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Caín Sigue Vivo » contribuciones
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Archive for the ‘contribuciones’ Category

Nuevo Blog sobre Informática

Friday, May 29th, 2009

Ha nacido un nuevo Blog sobre informática llamado Hiparco, en honor a Hiparco de Nicea, quien es considerado el primer astrónomo científico de la historia.
Iba a llamarlo Herón, en honor a Herón de Alejandría un gran inventor de la antigüedad, probablemente el más famoso. Pero ya hay demasiadas referencias a Herón en la web. Además en España “Herón” se relaciona sobre todo con una empresa de espacios de ocio, por lo que de una manera un poco rara, mucha gente confunde Herón con el cesar Nerón acusado injustamente de incendiar Roma y cuya imagen en el subconsciente colectivo -un loco bebedor con un arpa- se ajusta más a un sitio de ocio.

Para comenzar he copiado los artículos del blog de opinión Caín Sigue Vivo que versaban sobre informática. Así a partir de ahora Caín Sigue Vivo queda para artículos de opinión, relatos, curiosidades y asuntos varios e Hiparco queda para artículos técnicos sobre informática.

Además estoy volcando todos los documentos técnicos que tenía en la web al nuevo Blog.

En principio este será el último artículo que aparecerá repetido en ambos Blogs.

Arturo

Friday, October 6th, 2006

Contribución de Feo

Todo comenzó en una noche lluviosa como esta, en un bar cuyo nombre permanece en el olvido, perdido en las brumas de la juventud y en las sombras del alcohol.
Por aquel entonces yo era un jovenzuelo de apenas veinte años que, con mis metro setenta de estatura, apenas pesaba más de sesenta kilos. Llevaba el pelo corto, cortado casi a cepillo, e intentaba con poco éxito dejarme un rastro de barba que me tapara la cara y me hiciera parecer algo más interesante al sexo femenino.
Obviamente, provocaba más alguna sonrisita sarcástica que otra cosa.
Recuerdo que mi ánimo era tormentoso, como el cielo nocturno de aquella velada. En mi mente resonaban antiguas canciones de Los Rodríguez e intentaba ahogar en alcohol el recuerdo de una novia ya olvidada, aunque por aquel entonces aquella fémina había significado todo para mí.
Perdóname si me extiendo en la introducción, pero me sirve de recordatorio para los detalles de aquella noche, a la vez que me provoca cierta nostalgia embeberme en los recuerdos de aquella época.
Pero en fin, intentemos ir al grano ahora que ya casi he conseguido meterme en situación.

Borracho como estaba, me acerqué a una mesa de billar que, como una amante despechada, reinaba en la soledad de un rincón. Siempre me he enorgullecido de mi habilidad para las carambolas y de mi puntería, así que decidí desahogarme un poco con un taco, la bola blanca y las restantes quince.
Una tras otra, las partidas se sucedían y mi mente se desembotaba un poco, cuando se me acercó un tipo, alto y vestido de cuero, con el propósito de unirse a mí en la mesa.
Harto de jugar en solitario, decidí que la compañía me haría bien. Así que empezamos a jugar, al principio por diversión y cruzando pequeñas apuestas. Por supuesto, yo estaba empapado de películas como “El Buscavidas” y “El Color Del Dinero”, pero aquel tío era muy bueno en su trabajo, y poco a poco mi orgullo fue ganando la batalla y yo perdiendo mi dinero.
Mientras jugábamos, apenas me percaté de los tres matones que, estratégicamente, se habían colocado para cubrir cualquier vía de escape que pudiera seguir.
Así que, en la última de las partidas, aquella en la que había apostado más de lo que podía jugarme, me encontré en una situación de esas que no las deseas ni para tu peor enemigo.
Mi contrincante metió la fatídica bola negra en la tronera correspondiente y yo fui retrocediendo, inconscientemente, hacia la pared. El choque de la misma contra mi espalda tuvo la virtud de terminar de borrar los últimos rastros de alcohol de mi enturbiada cabeza.
Como movidos por una invisible señal, me vi rodeado por 4 tíos que me reclamaban un dinero que no podía pagar. Resignado, me preparé para recibir la primera paliza de mi vida, aunque esperaba que, por lo menos, tuviera el coraje suficiente como para dar algún puñetazo antes de caer sangrando al suelo.
En un momento de la discusión, uno de ellos sacó una navaja y lanzó un par de tajos que logré esquivar de puro milagro. No obstante, me di por perdido en cuanto uno de ellos consiguió colocarse detrás mía y sujetarme fuertemente los brazos. Medio inmovilizado, me revolví como pude pero fue inútil.
Y de nuevo, el cliché sacado de una película de serie B se repitió.
El matón contra el que había jugado al billar se acercó lentamente hacia mí, con la malsana intención de hacerme temblar de miedo. Tan absorto estaba conmigo que uno de sus amigos fue el que tuvo que llamarle la atención acerca del hombre que se le acercaba con paso tranquilo.
En aquel momento no pude distinguir sus facciones, pero siempre recordaré su figura acercándose hasta nosotros como quien fuera a saludar a unos amigos a los que no veía desde hacía mucho tiempo.
El matón se volvió hacia él e intercambiaron unas pocas frases. El recién llegado quería que me soltaran. El matón no estaba dispuesto a ello. La tensión se podía cortar con la navaja de mi agresor y no tardó en lanzar un tajo hacia el pecho del invitado sorpresa.
La mano se detuvo a medio camino del final, pues aquel hombre le había agarrado de la muñeca a mitad de trayectoria y, girando el brazo, le puso la mano detrás de la espalda y, con la zurda, le cogió del cuello.
Imperturbable, se limitó a apretar y acercar su cara a la suya suavemente, como si pretendiera darle un beso en los labios. Los otros tres matones estaban estupefactos y el que me sujetaba aflojó su presa. Inconscientemente, levanté mi codo en un movimiento brusco y lo estrellé contra su cara. Apenas me di cuenta de que con el retroceso, mi captor se había golpeado la cabeza contra la pared y cayó medio inconsciente al suelo.
En aquel momento yo sólo pensaba en colocarme a la derecha de aquel desconocido para, en el caso de que fuera necesario, luchar a su lado. Afortunadamente para los matones, cosa que en aquellos instantes yo todavía no sabía, aquello no fue necesario.
En cuanto me coloqué a su diestra, el desconocido se libró de mi agresor con un empujón y rodeándome con un brazo, tal y como se cogen los amigos, me obligó a darme la vuelta y los dejamos allí recogiendo al inconsciente y saliendo como si el diablo los persiguiera, de aquel antro.
Ajeno a todo aquello, el hombre que me había salvado de una paliza, me condujo hasta una mesa y con un gesto me indicó que me sentara.
Permanecimos en silencio unos minutos más. Yo no tenía fuerzas para decir nada y mi compañero parecía preferir el silencio. En aquellos momentos aproveché para fijarme en él.
Medía un poco más de metro ochenta y era robusto, aunque no estaba gordo. Se le notaba que era muy fuerte y que apenas se había empleado a fondo, ya que no había sudado ni una gota, mientras que yo estaba empapado.
Vestía botas de piel y vaqueros negros. Encima de una camiseta negra llevaba una de esas chupas de cuero cruzadas que son tan frecuentes en motoristas. El pelo, moreno y largo, lo llevaba suelto sobre los hombros, y su cara estaba enmarcada por una espesa barba. No obstante, se le adivinaban más de una cicatriz y su ceja izquierda estaba rota en más de una parte.
Abrí la boca para empezar a agradecerle su gesto cuando levantó una mano para hacerme callar. Se dio la vuelta y llamó a una de las camareras que pasaba cerca de allí. Cuando se acercó, pedí un vodka con limón y cuando le tocó su turno, sonriendo como si recordara un mal chiste, pidió una botella de ginebra, cambió lo mío por una botella de whisky.
Guardé silencio hasta que nos trajeron las bebidas, que él pagó con un par de billetes, y brindamos en silencio. Yo porque no dije nada, y él porque lo que dijo fue en voz tan baja que no pude entenderlo.
Cuando por fin apuramos casi dos tercios de nuestros vasos, alargó su mano y se presentó. “Arthur”, exclamó con un fuerte acento inglés. Le dije mi nombre y continuamos bebiendo sin apenas mediar palabra.
Poco a poco la conversación nació espontáneamente y me asaltó a preguntas. Hombre de mundo como era, seguramente había intuido mi estado de ánimo y sabía que necesitaba contar mis penas a un extraño con unos buenos tragos de alcohol.
Así que pasamos la siguiente hora y media hablando de mí y de mis desdichas. Al final, exhausto y borracho, empecé a darme cuenta de que apenas sabía nada de él. Así que empecé a preguntarle por él.
Supongo que sino hubiera estado tan borracho él no hubiera contestado a ninguna de mis preguntas y, aunque he olvidado muchos detalles de la historia, siempre recordaré la frase con la que empezó su relato:
“¿Recuerdas aquella historia en la que una furcia le entregó una espada a un tío y se convirtió en Rey? Bien, pues aquel tío era mi padre.”
Asintiendo, reí ante el relato, seguramente inventado e inspirado por la ginebra, le hice un gesto para que continuara.
Poco a poco me fui metiendo en sus desvaríos, adentrándome en la sencilla historia que se desplegaba ante mí.
En su relato se mezclaba la mitología artúrica narrada con una melancolía tal que en algunos momentos creí ver alguna lágrima que se perdía en las profundidades de su barba.
Así, en mi mente se desarrolló la vida de un crío al que un cruel mago había elevado al trono, jugando con él para unir una tierra que no debía ser unida jamás, hundiéndola en guerras y miserias. Cuando por fin parecía que con el casamiento de la doncella Ginebra traería la paz, el maldito Merlín propició el enamoramiento de su mejor amigo con su futura esposa, tramando ya desde el principio el fatal desenlace.
Más tarde, viendo que los caballeros de la famosa mesa parecían recobrar el orden y la paz, los envió a una imposible misión, la de recuperar una copa que un hombre había usado en una cena hacía muchos siglos atrás. Y no contentó con ello, se alió con la hermanastra del Rey para concebir un bastardo que le sucedería y que accedería al trono, asegurando así que la corrupción del poder se propagaría generación tras generación. Y para rematar la faena, impulsó una guerra parricida en la que el Rey estuvo a punto de morir a manos de su hijo.
“Y allí, tendido en el campo de batalla, herido mortalmente, noté como unas manos me cogían de las axilas y me sacaban de allí. Nunca supe el nombre de mi salvador, pero bien sabía lo que esperaba de mí. Pretendía que continuara con vida para luchar contra Merlín en cuanto me recuperase. Quería utilizarme tal y como lo habían hecho desde mi nacimiento. Así que hice lo más sensato que un hombre podía hacer. Hundí mi acero en sus entrañas y luego le corté la cabeza para asegurarme de su muerte. Sabiendo que todos me considerarían muerto, huí de Inglaterra y dejé pasar varios siglos antes de volver.”
El resto de la historia perdió fuerza a partir de entonces, o bien era que yo ya estaba a punto de desmayarme por el alcohol. No lo sé, el caso es que poco recuerdo de aquella parte de la narración.
Cuando le pregunté, recuerdo que me contestó que no sabía porqué seguía vivo, pero que tampoco le importaba mucho. Era libre y con eso le bastaba. Dijo que en ocasiones había sentido miedo, pues le había parecido ver a algunos de sus Caballeros aún buscando aquel arcano cáliz, pero la última vez había sido ya hacía un siglo y medio. “Pero, no pude evitar preguntarle, ¿qué fue de Excálibur?”
A lo que se limitó a sonreír en silencio y menear la cabeza.
Llegó la hora de despedirnos y le acompañé hasta la acera, donde le esperaba su moto para continuar su viaje. Apoyado en la puerta del bar, vi como encendía el motor y en mis oídos sonó como un enorme caballo relinchando de placer al ponerse en marcha y poder galopar de nuevo.
Contemplé como se adentraba en la oscuridad de la noche, rota tan solo por la iluminación de las farolas y recordé que aún quedaba un tercio de una botella de whisky esperándome en el interior del bar. Así que volví a la mesa y le terminé. Han pasado cincuenta años desde entonces y aunque viva otros cincuenta jamás olvidaré la noche en la que conocí a una leyenda.
Diréis que estoy loco. Que Arturo y Ginebra, Lanzarote, Merlín, Morgana, Mordred y los demás jamás existieron. Y que aunque así fuera, nadie puede vivir más de mil años, recorriendo el mundo sólo por el placer de sentirse libre, salvando a jovenzuelos que se han metido en apuros por intentar olvidar a una mujer.
No obstante, vosotros no estuvisteis allí. No oísteis su voz contándome la historia, sus ojos refulgiendo en la semioscuridad del bar. A mí sólo eso ya me basta para convencerme de la verdad.
Sin embargo, tengo una prueba en mi poder, una que está guardada en una caja de seguridad de un banco con una copia de este relato y que mi hijo, al que llamé Arturo, heredará cuando yo ya no esté con vosotros.
Y es que cuando volví a la mesa en mi sitio, al lado de la botella, Arturo, o Arthur como se hacía llamar por aquel entonces, me había dejado un regalo de despedida: una antigua moneda de oro. En un lado estaba grabado una cara enormemente parecida a la de aquel que había pagado las cuentas. En el reverso, grabado en latín, una frase que no tuve dificultad en traducir: “El Rey y la Tierra son uno”.

El sufrido paciente médico

Thursday, August 3rd, 2006

Contribución de scila

A medida que avanza la medicina en sus conocimientos retroceden en su trato al paciente.

Hay un tema que me tiene enrojecido de apasionado cabreo desde hace siglos, el mal trato que la inmensa mayoría de la “clase” médica ejerce sobre los pacientes. Y pondré algunos ejemplos para aquellos que tiendan a rebatirme y afirmar que no, que son la hostia de buenos y eficaces.

Cuando a uno cualquiera de nosotros se le ocurre ir al médico, sea de cabecera o especialista en algo, comienza por creerse aquello de que la cita previa consiste en llamar, pedir hora y presentarse un cuarto de hora antes- por si acaso- en la seguridad de tener que esperar ese cuarto de hora y media más.
Pues no, has de esperar el cuarto de hora de cortesía que les has dado y dos horas, más o menos, para que te atienda tu médico de cabecera mientras despacha al anterior paciente, que aún no ha salido de la consulta. Le explicas qué pretendes, o sea que te cure o alivie la dolencia que te aqueja y no logras atraer su atención, quieres suponer que se está enterando de todo lo que le dices y que toma nota con aplicación pero, más tarde, comprobarás que no se ha enterado de casi nada.
De repente te interrumpe y dice que te tomes esto y aquello y que vuelvas dentro de quince días, y que salgas que ya está llamando al siguiente, que tropieza en la puerta con el anterior que estaba saliendo todavía con lo cual se ha enterado de tus males y de qué te ha recetado el, o la, médica, con lo que ya sois tres en la consulta. Menos mal que no has tenido que enseñarle los bajos, habría sido, a veces lo es, un espectáculo lamentable y degradante.

Cuando sales de la farmacia con las medicinas y muchos menos euros que al entrar, las medicinas han alcanzado un precio de joyas raras, te das cuenta que no te ha dicho el médico cuantas te tienes que tomar al día, ni cuantos días, tan sólo que “vuelvas” en 15 días. ¡Joder!

Vale, piensas, me leeré el prospecto informativo. Y te lo lees, y empalideces y tiemblas cuando te enteras de que, para tomarte eso, deben hacerte previamente una analítica completa que determine tus niveles de ésto y de aquello o corres grave riesgo de muerte o deceso si lo tomas sin ese análisis previo, que debe repetirse cada ocho días para comprobar las alteraciones que puede producir el medicamento que hora te quema en la mano.

¿Y qué haces? Tú tienes un problema, el que fuere, tienes una receta y la medicina… pues te lo tomas, con dos… Y pueden pasar dos cosas, o que te haga efecto positivo o que no. Si te hace efecto, pues qué bien, y si no dentro de quince días vuelves, esperas las dos horas reglamentarias y le dices en la cara al suplente, ese día libra el titular, que no te ha hecho nada el medicamento.
Y el suplente sin levantar la vista de la mesa, ese gesto ya es epidémico, te receta otra cosa y te dice que esto casi seguro que te aliviará pero que, en caso contrario, no lo dudes, vuelvas dentro de quince días que ya estará tu médico de cabecera y se lo cuentes a él.

Te quedas con la boca abierta, se te olvida otra vez preguntar la dosis y el porqué nadie te pide la analítica que prescribe el prospecto y el siguiente, que ya ha entrado en la consulta, te mira de malos modos por que quiere un poquito de intimidad con su médico suplente. Y te vas runruneando la posibilidad de hacer una hombrada e irte a un especialista de pago, lo que cueste, para que de una vez te atiendan como dios manda, y te receten lo que toca y te devuelvan la salud de hierro habitual. Y te puedas sentir paciente pero con dignidad.

No os canso más, os contaré lo que sigue otro día, si os parece bien.
Saludos calurosos (36º dentro de la piscina)

Palabras con 5 vocales

Wednesday, July 12th, 2006

Nos comenta Moisés:
En una entrevista en televisión, la escritora Lucía Etxevarría, dijo que “murciélago” es la única palabra en nuestro idioma que tiene las cinco vocales.
Poco despues, enviaron la siguiente carta a un periódico:

… ¡Confiturera, frene la euforia! Un arquitecto escuálido llamado Aurelio (o Eulalio… o Ausencio) dice que lo más auténtico es tener un abuelito que lleve un traje reticulado y siga el arquetipo de aquél viejo reumático, desahuciado y repudiado, que consiguiera en su tiempo ser esquilado por un comunicante que cometió adulterio con una encubridora cerca del estanquillo (sin usar estimulador).
Señora escritora: si el peliagudo enunciado de la ecuación la deja irresoluta, olvide su menstruación y piense de modo jerárquico. No se atragante con esta perturbación, que no va con su milonguera y meticulosa educación, y repita conmigo, como diría Cantinflas: “¡Lo que es la falta de ignorancia!”

y es que lo que más nos gusta es pillar a los demás en falta… ;-)

Lo que debemos hacer

Thursday, March 16th, 2006

Contribución de Ana
Estoy leyendo una compilación de conferencias del científico-filósofo Bertrand Russell, es una maravilla leer en los tiempos que corren unos pensamientos tan libres, tan críticos y escépticos. Me ha gustado especialmente la conclusión de la conferencia que pronunció el 6 de Marzo de 1927 (atención a la fecha… y hoy en día todavía nos planteamos si se puede críticar el cristianismo o dibujar a Mahoma).
Tituló la conferencia ” Por qué no soy cristiano”.

Tenemos que mantenernos en pie y mirar al mundo a la cara: sus cosas buenas, sus cosas malas, sus bellezas y sus fealdades; ver el mundo tal cual es y no tener miedo de él. Conquistarlo mediante la inteligencia y no solo sometiéndonos al terror que emana de él. Toda nuestra concepción de Dios es una concepción derivada del antiguo despotismo oriental. Es una concepción indigna de hombres libres. Cuando en la iglesia se oye a la gente humillarse y proclamarse miserablemente pecadora, etcétera, parece algo despreciable e indigno de seres humanos que se respeten. Debemos mantenernos en pie y mirar al mundo a la cara. Tenemos que hacer de nuestro mundo el mejor posible, y si no es tan bueno como deseamos, después de todo será mejor que el que esos otros han hecho en todos estos siglos. Un mundo bueno necesita conocimientos, bondad y valor; no necesita el pesaroso anhelo del pasado, ni el aherrojamiento de la inteligencia libre mediante las palabras proferidas hace mucho por hombres ignorantes. Necesita un criterio sin temor y una inteligencia libre. Necesita esperanza en el futuro, no el mirar hacia un pasado muerto, que confiamos que sea superado por el futuro que nuestra inteligencia puede crear.

La voz del ojo, que llamamos pedo

Thursday, December 15th, 2005

Contribución de Ana

La voz del ojo, que llamamos pedo
(ruiseñor de los putos) detenida,
da muerte a la salud más presumida,
y el propio Preste Juan le tiene miedo.Mas pronunciada con el labio acedo
y con pujo sonoro despedida,
con pullas y con risas da la vida,
y con puf y con asco, siendo quedo.

Cágome en el blasón de los monarcas
que se precian, cercados de tudescos,
de dar la vida y dispensar las Parcas.

Pues en el tribunal de sus greguescos,
con aflojar y comprimir las arcas,
cualquier culo lo hace con dos cuescos.

Francisco de Quevedo

La gioia di saperti vivo

Thursday, October 27th, 2005

Contribución de Ana

Creí que era una aventura y en realidad era la vida.

Joseph-Conrad

Seamos positivos…

Tuesday, October 25th, 2005

Contribución de Moisés

- Nunca sobreviviremos
- ¡Tonterias! Sólo lo dices porque nadie lo ha hecho nunca

…estoy seguro que os suena mucho, incluso alguien ya tiene en su mente el nombre de la película, a mi me costaría recordarlo puesto que no es la frase más famosa de esta fantástica adaptación.

Mi enhorabuena cibernética para el recuerde de donde proceden estas citas, si alguien no se acuerda y quiere saberlo que me mande un mensaje, besos, Moi.

Actualización 2007-05: Como varios comentarios acertaron, se trata de La princesa prometida.

¿Voto de castigo?

Tuesday, January 25th, 2005

Contribución de Mardito_escoces
Sinceramene, eso del voto de castigo me hace gracia. El voto nunca debe ser de castigo, si uno vota, se supone que es para construir, no para destruir. No se debe de votar en contra de un partido con el que no comulgas, sino a favor de un partido que si te convence. Pero claro esto es complicado.
La política hoy en día esta muy viciada, han conseguido, los politicos me refiero, y todos los marionetistas multimillonarios, que la población actual, o no proteste, o proteste por aquello que ellos dicen que se debe de protestar.

Claro que me preocupa el conflicto de Irak, pero creo que hay millones de problemas graves en España que no se solucionan, la gente ya no se manifiesta por cosas tan triviales como la educación, cultura, trabajo, etc… la gente quiere grandes cruzadas, y parece que lo que ocurre fuera de nuestro país es más importante. Yo, sinceramente deje de protestar el año que se hizo una manifestación para que un jugador del Valencia no se fuese, ese día deje de creer en que la población tiene la posibilidad de influir el la marcha del país.

¿Antinatural?

Monday, May 17th, 2004

Contribución de Jeremías
¿Antinatural? ¿De qué estamos hablando?

Recientemente esta renovándose la polémica sobre la adopción de hijos por parejas homosexuales. Aunque hay muchos argumentos a favor que dar, quisiera centrarme en denigrar uno que se suele emplear en su contra, el de calificarlo de algo ?antinatural?. ¿Es antinatural la adopción por parejas homosexuales? Para nada. Ahora veremos por qué ?a mi entender?. Tras aclarar ese punto y si nadie lo refuta podríamos comentar si se debe legislar positivamente la adopción por parejas homosexuales o no, independientemente de su naturalidad.

Lo primero es aclarar el concepto de antinatural o contranatural, como también está recogido por la RAE. Antinatural es aquello ?contrario al orden de la naturaleza?. Para explicar mejor mi postura introduciré el concepto de No-Natural.

Para mí, y espero que para muchos, lo antinatural o contrario al orden de la naturaleza es aquello que la naturaleza no permite, por ejemplo (y mientras no se demuestre lo contrario), superar la velocidad de la luz. No-Natural serían cosas, realizaciones, actitudes, comportamientos, derivaciones no hechas directamente por la naturaleza, sino por evoluciones particulares de ella en su interacción con el mundo.

Algo No-Natural es, sin ir más lejos, un mechero, que aparte de no crecer en los árboles es un aparato que permite controlar (en cierto modo) el fuego, algo inaudito en el mundo durante millones de años, pero no por ello antinatural. Las realizaciones o actos No-Naturales pueden ser buenas o malas, dependerá de muchos factores, pues el bien y el mal son conceptos relativos, al menos en el ámbito práctico, que es el que nos incumbe en este caso ?legislar a favor o en contra de un hecho social?.

¿Dónde quedan la clonación, el canibalismo, los alimentos transgénicos ?siempre que oigo el tema viene la coletilla de jugar a ser Dios, y eso me recuerda automáticamente el papel de las mutaciones genéticas en la evolución?, la energía nuclear, el aborto, la homosexualidad y otras mil cuestiones aberrantes según ciertos valores morales y para algunas personas? Quedan dentro del concepto particular, variable en función de las épocas históricas, legislaciones, sociedades, religiones, y personas de lo que está bien o mal.

Si a alguien le parece mal que los homosexuales adopten hijos debería decir: eso es algo inmoral teniendo en cuenta mis valores, o eso es algo malo, según yo defino malo. Pero no llamarlo antinatural, pues es totalmente natural; la naturaleza permite que haya homosexuales, que éstos tengan ?ganas? y ?utensilios? para procrear, y que haya niños en disposición de ser adoptados.

El consentir o no nada tiene que ver con la naturaleza sino con el orden que se desee establecer para esa situación que se ha concretado en nuestra sociedad. Llamarlo antinatural es un modo ilegítimo de defender una postura, de dar un sentido negativo a la adopción por homosexuales, significación que objetivamente y de partida no tiene.