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Archive for the ‘opinión’ Category

Perder la cabeza contra el totalitarismo

Wednesday, September 27th, 2006

Escribe Juan en Periodistas21:

Cuando no dejamos que rueden las cabezas de los dioses por la rebelión de los hombres es que hemos perdido la batalla contra el totalitarismo y el terror. Prometeo encadenado.
Una Europa bajo el miedo divino no es la Europa de la luz ni de la razón.
Y menos la de la libertad, cuya más radical expresión es la revuelta contra dios.

El 80 cumpleaños de un dictador

Thursday, August 17th, 2006

Colaboración de Scila

Castro agoniza tras casi cincuenta años de dictadura.
La verdad que hubo una época en la que estudiantes de 15 años se reunían en Madrid para escuchar, a escondidas, en un sótano, en una buhardilla, las grabaciones de los discursos del Ché y de Castro. Una época de ilusiones, de sueños, de quimeras…
Recuerdo, por ejemplo, aquellas frases de la Revolución: “Hombre blanco vestido de negro o corta caña, o p’España”

Pero pronto, el mismo Ernesto salió pitando a expandir o expander la Revolución. tan pronto se alcanzó el poder y se comenzaron a tomar medidas, a crear una organización férrea (la dictadura del proletariado pero desde la cabeza del Partido único) y entendió que él no había hecho una revolución y una casi guerra civil para que los cuadros del partido se repartiesen el pastel. Y se fué, y le mataron, por un puñado de dólares, o de bolívares.

Y se quedaron Fidel y su hermano, y tantos otros, durante 45 años. No hay sistema político que justifique la permanencia en el poder de una persona por ese espacio de tiempo, ninguno salvo los extremos que se tocan, las dictaduras de izquierda o derecha.

Este hombre hizo milagros con lo que le dejó Batista, alfabetizó a todo el país, formó los mejores médicos del mundo, los mejores atletas, les hizo sentirse orgullosos de ser cubanos y personas, movilizó a las masas hasta la hipnosis mística, resistió el asedio, el cerco económico y político más largo de la historia- del gendarme mundial durante toda su vida- lo que no han logrado ni siquiera plantearse países como algunos de los siete grandes, que tragan con lo que les sirve el vaquero de turno sin mayor resistencia.

Pero la cagó, la cagó cuando tras diez o quince años de dictadura militar y política no se abrió a la democracia (no hay que reírse de la nuestra, a algunos les costó la vida, el tenerla, aunque como todas sea imperfecta y esté poco apoyada por los pasotas, mayoría casi absoluta).

Hora es de que entregue su alma de comunista descreído, pero muy devoto de ciertos santos, a dios o al diablo, o a la madre que le parió. Pudo pasar a la historia como un líder carismático y tan sólo se recordará de él las patochadas, las excentricidades y, quizás, la larga lista de fusilados o encarcelados de por vida que se le atribuyen.

De todas formas hay personas más positivas, colaboran con ONGs, les hacen llegar ayuda mientras nosotros nos limitamos a opinar sin hacer nada. Somos unos vagos, perezosos y un tanto bocazas, quizá.

Para qué sirve una carrera universitaria

Friday, August 4th, 2006

Doy clases de repaso universitario en una academia. Hoy me han preguntado ¿pero todo esto que estudiamos en la carrera sirve para algo?

Cuando yo estudiaba recuerdo pensar algo parecido “¿esto servirá para algo?”
Y cuando empecé a trabajar me respondí claramente “Pues no, no sirve para nada”.

Cuando empecé a trabajar llevando la informática de una empresa no sabía ni como se instalaba o mantenía una red y eso que obtuve matrícula de honor en redes y teleinformática.
Lo poco que sabía de administrar servidores y lo bastante que sabía de arreglar los equipos de los trabajadores no lo había aprendido en la carrera.

Y sin embargo sostengo ahora que estudiar en la universidad sí puede ser bastante útil.
Las carreras universitarias, hasta donde conozco, son muy teóricas y se les reprocha que un universitario no sale preparado para trabajar. Esta crítica es en buena parte cierta.
Pero ahora le veo una cierta justificación.
Cada trabajo se aprende al empezarlo. Yo he trabajado en distintas empresas y cada vez he tenido que aprender cómo se trabajaba allí. Y en cada trabajo he tenido que ir aprendiendo cosas nuevas para adaptarme a los nuevos sistemas que he ido implantando.

Así que lo que es importante es tener una buena base que permita aprender rápidamente.
Si en una empresa me contratan a mí y a otra persona que haya aprendido informática por su cuenta, al principio ninguno sabremos hacer el trabajo. Y si la otra tiene más experiencia igual incluso aprende más rápido que yo.
A un nivel básico, quizá nunca se llegue a notar que yo soy universitario y la otra persona no.
Pero en los años que llevo trabajando en esto varias veces me he encontrado en situaciones que nadie sabía solventar y de las que yo he sabido salir. Y eran casos en que el problema era muy específico y para solventarlos tenías que conocer al detalle como funciona un protocolo de red, cómo se almacenan los datos en un disco duro o como realizar un buen algoritmo que no tarde horas en hacer algo que se puede hacer en minutos.

Uno de mis alumnos iba ayer a trabajar montando una red, cosa que nunca había hecho. Otro alumno le preguntó cómo llevaba la asignatura de redes y yo interrumpí para decir que no tiene nada que ver lo que se explica en la asignatura de redes con montar una red.
Básicamente montar una red es extender cables con unos ciertos controles (que estén aislados en una canaleta, que el cable sea bueno, que no sea demasiado largo…). Eso es algo que cualquiera puede aprender en media hora. Si además tiene que configurar los equipos puede necesitar una hora. Haya hecho la carrera o no.
Lo que se explica en la asignatura de redes es cómo se envía la información por esos cables. Cómo se ponen de acuerdo dos equipos para comunicarse.
Independientemente de que una red se instale con los cables que se instala ahora, con los que se instalaba antes o sin cables, la base teórica de las comunicaciones es la misma.
¿Y sirve para algo esa teoría? Pues para la mayor parte de las personas que trabajan con ordenadores no. Pero solo uno que conozca esa teoría podrá hacer un análisis de seguridad o diseñar redes altamente complejas.

En resumen, la mayor parte del trabajo de informático se puede realizar sin formación universitaria.
Pero esos trabajadores se encontrarán con que, de vez en cuando, tienen que llamar a auténticos especialistas. Y esos son los que tienen un alto nivel teórico a la par que experiencia, generalmente universitarios (aunque quizá no hayan terminado de obtener el título ;-).
También es cierto que hay miles de universitarios, que la mayoría no tendrá la oportunidad de realizar un trabajo con alto perfil técnico y que seguramente olviden que alguna vez pisaron la universidad.

Así que la universidad lo que te da es, si tienes suerte y muchas ganas, la oportunidad de hacer un trabajo de alto perfil técnico que puede ser mucho más satisfactorio que otro trabajo más “vulgar”.

Pero la universidad, que no la carrera, te da algo más: la oportunidad de conocer equipos, sistemas y técnicas de trabajo que no podrías conocer de otra manera, o que no podrías conocer hasta varios años después.
Recuerdo que estaba impaciente por entrar a estudiar en el politécnico para conocer que era eso de internet de lo que había oído hablar. Y la universidad era el único sitio que conocía en que había internet.
La primera vez que “navegué” por internet lo hice en modo texto (sin gráficos ni imágenes) en esa época en que no existía el programa “Internet Explorer”.
También aprendí por ejemplo qué era un sistema UNIX y cómo se utilizaba (cosa que me resultó y resulta muy útil).
Esa oportunidad me la dió la universidad… en el tiempo en que dejaba de ir a clase.
Solo es una oportunidad, el sistema no está diseñado (y quizá no se pueda con tanto alumno) para que todos los alumnos conozcan las últimas técnicas. Pero si tienes inquietud puedes aprender muchas cosas en la universidad además de lo que se explica en clase.

Aún así es una vergüenza que un estudiante pueda terminar la carrera de informática sin saber manejar correctamente un Ms-Windows (he conocido algún caso), sin conocer Linux (y pensando que eso no sirve para nada 8-o !), o sin saber quienes son Richard Stallman, Linus Torvald, Steve Jobs o Thompson y Ritchie.
Es cierto que no se puede enseñar lo necesario para llegar a un trabajo y comenzar. Porque cada empresa es un mundo, cada programa utilizado es distinto y los sistemas cambian cada tres años.
Pero sí debería haber una asignatura obligatoria que todos los años enseñase “informática práctica”. Hay alguna asignatura optativa interesante pero muchas veces se pierde en la oferta de asignaturas optativas.

Otra fuente del problema es la formación de un gran porcentaje de los profesores.
Generalmente hay estudiantes que están terminando la carrera y comienzan a colaborar en un departamento, después consiguen una beca al acabar la carrera, se hacen profesores adjuntos y por último son la siguiente generación de profesores.
Y eso, en mi opinión, es un gran error.
Un profesor debería conocer el mundo real. Debería tener experiencia de varios años trabajando. Por muy teórica que sea su asignatura, igual que tener una buena base teórica es bueno para trabajar de forma práctica, tener una buena experiencia es bueno para explicar la teoría.
Me parece insultante que en las oposiciones cuente más un idioma comunitario a nivel básico que varios años de experiencia laboral.
Pero esto me indigna tanto que prometo dedicarle otro envío completo…

Más veces de las que me gustaría me encuentro con que alumnos de la universidad no tienen ni idea de qué están haciendo al resolver un problema de un examen. No son capaces de relacionar unas asignaturas con otras. No saben si quiera qué asignaturas es más probable que utilicen en el mercado laboral.
Y ese desconocimiento se debe a que tienen profesores que tampoco lo saben.

Y tú, ¿eres universitario? ¿te sirvió para algo?

El sufrido paciente médico

Thursday, August 3rd, 2006

Contribución de scila

A medida que avanza la medicina en sus conocimientos retroceden en su trato al paciente.

Hay un tema que me tiene enrojecido de apasionado cabreo desde hace siglos, el mal trato que la inmensa mayoría de la “clase” médica ejerce sobre los pacientes. Y pondré algunos ejemplos para aquellos que tiendan a rebatirme y afirmar que no, que son la hostia de buenos y eficaces.

Cuando a uno cualquiera de nosotros se le ocurre ir al médico, sea de cabecera o especialista en algo, comienza por creerse aquello de que la cita previa consiste en llamar, pedir hora y presentarse un cuarto de hora antes- por si acaso- en la seguridad de tener que esperar ese cuarto de hora y media más.
Pues no, has de esperar el cuarto de hora de cortesía que les has dado y dos horas, más o menos, para que te atienda tu médico de cabecera mientras despacha al anterior paciente, que aún no ha salido de la consulta. Le explicas qué pretendes, o sea que te cure o alivie la dolencia que te aqueja y no logras atraer su atención, quieres suponer que se está enterando de todo lo que le dices y que toma nota con aplicación pero, más tarde, comprobarás que no se ha enterado de casi nada.
De repente te interrumpe y dice que te tomes esto y aquello y que vuelvas dentro de quince días, y que salgas que ya está llamando al siguiente, que tropieza en la puerta con el anterior que estaba saliendo todavía con lo cual se ha enterado de tus males y de qué te ha recetado el, o la, médica, con lo que ya sois tres en la consulta. Menos mal que no has tenido que enseñarle los bajos, habría sido, a veces lo es, un espectáculo lamentable y degradante.

Cuando sales de la farmacia con las medicinas y muchos menos euros que al entrar, las medicinas han alcanzado un precio de joyas raras, te das cuenta que no te ha dicho el médico cuantas te tienes que tomar al día, ni cuantos días, tan sólo que “vuelvas” en 15 días. ¡Joder!

Vale, piensas, me leeré el prospecto informativo. Y te lo lees, y empalideces y tiemblas cuando te enteras de que, para tomarte eso, deben hacerte previamente una analítica completa que determine tus niveles de ésto y de aquello o corres grave riesgo de muerte o deceso si lo tomas sin ese análisis previo, que debe repetirse cada ocho días para comprobar las alteraciones que puede producir el medicamento que hora te quema en la mano.

¿Y qué haces? Tú tienes un problema, el que fuere, tienes una receta y la medicina… pues te lo tomas, con dos… Y pueden pasar dos cosas, o que te haga efecto positivo o que no. Si te hace efecto, pues qué bien, y si no dentro de quince días vuelves, esperas las dos horas reglamentarias y le dices en la cara al suplente, ese día libra el titular, que no te ha hecho nada el medicamento.
Y el suplente sin levantar la vista de la mesa, ese gesto ya es epidémico, te receta otra cosa y te dice que esto casi seguro que te aliviará pero que, en caso contrario, no lo dudes, vuelvas dentro de quince días que ya estará tu médico de cabecera y se lo cuentes a él.

Te quedas con la boca abierta, se te olvida otra vez preguntar la dosis y el porqué nadie te pide la analítica que prescribe el prospecto y el siguiente, que ya ha entrado en la consulta, te mira de malos modos por que quiere un poquito de intimidad con su médico suplente. Y te vas runruneando la posibilidad de hacer una hombrada e irte a un especialista de pago, lo que cueste, para que de una vez te atiendan como dios manda, y te receten lo que toca y te devuelvan la salud de hierro habitual. Y te puedas sentir paciente pero con dignidad.

No os canso más, os contaré lo que sigue otro día, si os parece bien.
Saludos calurosos (36º dentro de la piscina)

De la amistad y el amor: el Egoísmo.

Tuesday, July 4th, 2006

Texto de Gonzo en El sentido de la vida.

Hay multitud de frases que repito al cabo de la semana: “No, este pedo no es mío”, “El Minglanillas ha dicho…”, “Mira esa que rica está”… Son secuencias de palabras que generalmente no tienen mayor importancia y que no suelen traer consecuencias de ningún tipo. Quizá algún “Ya te digo, tron” de Ratuza, pero la cosa no suele ir más lejos. En cambio, algunas otras de mis aseveraciones suelen traer cola, como por ejemplo cuando digo que el ser humano obra de manera puramente egoísta en todas las situaciones. El Chano se pone rojo bikini.

Cuando digo animaladas así no es porque primero las diga y luego las piense, sino porque generalmente primero las he pensado y después me permito decirlas. Cuando digo que todo el mundo, en todas las circunstancias, obra de manera que maximice su propio placer o disfrute, y minimice el dolor o las experiencias desagradables, es porque lo he reflexionado durante durante mucho tiempo. No soy de los que dicen gilipolleces de manera gratuita. A día de hoy mis divagaciones sobre el tema siguen levantando ampollas.

La Real Academia Española de la Lengua define el egoísmo de la siguiente manera:

Egoísmo:

Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.

Desgraciadamente me veo en la obligación de disentir desde la primera palabra. Además me gustaría apuntar que en esa definición sobra una coma, pero esa es otra historia.

El amor a uno mismo es, por definición, infinito, excesivo e inmoderado. Somos máquinas perfectamente diseñadas por un refinado proceso natural y nuestro timón es el instinto de supervivencia. Hacer que alguien ponga sus propios intereses por encima del de los demás es tan fácil como encerrarlo en una celda con otro de su misma especie y dejar una pata de jamón como menú para las dos próximas semanas. Así ha evolucionado el ser humano durante millones de años: anteponiendo cosas al beneficio de los otros.

“Atiende desmedidamente al propio interés sin cuidarse del de los demás”. ¿Quién decide aquí en qué medida debe uno de cuidarse de los intereses de los demás? El respeto por los intereses de los demás es cojonudo hasta que esos intereses se cruzan con los tuyos, entonces se acabó el espacio para las concesiones.

Quiero más de eso bueno, quiero menos de eso que no me gusta.

No te escandalices cuando leas la siguiente frase. Con práctica yo casi he [conseguido] decirlo sin ruborizarme:

Si estás en Angola curando a niños con lepra es por tu propio egoísmo, porque te realiza como persona. Lo haces porque te resulta gratificante. En resumidas cuentas, lo haces por tu propio beneficio.

Es la hostia, ¿eh?, casi que lo escribo sin que me tiemble el pulso.

Si estar en Angola te resultara desagradable o insostenible estarías en cualquier otra parte. Lo estás haciendo porque la sonrisa de un niño te produce más satisfacción que cualquier otra cosa en este mundo, porque crees que este planeta se merece algo mejor. Si ayudar a ese niño te produjera una sensación desagradable entonces estarías haciendo cualquier otra cosa. Pero no, esto te llena, te hace sentir realizado, da un sentido a tu vida que no puedes encontrar realizando ninguna otra actividad. Te estás chutando, maldito cabrón, pero no te preocupes: por lo menos tienes la suerte de que tus intereses y los de Angola apuntan en la misma dirección.

En ese momento, en el otro extremo de la tierra, hay otra persona experimentado exactamente esas mismas sensaciones, esa descarga hormonal tan placentera, pero a lo mejor está cruzando una ciudad en coche a 150 kilómetros por hora o abusando de un niño de tres años. La única diferencia está en las acciones que disparan esas sensaciones. Si ayudas a un niño con lepra estás haciendo un favor a la sociedad; si le metes mano no estás haciendo gran cosa por este mundo.

Esta comparación es extrema y siempre pincha en hueso porque parece que yo esté empeñado en desvirtuar a aquellos que se entregan de manera económicamente desinteresada y a los cooperantes en particular, pero es que normalmente hay que romper los huevos para hacer la tortilla.

Si ahora mismo estás escandalizado, no te preocupes: durante una temporada estas conclusiones también me inquietaron a mí. A pesar de darle vueltas al asunto y verlo cada vez más claro, los resultados no me dejaban precisamente frío. Sentí un gran alivio cuando leí que no era el primero en reflexionar sobre el asunto y arribar a lo que parecía un disparate.

En 1979 se publicó “El gen egoísta”. Richard Dawkins, su autor, lo resumió todo en una frase:

“Una gallina es simplemente el método que usan los huevos para hacer más huevos”

El libro tiene evidentemente mucha más miga, pero hoy no he venido de crítico literario.

La filosofía también ha explorado la paradoja humana. Thomas Hobbes es mi favorito:

“Las personas obran por interés propio. Incluso cuando servimos a los demás, solemos hacerlo porque nos reporta beneficios o porque no hacerlo iría en nuestro propio detrimento. (…) Habitualmente, por no decir ante todo, el altruismo satisface una necesidad propia.”

Ante tan desolador panorama, ¿qué lugar queda para sentimientos como la amistad y el amor? ¿Cómo se explican? ¿Qué maravilloso mecanismo es aquel que permite hacer nacer la belleza a partir de lo que parece pura mierda? La única respuesta que he encontrado es esta: el azar.

Más de uno aquí habrá oído hablar de El juego de la vida, el autómata celular más famoso de la historia. En él se desparraman una serie de cuadrados (células) sobre una rejilla y se establecen una serie de reglas para su convivencia y evolución. En el juego original, nace una célula si tiene tres células vecinas vivas, sigue viva si tiene dos ó tres células vecinas vivas y muere en cualquier otro caso. Curiosamente, al cabo de un cierto número de generaciones, se producen formas estables compuestas por varias células, una suerte de organismos “vivos”, seres de entidad superior a las células y que terminan campando a sus anchas sobre el tablero.

Por azar; de esa misma manera nace la belleza del puro estiércol.

La amistad y el amor surgen cuando la situación original se pervierte y es el bienestar de los demás el que crea en ti sentimientos placenteros, y cuando el dolor de otras personas se siente como propio. Cuando intentas terminar con el dolor de otros lo haces para acabar con el tuyo propio, y cuando prolongas el bienestar de otras personas estás preocupándote de prolongar tu propio placer. La amistad y el amor son casuales, son una convergencia de necesidades, son el interés común.

Cuando Ratuza y Gorrino se cambiaron de casa hubo un fin de semana de trabajo de cojones: desmonta muebles, bájalos, súbelos, pinta paredes, limpia hasta la última gota de mierda… El Domingo por la noche, mientras me dejaba las uñas intentando devolver a los fogones el esplendor que un día conocieron, después de dos días partiéndome la espalda, me sorprendí molesto porque ya prácticamente se había terminado la mudanza. Ellos habían hecho tanto por mí desde que llegué a Regensperry, yo tenía tanto que devolver, que ayudarles supuso para mí literalmente un auténtico placer. Estoy diciendo que estaba contento de haber pasado un fin de semana forzando la ciática, sudando la gota gorda y forjando callos. Estoy diciendo, que se dice pronto, que durante dos días trasegando cajas y montando muebles fui uno de los tipos más felices del mundo. Y por eso lo hice y lo repetiría, por mi propia felicidad.

El hecho de que Minglanillas se mude y yo tenga la oportunidad de ayudarle a mover muebles es algo que no me va a reportar ningún beneficio, ni físico ni espiritual, así que si se da el caso huiré como de la peste saliendo del país si fuera necesario. La diferencia con el caso anterior es que la felicidad de Minglanillas me resulta completamente ajena, mientras que el bienestar de Gorrino y Ratuza se ha convertido para mí, con el tiempo, en una necesidad.

Es por eso que sé que estamos hablando de amistad.

El amor trabaja en los mismos términos pero amplificado, porque opera desde el mismo núcleo de la persona y es capaz de cambiar el frío por el calor y el arriba por el abajo.

Sólo una vez en la vida estuve enamorado, y durante aquel periodo yo no era yo, era otra persona; definitivamente una persona mejor. La compañía de la persona amada me otorgaba superpoderes. Yo era capaz de hacer cosas que antes se me antojaban imposibles y esa situación me animaba a superarme cada día, a juzgar la vida en todo su esplendor. Es difícil desprenderse de sentimientos tan aterradoramente poderosos. Cualquier persona hará lo que sea posible para prolongar semejante estado. Sólo un necio dejaría escapar una droga así.

Cuando uno ama, disfruta de la felicidad de la persona amada, bebe de sus emociones. También sufre sus dolores, y es por ello que tratará de evitarlos. En el amor, el amante se diluye y ya no existe sin la otra persona, no puede ser explicado sin ella. Por eso es un sentimiento tan poderoso, porque uno muere para nacer como algo mejor.

Es por eso que sé que aquello era amor.

¿Y el odio? El odio es todo lo demás, el vacío que queda.

Cuando estuve enamorado me sentía pleno. Sentía tanta felicidad que sólo deseaba compartirla, como si el exceso de felicidad me estuviera doliendo, como si fuera algo de lo que tuviera que deshacerme para poder seguir viviendo. Estaba tan lleno de vida que el odio sencillamente no cabía.

El odio es todo lo demás, es la plenitud de la que me gustaría disfrutar pero no encuentro, es todo lo que no llenan la amistad y el amor.

El odio está compuesto básicamente de frustración, de todas aquellas cosas que me gustaría ser y no puedo, de mis propios complejos y todas las cosas que me han hecho creer que debería tener y que no poseo.

El odio está lleno del miedo a lo desconocido, de la incertidumbre, del temor a tener más de lo que no me gusta y menos de lo que sí.

El odio son mis propios miedos. El odio soy yo.

Hoy ha habido un accidente en el metro en Valencia y ahora mismo están contando más de treinta cadáveres. La pregunta del día ha sido “¿Algún conocido?”. ¿Por qué ha sido esa la pregunta más repetida y no otra?

Porque eres un puto pendejo egoísta, porque tienes miedo.

Y yo también, no te preocupes.

Ciudadanía

Friday, June 30th, 2006

Los territorios carecen de derechos. Sólo tienen derechos las personas. Los sentimientos de identidad, como los sentimientos religiosos o la orientación sexual, son dignos de respeto, pero rechazamos que se pretenda imponer proyectos políticos basados en ellos. Del mismo modo que estamos en contra de la discriminación racial, sexual o religiosa, lo estamos también de toda discriminación por razones de identidad.

Extracto del segundo manifiesto de Ciutadans de Catalunya.
Ya enlacé el primero.

El gilipollas de la semana

Friday, May 19th, 2006

En El Jueves tienen un apartado llamado “El gilipollas de la semana”. Yo nunca me he decidido a hacer algo igual porque siempre me sobran candidatos y la elección es muy dura.
Pero si hiciese el premio, esta semana no habría ninguna duda.
And the winner is… ¡El PSC!
…por su logrado lema para el referendum “El PP utilizará tu no contra Cataluña”.
Ole la constructividad, el positivismo, la divulgación de contenidos… ¿quién quiere política pudiendo apostar a las peleas de gallos?

Los auténticos piratas del arte

Tuesday, April 25th, 2006

Leído en Al abordaje

Los descendientes de los grandes artistas españoles del siglo XX están a la que salta. Ven pasar un billete de 500 euros y se lanzan a por él como si fueran testaferros de Marbella.

Los familiares de Picasso ya nos han dado algunos ejemplos de su amor por la pasta, perfectamente compatible con el respeto por el legado del artista, faltaría más.
Si fueron capaces de ponerle el nombre del pintor a un coche, está claro cuáles son los sentimientos que les conmueven. Los que tienen forma de billete, talón o transferencia.

Las muy respetables personas que tienen la responsabilidad de vivir de las rentas de Miró también pertenecen a la misma cofradía.
Ni siquiera los homenajes les conmueven. Cuando vieron que Google había alterado su logo, como ha hecho en otras ocasiones, para recordar la obra del pintor en el aniversario de su nacimiento, llamaron al banco y descubrieron anonadados que no habían recibido ningún ingreso.

Por eso, se pusieron en contacto con Google y les advirtieron que por ese camino iban a acabar en los tribunales.

Como diría la SGAE, ¿cómo van a trabajar los artistas si saben que décadas después de su muerte sus nietos y bisnietos no podrán llenarse los bolsillos con este tipo de cosas? Si se enteraran de tamaña afrenta, tirarían los pinceles a la basura y se dedicarían a asuntos más rentables, como el ladrillo o el periodismo de Internet.

No se hacen excepciones con los homenajes. Afortunadamente, no todos los herederos de artistas son tan agarrados como los de Miró. De lo contrario, los creadores de los Simpsons hace tiempo que estarían picando piedra en un penal de Alabama. Tarantino habría recibido un golpe letal propinado por los cineastas de artes marciales de Hong Kong.
Y la historia del arte, la música y la pintura sería mucho más pobre y vulgar de lo que es ahora. Y menos rentable para los vagos que viven del cuento.

Iñigo Sáenz de Ugarte

Sobre no comprar la séptima temporada de Los Simpson

Tuesday, April 11th, 2006
La verdad es que la industria del entretenimiento debe ser la única que consigue insultar a sus clientes y no sufrir mayores consecuencias. Si el tendero de la esquina llamase ladrones a los suyos, estoy casi seguro que dejaría de vender.

Seguir leyendo a pjorge en su blog

El ateismo, un legado por el que vale la pena luchar

Monday, March 20th, 2006

A través del blog de Martínez Soler leo sobre un artículo de Slavoj Zizek en Internacional Herald Tribune traducido por Ana Westley.

TUESDAY, MARCH 14, 2006
Internacional Herald Tribune
March 15, 2006
LONDRES

Desde hace siglos, nos han dicho que sin religión no somos mas que animales egoístas luchando por la cuota que nos toca, nuestra única moralidad la de una manada de lobos; únicamente la religión, se dice, puede elevarnos a un nivel espiritual mas alto.

Hoy, cuando la religión emerge como la fuente de la violencia asesina por todo el mundo, las afirmaciones de que los fundamentalistas cristianos, musulmanes o hindúes solamente están abusando y pervirtiendo los mensajes espirituales nobles de su fe nos suenan a huecas. ¿Y qué hay de restaurar la dignidad del ateismo? Es uno de los legados más grandes de Europa y quizás nuestra única posibilidad para la paz.

Desde hace mas de un siglo, en ?Los Hermanos Karamazov? y en otras obras, Dostoyevsky nos advirtió contra los peligros del nihilismo moral sin Dios, argumentando en esencia que si Dios no existe, entonces todo se permite. El filósofo francés André Glucksmann incluso aplicó la crítica de Dostoyevsky sobre el nihilismo sin Dios al 11-S, como sugiere el título de su libro, ?Dostoyevsky en Manhattan.?

Este argumento no podía estar mas equivocado: La lección del terrorismo de hoy es que si Dios existe, entonces todo se permite, incluso haciendo explotar a miles de paseantes inocentes ? por lo menos a los que proclaman actuar directamente por parte de Dios, ya que, claramente, una línea directa a Dios justifica la violación de cualquier consideración meramente humana.

En poco tiempo, los fundamentalistas han llegado a no ser muy diferentes de los comunistas estalinistas ?sin dios?, a quienes todo se les permitía, ya que se consideraban como los instrumentos directos de su propia divinidad, la Necesidad Histórica del Progreso hacia el Comunismo.

Los fundamentalistas hacen lo que consideran buenas obras para cumplir con la voluntad de Dios y para ganarse la salvación: los ateos las hacemos simplemente porque es la cosa correcta que hay que hacer. ¿No es esa nuestra experiencia más elemental de la moralidad? Cuando yo hago una buena obra, la hago no con el objetivo de ganar el favor de Dios; la hago por que si no la hiciera, no podría mirarme en el espejo. Una obra moral es, por definición, su propio premio. David Hume hizo esta puntualización agudamente cuando escribió que la única manera de mostrar verdadero respeto por Dios es actuar moralmente mientras ignoras la existencia de Dios.

Hace dos años, los europeos estaban debatiendo sobre si el preámbulo de la Constitución Europea debía mencionar el cristianismo. Como siempre, se negoció un compromiso, una referencia en términos generales a la ?herencia religiosa? de Europa. ¿Pero donde estaba el legado más preciado de la Europa moderna, el de ateísmo? Lo que hace única a la Europa moderna es que es la primera y única civilización en la cual el ateismo es una opción enteramente legítima, no un obstáculo para ocupar cualquier puesto público.

El ateísmo es un legado europeo por el que vale la pena luchar, cuando menos porque crea un espacio público seguro para los creyentes. Consideren el debate que consumía a la opinión pública en Ljubljana, capital de Slovenia, mi país, mientras hervía a fuego lento la controversia constitucional: ¿debe permitirse a los musulmanes (principalmente trabajadores inmigrantes de las antiguas repúblicas yugoeslavas) construirse una mezquita?

Mientras los conservadores su opusieron a la mezquita por razones culturales, políticas e incluso arquitectónicas, el semanario progresista Mladina fue consistentemente vociferando con su apoyo a favor de la mezquita, en línea con su preocupación por los derechos de los que provenían de otras repúblicas yugoeslavas.

No sorprende, dado sus actitudes progresistas, Mladina fue tambien uno de las pocas publicaciones eslovenas de reproducir las caricaturas de Muhamed. Y conversamente, los que mostraron la mayor ?comprensión? hacia las protestas violentas musulmanas que los dibujos causaron fueron los mismo que regularmente expresaron su preocupación por el destino del cristianismo en Europa.

Eastas alianzas extrañas (contra natura) enfrentan a los musulmanes europeos con una elección difícil: la única fuerza política que no les reduce a ser ciudadanos de segunda clase y que les permite el espacio para expresar su identidad religiosa son los progresistas ateos ?sin dios?, mientras que los mas cercanos a sus práctica social religiosa, su imagen especular cristiana, son sus mayores enemigos políticos.

La paradoja es que los únicos verdaderos aliados de los musulmanes no son los que publicaron primero las caricaturas por su valor de choque, sino los que, en apoyo del ideal de la libertad de expresión, los reprodujeron.

Mientras un verdadero ateo no tiene necesidad de fortalecer su propia postura mediante la provocación a los creyentes con blasfemias, también se niega a reducir el problema de las caricaturas de Mahoma al respeto por las creencias de otros. El respeto por las creencias de otros como el valor mas alto solamente puede significar una de dos cosas: O tratamos al otro de forma condescendiente y evitamos herirle para no arruinar sus ilusiones, o adoptamos la postura relativista de múltiples ?regímenes de verdad?, descalificando como una imposición violenta cualquier insistencia sobre poseer la (única) verdad.

¿Qué hay de someter al Islam ?junto con todas las demás religiones- a un análisis crítico - respetuoso, pero por esa razón no menos implacable? Esta, y solamente esta, es la única manera de mostrar un verdadero respeto por los musulmanes: tratarles como adultos responsables de sus creencias.

Slavoj Zizek, director internacional del Birkbeck Institute for the Humanities, es el autor de ?The Parallax View.?