una hipoteca a 45 años. Solo que la búsqueda de esta solución mejor individualmente, a donde conduce, es a hipotecas de 60 años para todos. Al mismo precio al mes, por supuesto.
El regulador tiene que agilizar el mercado, y liberarlo, pero liberando tambien a los consumidores.
Tiene que agilizar el mercado de alquiler, mover el parque de viviendas vacías…
Pero si no se puede liberar bien, como es el caso actual, hay que regularlo adecuadamente y, desde luego, limitar la burbuja de precios y las hipotecas.
¿A quién beneficia un alto endeudamiento familiar?
Al mercado no le interesa un altísimo endeudamiento, pero un endeudamiento medio-alto no le viene tan mal.
Pero a quien no le interesa en absoluto es a las familias, a los trabajadores, a la inmensa mayoría de los ciudadanos.
Y voy a poner un ejemplo muy simple. Hace unos cinco años yo me planteé dejar el trabajo en que estaba para terminar la carrera. Pagaba (y pago) una hipoteca muy baja, procedente de antes del “boom de precios inmobiliario”, tan baja como para poder asumirla sin problemas con el subsidio del paro. Gracias a eso pude dejar la empresa, acabar la carrera y buscar otro trabajo.
De hecho he cambiado varias veces de trabajo sin problemas, incluso me he planteado cambiar a trabajos con sueldos más bajos porque eran más interesantes. Con una hipoteca de más de 600 euros no podría.
Si hubiese tenido una hipoteca alta hubiese tenido que seguir trabajando, no terminar la carrera y por supuesto aceptar lo que diga la empresa, no reclamar todos mis derechos si se pisotean un poco, etc.
Las hipotecas altas atan a los trabajadores, que tienen -tenemos-, que tragar con lo que nos echen.
