Predicciones
Tuesday, January 17th, 2006Como todos sabemos, allá por el año 1666 Issac Newton inventó la gravedad. Más o menos ocurrió así: Newton estaba tirado, durmiendo la siesta, debajo de un árbol (presuntamente un manzano), cuando de repente le cayó una manzana en la cabeza (de ahí lo del manzano) y dijo ¡acabo de inventar la gravedad!
Esto habla muy mal de los antepasados de Newton. ¿Cómo es que antes nadie se había dado cuenta de que las cosas se caían al suelo?
Aunque claro, si lo pensamos, los romanos utilizaban catapultas para tirar piedras al aire con la esperanza de que después cayesen al suelo -a ser posible acabando con los vicios terrenales de algún que otro bárbaro-.
De hecho también en la edad media se lanzaba aceite hirviendo desde lo alto de las murallas proporcionando una agradable sensación a los turistas que llegaban sin visado.
Bien pensado, mucha gente sabía que las cosas se caen al suelo. Entonces ¿por qué se atribuye a Newton la ley de la gravedad?
Bueno, si miramos con un poco más de detalle la historia, según la relata su asistente, Newton estaba en un huerto, despierto, cuando calló la segunda manzana más famosa de la historia y
“…[Newton] cayó en la cuenta de que el poder de la gravedad no estaba limitada a una cierta distancia de la Tierra, sino que su poder debía extenderse mucho más de lo que habitualmente se pensaba. ¿Por qué no tan arriba como a la Luna?…”[1]
En 1687 Newton publicó sus Principia Mathematica, donde se encuentra entre otras cosas, la ley de la gravedad, que no consiste solo en decir “las cosas se caen”, si no que dice que todos los cuerpos se atraen (la tierra atrae a la luna, y la luna atrae a la tierra) y además dice cuánto se atraen, con una fórmula matemática.
Con esa fórmula se calculó el movimiento de los planetas, lo que permitía predecir donde estaría cada planeta en cada momento, los eclipses, los tránsitos solares…
Con el tiempo las mediciones mejoraron, y por tanto las predicciones fueron haciéndose cada vez más exactas, más afinadas. Tanto mejoraron… que fallaron. Ahora retomaremos esa cuestión.
A principios del S. II Claudio Ptolomeo escribió el Tetrabilon, donde sienta las bases de los horóscopos. Se puede considerar así a Ptolomeo como el fundador de la astrología moderna (al fin y al cabo solo han pasado 19 siglos). Esta ciencia milenaria permite, a partir de la posición de los astros en el cielo, predecir como nos va a ir el día, si tendremos suerte en el amor, etc. Es una ciencia realmente magnífica que apenas ha variado desde entonces. Seguimos utilizando los mismos horóscopos, aunque sus fundamentos (el recorrido del sol a través de las constelaciones) hayan variado y a día de hoy los que llamamos Escorpio nacen bajo el signo de Libra.
Sin embargo, las predicciones no sirven solo para conocer el futuro, sirven, sobretodo, para evaluar nuestros conocimientos. Si hacemos una predicción y fallamos, quiere decir que no teníamos los datos adecuados (nos falta información), o que no los hemos manejado adecuadamente (nuestro sistema no es válido).
Nos encontramos en 1930. Se han estado realizando mediciones de los planetas, y resulta que el movimiento de Urano no se corresponde con lo establecido por la ley de Gravitación Universal de Newton. Así que no enfrentamos a dos opciones: o la ley de la gravedad no es correcta o nos falta información.
Con los datos del movimiento de Urano, para que la ley de la gravedad sea correcta debería existir un extraño plantea que fuese muy pequeño, que su orbita estuviese muy inclinada y que encima girase a la inversa que el resto.
Este es el año en que se encontró Plutón.
Gracias a ese descubrimiento, podemos leer y oir todos los días a los astrólogos hablar de la importancia de que Plutón esté en esta casa o en aquella.
No hubo, en casi 20 siglos de horóscopos, ni un solo astrólogo que dijese “Ey! mis predicciones no se cumplen exactamente. Debe haber otro planeta que interfiere en mis predicciones y que debe estar en la casa de acuario.”
Y sin embargo a día de hoy Plutón no falta en ningún horóscopo.
Una de las predicciones que más ha cambiado nuestro modo de entender el mundo fue otra predicción equivocada.
Este experimento “fallido” determinó el desarrollo de la teoría de la relatividad que realizó Einstein. Y la teoría de la relatividad no es algo símplemente teórico; hace funcionar las centrales nucleares, las bombas atómicas e incluso es importante en algo tan cotidiano hoy día como los dispositivos GPS.
Todos los días podemos oir predicciones esotéricas (además de contactos con alienígenas y similares), pero nunca oímos un “aquí me equivoqué, debo estar haciendo algo mal, voy a hacerlo público para que mis compañeros no repitan mi error”.
La ciencia no es la idea repentina de un loco, la ciencia avanza porque hace predicciones cada vez más exactas y después, cuando fallan, estudia las nuevas posibilidades.
Hay gente que asegura que con el poder de la mente se pueden mover objetos -telekinesis-, hablar a distancia -telepatía-, mostrar su imagen ante otros -apariciones-, curar tremendas enfermedades y mantenerte en gran estado físico, psíquico e incluso kármico -pseudomedicina-…
Y sin embargo es la ciencia la que mueve robots sobre la superficie de marte, la que permite que hables a distancia con gente de todo el mundo (tarificando por fracciones de minuto), la que hace llegar espectáculos y eventos a hogares de millones de personas, la que ha duplicado la esperanza de vida…
[1] Keesing, R.G., La historia del manzano de Newton, Contemporary Physics, 39, 377-91, 1998

