Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /usr/home/guimi.net/web/blogs/cainsiguevivo/wp-settings.php on line 389

Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /usr/home/guimi.net/web/blogs/cainsiguevivo/wp-settings.php on line 404

Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /usr/home/guimi.net/web/blogs/cainsiguevivo/wp-settings.php on line 411

Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /usr/home/guimi.net/web/blogs/cainsiguevivo/wp-settings.php on line 446

Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /usr/home/guimi.net/web/blogs/cainsiguevivo/wp-includes/cache.php on line 99

Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /usr/home/guimi.net/web/blogs/cainsiguevivo/wp-includes/query.php on line 21

Deprecated: Assigning the return value of new by reference is deprecated in /usr/home/guimi.net/web/blogs/cainsiguevivo/wp-includes/theme.php on line 576
Caín Sigue Vivo » Blog Archive » Asmodeo o La banca siempre gana
This page as PDF

Asmodeo o La banca siempre gana

Contribucin de Feo
Hubo un tiempo, mucho antes de la Gran Guerra del Cielo y de la consiguiente cada, en el que en el Paraso reinaba la Armona.
Bueno, eso no es del todo exacto.
A pesar de que el Amor de Dios impregnaba todo cuanto exista, los ngeles, como seres inteligentes que son, tenan diferentes puntos de vista. Y eso, por supuesto, originaba fricciones. No obstante, aquellos no eran ms que eso, meros roces.

Como en todas las sociedades, se haba establecido una Jerarqua aunque, como era Dios quien la haba establecido, nadie se quejaba del lugar que le corresponda en el Plan Divino. As pues, cuando apareca una necesidad, algo que tena que ser hecho, Dios daba forma a Sus pensamientos y un nuevo ngel era creado para satisfacer dicha necesidad.
Asmodeo fue uno de los ltimos ngeles en ser incorporados a la Creacin, y su funcin era notablemente importante.
Por aquel entonces, prcticamente todas las esferas de influencia estaban dirigidas por algn otro ngel y, por si fuera poco, cada uno de ellos se encargaba de su cometido con notable eficiencia. Pero, con el transcurrir de los siglos, los ngeles optimizaron su esfuerzo hasta tal punto que necesitaban muy poco tiempo para mantener en funcionamiento y en perfecto estado operativo la Mquina de la Creacin. Y, por tanto, cuando empezaron a tener tiempo libre, los ngeles comenzaron a aburrirse. A fin de cuentas, Dios los haba creado eficientes pero con muy poca imaginacin.
El proverbio ?Las manos ociosas son las manos del Diablo? an no tena mucho sentido, pero a Dios no le agradaba mucho ver a sus Hijos mirndose el ombligo tras una corta jornada de trabajo. No es que no apreciara sus esfuerzos, ni que le desagradara ver a sus Vstagos disfrutar de un merecido descanso.
Simplemente, no le satisfaca ver sus caras aburridas. As que, en un arranque de inspiracin, Dios se puso, de nuevo, manos a la obra y, de la fuente inagotable de Sus pensamientos, engendr a Asmodeo y le explic cual sera su tarea.
Y Asmodeo, satisfecho y agradecido con el Creador, se puso manos a la obra.

Los milenios haban pasado apacible y serenamente. Las cosas en el Cielo transcurran perfectamente, como deba ser, y en el vasto Universo, los planetas se haban enfriado lo suficiente como para albergar vida en ellos.
De hecho, como si de un Jardinero manitico y presa de un ataque de nervios se tratara, Dios se paseaba por todos y cada uno de ellos, escogiendo algunos de ellos al azar y plantando en ellos las semillas de la vida. La tarea no le llev mucho tiempo, ya que ya estaba en todos y cada uno de ellos (ventajas de la Omnipresencia, acelera un poco las cosas).
Pero en fin, volvamos al Paraso.
Tal y como se ha dicho unas lneas ms arriba, todo iba perfectamente.
Desde el instante posterior a su nacimiento, Asmodeo, el ms imaginativo de todos los ngeles, haba enseado a sus hermanos centenares de juegos para que estos pudieran disfrutar de su tiempo libre. Tal era su entusiasmo que, prcticamente, haba diseado un juego para cada uno de los dems ngeles.
As pues, para gente como Lauren y Mikel, haba ideado un juego que consista en alcanzarse el uno al otro en determinadas partes del cuerpo, ya fuera con su propio cuerpo o con las herramientas que ellos mismos conjuraran. As naci el Arte de la Guerra.
En el caso de personajes de naturaleza ms tranquila y reflexiva, como Dad o Novalis, el juego consista en inventar una serie de razonamientos y proposiciones lgicas que cada uno de los participantes tena que defender a la par que intentaba hacer caer a su oponente en un error. As naci el Arte de la Oratoria y la Poltica.
Y as sucesivamente.
Lo mejor de todo consista es que Asmodeo se limitaba nicamente a sugerir a los participantes de sus juegos slo unas pocas reglas bsicas, y cuando stos aadan o supriman algunas de ellas, Asmodeo senta un profundo orgullo y una gran satisfaccin, ya que ello indicaba que los jugadores se tomaban en serio sus juegos y cada vez ponan ms inters en ellos.
Y claro, Dios se senta satisfecho con su labor. Es decir, con l.
Pero ……
S, es cierto, siempre hay un pero. Es como si Dios hubiera creado Su Propio Juego y, sin explicar las reglas, nos hubiera puesto en el Tablero y comenzado a tirar dados.
Extraoficialmente: se trataba precisamente de eso. Y adems, haca trampas. Muchas.
Bueno, sigamos.
Pero Asmodeo se haba dado cuenta de una cosa. A la hora de crear sus juegos, lo haba hecho de acuerdo con la naturaleza intrnseca de los futuros participantes,
As pues, si bien la mayora de los ngeles se entretenan con juegos en los que la mayor complicacin era una simple repeticin de las leyes del azar, haba otros ngeles cuya mente haba requerido un gran esfuerzo. ngeles cuyo juego haba sido como un ajedrez de seiscientas casillas de lado y ms de mil piezas en cada bando.
El problema era que l mismo ya saba jugar a todos y cada uno de los juegos que inventaba y ninguno era demasiado complejo, en realidad. Entonces, si los ngeles que ocupaban posiciones importantes en la Jerarqua precisaban de juegos cada vez ms complejos, y l, el creador de juegos, no tardaba en derrotar a aquellos ngeles en los juegos que haba creado para ellos, eso no significaba que, en cierta forma, Asmodeo era superior a todos los dems ngeles?
Esto era algo que preocupaba seriamente a Asmodeo. l jugaba con los dems el tiempo suficiente para que ellos aprendieran las reglas y se desenvolvieran en el juego. Pero como siempre ganaba, jugaba con ellos slo lo estrictamente necesario, no fuera que terminaran por aborrecer el juego.
De todas formas, aquello no era del todo exacto. No ganaba siempre. Haban unos cuantos que aprendan rpidamente. Tipos como Yves, Kronos o Lucero, que enseguida captaban el espritu del juego y con los que realmente vala la pena jugar ya que, con ellos, exista una seria posibilidad de perder.
Y, cmo no!, tambin estaba Jess, aquel niato vago y apestoso que, en cuanto poda, consultaba con el Jefe qu tena que hacer y, por tanto, siempre ganaba. Era al nico que no aguantaba en toda la inmensidad del Cielo.
As pues, Asmodeo estaba muy preocupado. No quera ser superior a los dems ngeles. No quera ganar siempre. Slo quera jugar. Y las tres nicas personas con las que poda hacerlo a gusto estaban demasiado ocupadas.
Yves era el ms ocupado de todos. Siempre estaba yendo de aqu para all, supervisando esto o aquello, comprobando que los engranajes estuvieran siempre bien engrasados. La ltima vez que el pobre Yves y l se haban echado una partida haba sido cuatrocientos aos atrs. Y, adems, no haban podido terminar la partida porque el entrometido de Jess haba aparecido de improviso y haba empezado a taladrar.
Y Kronos! Lo mejor de l era que no le importaba perder en absoluto, aunque no lo hiciera con demasiada frecuencia. Las partidas con l eran tranquilas y sosegadas, y siempre duraban mucho tiempo. Asmodeo le preguntaba cmo se las apaaba para estar tanto tiempo seguido jugando y, adems, cumplir con sus obligaciones. Kronos responda que estaba muy bien organizado y que, de todas formas, el Tiempo no era tan importante. Su carcter tranquilo y humilde era lo que ms le gustaba de l. Y adems era tan inteligente! Casi siempre se anticipaba a sus jugadas, obligndole a improvisar continuamente. No obstante, tambin estaba terriblemente ocupado.
Pero Lucero era sin duda el mejor de sus contrincantes. Lucero era, simplemente, el mejor. Era inteligente y rpido de pensamiento, con una memoria y un talento natural para la estrategia realmente sorprendente. Con Lucero haba jugado algunas de las partidas ms interesantes y emocionantes de toda su existencia. Y adems, amaba el Juego casi tanto como el propio Asmodeo. Una vez estuvieron jugando durante tanto tiempo que el mismo Creador, intrigado, se pas un momento por all. Ambos se haban sentido extremadamente halagados. Por desgracia, Lucero estaba ahora embelesado por unas nuevas criaturas que Dios haba creado en un insignificante planeta de color azul.
Una verdadera lstima! Haba creado y probado tantos juegos con y para l.
An as, Asmodeo continuaba con su trabajo, ideando nuevos pasatiempos casi a cada hora. No obstante, cada vez estaba un poquito ms triste, un poquito ms aburrido.

Los milenios siguieron pasando y los ngeles seguan cumpliendo con su labor.
ltimamente, en los dos siglos anteriores, la presencia de Dios era cada vez ms rara. Se rumoreaba que estaba encerrado en Su despacho, fraguando Su siguiente paso en Su Obra. No obstante, nadie estaba preocupado. Era bien sabido que Dios estaba en todas partes y, adems, las carcajadas ocasionales que solan orse tras Su puerta indicaban que todo iba bien. Tal y como l quera.
Una tarde en la que Asmodeo se encontraba particularmente desdichado, la voz de Dios entr como un suave susurro en su mente.
-Asmodeo, hijo Mo, requiero tu presencia. Tengo una sorpresa para ti.
El aludido peg un bote asombrado y, lleno de jbilo, se puso en marcha.
Claro! Cmo he podido ser tan estpido? Deb haber ido a Su presencia hace mucho tiempo, para explicarle mi abatimiento!
Y tarareando una meloda que Morax le haba enseado ocho mil aos atrs, Asmodeo llam a Su puerta.
-Entra hijo Mo ?respondi Dios desde el interior.
Y Asmodeo se encontr ante l. Haca mucho tiempo desde la ltima vez que haba estado ante Su presencia pero, por supuesto, no le haba olvidado.
Como siempre, una oleada de Amor recorri su cuerpo. Sin ser consciente de ello, Asmodeo se tumb en el suelo, boca abajo, en seal de respeto.
Dios sonri indulgente (siempre lo haca) y con un gesto le indic que se alzara.
Asmodeo obedeci y no pudo evitar echar un vistazo a su alrededor. Pocas veces alguien poda ver el lugar donde Dios fraguaba sus planes y, como todos ellos, Asmodeo vio muchas cosas, pero no comprendi ninguna.
Ante l, en la mesa de trabajo, se extenda un enorme laberinto de proporciones picas y de una belleza tal que le sobrecogi en lo ms hondo de su ser.
Abri la boca para hablar pero Dios, sonriendo, se le adelant:
-Lo que ves, amado hijo, es la totalidad de la Creacin. Este punto ?seal el centro del laberinto-, es el instante en que Todo empez. Este otro ?seal una de las miles de salidas-, es el futuro ms lejano que he construido hasta ahora.
Asmodeo, anonadado, consigui mover los labios un par de fracciones de nanmetros. Ante sus ojos, el laberinto empez a brillar en distintos colores, cada uno perfecto y brillante, tan parecidos los unos a los otros como distintos en sus sutiles diferencias.
Aquello era impresionante. Realmente, no haba palabras para describirlo pero, para que nos hagamos una idea, era HERMOSO.
-Cuntame qu te pasa, hijo Mo. Porqu eres desdichado?
El ngel empez a hablar de sus dudas y sus inquietudes mientras Dios asenta, sin dejar de sonrer, como si escuchara una historia que ya conociera de tiempo atrs.
-Hijo Mo- prosigui Dios en cuanto Asmodeo hubo terminado-, no has de preocuparte por nada. Desde el momento de tu creacin has sido especial, porque Yo te hice as. Porque Yo te imagin as. Todos estos aos has cumplido perfectamente con la funcin que te encomend. Y ahora, por fin, ests preparado para dar el paso siguiente. Has de saber que tu misin consiste en la creacin de un Juego, el mayor y ms colosal que jams hayas imaginado. Y debes hacerlo rpido, pues queda poco tiempo.
-S, Padre ?contest Asmodeo presa de una sbita preocupacin.
El destino de la Creacin, aquel laberinto tan maravilloso y espectacular, estaba en sus manos. Realmente, se senta muy pequeo en aquellos instantes. Y pensar que se haba credo el ms importante de Sus hijos!
-Algn consejo? Alguna gua antes de comenzar? ?Empez a decir , pero se dio cuenta de que ya no estaba en Su despacho.

Asmodeo se paseaba nerviosamente por la zona del Cielo que consideraba como sus estancias.
Haban pasado slo dos horas y estaba desesperado. Peor que eso: estaba en blanco. l, que haba creado tantos y tantos juegos! No se le ocurra nada!
As que deambulaba frenticamente arriba y abajo, como un adolescente al que se le ha castigado injustamente a quedarse en casa un sbado por la noche.
Tan absorto estaba que no cay en la cuenta de que Lucero haba llegado. Pasado un rato, ste carraspe educadamente para llamar su atencin.
-Ah, Lucero. Perdona, no te haba visto.
-Asmodeo, tienes un momento?
Iba a responder que no, que estaba muy ocupado y que tena muchas cosas que hacer, pero refren sus palabras. De todos los ngeles del Cielo, Lucero era a quien profesaba ms afecto. Y pareca tan afligido! Quizs debera escuchar sus problemas. Y quizs l le proporcionara alguna ayuda. A fin de cuentas, Lucero haba demostrado ser casi tan bueno como l inventando juegos.
-Dme Lucero, en qu puedo ayudarte?
-Vers, viejo amigo. Estoy tan preocupado!
-Y eso? Qu es lo que te aflige?
-Has estado en ese planeta nuevo? se en el que han sido creados los hombres? ?pregunt Lucero a su vez.
-No. La verdad, no s qu pueden tener de interesantes.
-Eso es porque nunca has ido a verlos. Son ….. son …..
Asmodeo contempl a su amigo. Desde que lo conoca no recordaba ni una sola vez en que Lucero se hubiera quedado sin palabras.
-Son …. son tan ….. dinmicos! ?explot Lucero por fin-. Tendras que verlos! Siempre estn de aqu para all, explorndolo todo, tocndolo todo ?Lucero estaba exultante, pletrico como pocas veces lo haba visto Asmodeo-. Y son tan hermosos! ?continu-. Realmente, son Sus elegidos. Tienen tanto potencial!
-Y eso te preocupa, Lucero? ?consigui intercalar.
-No, vers ?y su voz se ti de tristeza-. Es que son tan frgiles. Necesitan comer y descansar casi continuamente. No soportan bien ni el fro ni el calor. El otro da observ a uno de ellos desde lejos. Estaba en una montaa, contemplando maravillado el paisaje que se extenda ante l cuando, de repente, resbal y cay al suelo. Esper cinco minutos a ver si se levantaba de nuevo, pero permaneca tumbado en el suelo, sobre la roca y la hierba. Finalmente, intrigado, me acerqu a l. Ojal no lo hubiera hecho! Una mancha, roja y enorme, se extenda sobre la roca, y en su cabeza haba una gran grieta. Enseguida comprend que estaba ….. que estaba muerto. Muerto!
Y, acto seguido, dejando an ms sorprendido al anfitrin, se ech a llorar. Poco a poco Lucero se calm y continu hablando.
-El caso es que, desde entonces, he estado pensando en cmo solucionar ese problema. Su corta vida. Tienes alguna idea?
Asmodeo empez a meditar sobre el asunto, pero sus propias preocupaciones le impidieron llegar muy lejos en sus razonamientos.
-Mira, no ?respondi al fin. Y entonces se le ocurri-. Pero tal vez a l s. Por qu no pides una cita para hablar con Padre?
-Bueno, no s. Ya sabes que siempre est muy ocupado. Tardar varios aos en encontrar un hueco para m.
-Mejor que mejor ?respondi Asmodeo con una enorme sonrisa-. Posiblemente, para entonces quizs ya hayas encontrado una respuesta a tus preguntas. Y seguro que l les da el visto bueno.
-Seguro?
-Me apuesto lo que quieras a que s.
Y, mientras Lucero se iba a concertar una cita con el Creador, Asmodeo continu pensando en su problema.

Pasaron veinticinco aos y las cosas cambiaron en el Cielo. Y, como suele suceder, un cambio en el Paraso es el primer paso hacia el Infierno.
All abajo, sin embargo, las cosas seguan bastante iguales. Los hombres seguan muriendo pero, poco a poco, se iban extendiendo ms y ms por la superficie de su planeta.
Asmodeo segua sin poder concebir ningn juego que estuviera a la altura de las expectativas que Dios haba puesto sobre l. As pues, su carcter empez a volverse un tanto hurao y, en cuanto se daba cuenta de ello, lo remediaba volviendo a su antiguo comportamiento, extrovertido y jovial.
Si por aquel entonces hubiera habido psiclogos y Asmodeo hubiera sido humano, el diagnstico hubiese sido: ?Leve alteracin nerviosa. Principio de esquizofrenia?.
Excepto por los das en los que volva a ser el de siempre, Asmodeo empez a ser rehuido por algunos de los ngeles ms sensibles. Por supuesto, aquello le hubiera llegado a importar si hubiera llegado a darse cuenta. Pero estaba demasiado ocupado.
Lucero fue el nico que se molestaba en visitarle peridicamente, aproximadamente una vez al mes. En sus visitas le hablaba de los progresos de los humanos, de las ideas que se le ocurran y de la inminente reunin con Dios. Asmodeo crea recordar que la ltima vez que se vieron Lucero haba dicho que crea haber dado con la solucin:
-Slo tenemos que procrear con ellos! Los descendientes atesoraran las mejores cualidades de los progenitores. De su parte humana conservaran su imaginacin e inventiva, muy por encima de los estndares angelicales. Y de nuestra parte heredaran nuestra longevidad y resistencia. Es la mejor solucin! La nica! ?Exclam Lucero.
Asmodeo, hastiado de escuchar a su amigo una y otra vez, decidi que sera buena idea deshacerse de l.
-Escucha ?contest-. An faltan unos cuantos aos para la audiencia con Dios. Porqu no le comentas tu idea unos cuantos ms, a ver qu les parece? Y, si sois muchos quienes apoyis la idea, seguramente eso, y no otra cosa, convencer a Dios de su validez.
-T crees?
-Seguro que s. Te apuesto lo que quieras. Y ya sabes que nunca pierdo.
Y, brincando de alegra, Lucero se fue pegando saltos de alegra, a contar su idea a los dems ngeles.
En el lapso de cuatro aos la idea se extendi por el Cielo con relativa lentitud y, aunque haba muchos que coincidieron con l, tambin es verdad que no pocos no creyeron en ella.
Sin embargo, todos, sin excepcin, acababan diciendo:
-Bueno, ser lo que l quiera.
Y mientras tanto, Asmodeo cavilaba y cavilaba, muchos ngeles se acercaron a l y le preguntaron acerca de la idea que haba tenido Lucero, pues todos saban que los dos eran grandes amigos.
Y Asmodeo responda a sus preguntas con impaciencia, y sus respuestas variaban segn el humor que tuviera aquel da. Si estaba contento la idea le pareca buena, casi digna de l. Pero si estaba malhumorado o deprimido la idea le pareca mala y contestaba que l jams dara su aprobacin.
Y, segn hablaban con l, los ngeles contemplaban con buenos o malos ojos la idea, llegando en ocasiones a cambiar de opinin.
Pero Asmodeo no poda perder el tiempo con tonteras, y volva a enfrascarse en sus pensamientos.
Finalmente, en el trigsimo tercer aniversario de la tarde en la que Dios le haba encargado Su Juego, Asmodeo sinti un gran hormigueo en su interior. La semilla de una idea haba germinado en su mente.
Inmensamente contento, recorri el Firmamento en busca de alguien con quien celebrarlo. Pero no encontr a nadie.
El pasmo dur tan solo unos segundos, hasta que record que aquella tarde, precisamente aquella tarde, Dios iba a conceder audiencia a Lucero. Y como la idea haba creado una gran expectacin en el Cielo, todos los ngeles, tanto aquellos que la apoyaban como los que se oponan a ella, estaran presentes.
Realmente, pens, aquella era una curiosa coincidencia.
Y justo cuando pens aquella ltima palabra, un Pensamiento, con la fuerza de un trilln de Bombas de Hidrgeno, se dej or en todas y cada una de las mentes del Cielo:
-NO! ? respondi Dios a la peticin de Lucero.
Y curiosamente, aunque su negativa era tajante, no pareca particularmente enojado.

Satans, el anteriormente llamado Lucero, se materializ delante de Asmodeo.
-Vamos. Tenemos una guerra que librar.
Asmodeo, conocedor del nuevo carcter de su amigo, slo lo intent una vez.
-Seguro que no puedes dejarlo correr? Recuerda quien es l, y que l sabe lo que es mejor.
-Bien. Eso ya lo veremos ?Y ech a andar.
Con un titubeo, Asmodeo empez a seguir a su amigo. No haba dado dos pasos cuando, suave como el aleteo de una mariposa, la voz de Dios se desliz en su mente.
-Has hecho un buen trabajo, Asmodeo. Has creado un Juego digno de M ?y, tras una pausa, aadi: -Sabes? No tienes por qu luchar a su lado.
-Lo siento, Jefe ?contest mentalmente con el respeto que siempre le haba profesado-, pero una apuesta es una apuesta.
Y Asmodeo ech a andar detrs de su amigo.
Y Dios, repantigado en Su silln, contemplando el laberinto de Su Propia Creacin, sonri como si escuchara una divertida historia que ya conoca desde haca mucho tiempo atrs.
Y, silenciosamente, procurando que ningn ngel le oyera, se ech a rer.

Comments are closed.