Arriba y abajo
Monday, July 2nd, 2007Artículo de opinión escrito por Juan Carlos Rodríguez Ibarra en El País
Ya sé que lo de ETA y España no es una guerra. Ya sé que se emplea impropiamente el lenguaje cuando se habla de tregua, proceso de paz, etcétera. Pero eso no me impide realizar el siguiente análisis.(…)
Puesto que nosotros no estamos en guerra, nosotros nunca podemos declarar treguas ni firmar la paz. Los otros, que sí están en guerra, hay veces que declaran una tregua (…)
No cabe la menor duda de que la tregua unilateral acaba reportando algún tipo de beneficio a los terroristas. (…)
En esta última tregua quizá el exponente del beneficio haya sido De Juana Chaos, que decidió no comer porque sabía que en tiempos de tregua se impediría su muerte. Poniéndose en el lugar del otro, observamos cómo De Juana Chaos sabe perfectamente que no es lo mismo la paz que la guerra. Cuando la Audiencia Nacional ha decidido que, repuesto de su anemia voluntaria, el condenado vuelva a prisión, el terrorista ha decidido comer porque sabe que en tiempos de guerra nadie movería un dedo por salvar su vida. Y por eso come, porque sabe que no se puede actuar desde la otra parte de igual forma cuando están en tregua o cuando están en guerra.
(…)
Ya sabemos que cuando hay tregua, los presos suben hasta llegar o aproximarse a las cárceles del País Vasco. (…) Ya deberían saber los otros que si las cosas funcionan así cuando hay tregua, deberán funcionar en sentido contrario cuando hay guerra, que es la situación en la que, en estos momentos, se encuentran los otros.Lo que nunca puede volver a ocurrir es que la guerra después de la tregua les resulte gratis. Lo que no puede ser es que, ahora que han vuelto a la guerra, nosotros pongamos los muertos y ellos tengan la seguridad de que, cuando les interese, vuelven a la tregua y vuelven a obtener beneficios. Lo sensato sería hacerles saber con hechos y no con palabras que la ruptura de la tregua no es gratis; que si subían cuando no mataban, bajarán hasta el último peldaño cuando matan.
Gobierno y oposición deberían acordar: 1) Traslado de todos los presos etarras a las cárceles más alejadas del País Vasco para que los otros vean la diferencia de trato que existe cuando se mata o cuando no. 2) Ultimátum a los otros para que en el plazo de tres meses la banda se pronuncie sobre el fin o no de su existencia, haciéndoles saber que para nosotros a partir del vencimiento de ese plazo sólo habrá dos escenarios, o final de la banda o continuación. Si continuación, el compromiso público de Gobierno y oposición de que las palabras tregua, alto el fuego o lo que sea, dejarán de existir en el vocabulario de los demócratas y, por tanto, dejará de producir algún tipo de efecto positivo. 3) Si la banda decide terminar, compromiso de Gobierno y oposición para que los terroristas que no tengan delitos de sangre, juzgados o no, salgan en libertad condicional si se encuentran cumpliendo condena; compromiso de instar a las autoridades francesas a igual trato penitenciario para los etarras encarcelados en Francia. Compromiso para que los etarras que se encuentran fuera de España y no tienen delitos de sangre, puedan regresar a nuestro país sin persecución policial.
(…)Sería la primera vez que Gobierno y oposición declararan una tregua a ETA; sería la primera vez que ETA no estuviera a la espera de nuestra respuesta, sino que sería la banda la que tuviera que responder. Lo que no se puede sostener es que esta mugre humana declare la guerra o la paz cuando quiere, como quiere y donde quiere, sin que paguen ningún tipo de precio adicional. La tarea del Gobierno y de la oposición es fijar los beneficios del fin de la banda y el precio adicional, sin esperanzas, para los que saben que, después de la guerra, vendrá otra tregua con beneficios para ellos. Eso tiene que terminar, debe terminar y la decencia exige que termine.

