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El sufrido paciente médico

Contribución de scila

A medida que avanza la medicina en sus conocimientos retroceden en su trato al paciente.

Hay un tema que me tiene enrojecido de apasionado cabreo desde hace siglos, el mal trato que la inmensa mayoría de la “clase” médica ejerce sobre los pacientes. Y pondré algunos ejemplos para aquellos que tiendan a rebatirme y afirmar que no, que son la hostia de buenos y eficaces.

Cuando a uno cualquiera de nosotros se le ocurre ir al médico, sea de cabecera o especialista en algo, comienza por creerse aquello de que la cita previa consiste en llamar, pedir hora y presentarse un cuarto de hora antes- por si acaso- en la seguridad de tener que esperar ese cuarto de hora y media más.
Pues no, has de esperar el cuarto de hora de cortesía que les has dado y dos horas, más o menos, para que te atienda tu médico de cabecera mientras despacha al anterior paciente, que aún no ha salido de la consulta. Le explicas qué pretendes, o sea que te cure o alivie la dolencia que te aqueja y no logras atraer su atención, quieres suponer que se está enterando de todo lo que le dices y que toma nota con aplicación pero, más tarde, comprobarás que no se ha enterado de casi nada.
De repente te interrumpe y dice que te tomes esto y aquello y que vuelvas dentro de quince días, y que salgas que ya está llamando al siguiente, que tropieza en la puerta con el anterior que estaba saliendo todavía con lo cual se ha enterado de tus males y de qué te ha recetado el, o la, médica, con lo que ya sois tres en la consulta. Menos mal que no has tenido que enseñarle los bajos, habría sido, a veces lo es, un espectáculo lamentable y degradante.

Cuando sales de la farmacia con las medicinas y muchos menos euros que al entrar, las medicinas han alcanzado un precio de joyas raras, te das cuenta que no te ha dicho el médico cuantas te tienes que tomar al día, ni cuantos días, tan sólo que “vuelvas” en 15 días. ¡Joder!

Vale, piensas, me leeré el prospecto informativo. Y te lo lees, y empalideces y tiemblas cuando te enteras de que, para tomarte eso, deben hacerte previamente una analítica completa que determine tus niveles de ésto y de aquello o corres grave riesgo de muerte o deceso si lo tomas sin ese análisis previo, que debe repetirse cada ocho días para comprobar las alteraciones que puede producir el medicamento que hora te quema en la mano.

¿Y qué haces? Tú tienes un problema, el que fuere, tienes una receta y la medicina… pues te lo tomas, con dos… Y pueden pasar dos cosas, o que te haga efecto positivo o que no. Si te hace efecto, pues qué bien, y si no dentro de quince días vuelves, esperas las dos horas reglamentarias y le dices en la cara al suplente, ese día libra el titular, que no te ha hecho nada el medicamento.
Y el suplente sin levantar la vista de la mesa, ese gesto ya es epidémico, te receta otra cosa y te dice que esto casi seguro que te aliviará pero que, en caso contrario, no lo dudes, vuelvas dentro de quince días que ya estará tu médico de cabecera y se lo cuentes a él.

Te quedas con la boca abierta, se te olvida otra vez preguntar la dosis y el porqué nadie te pide la analítica que prescribe el prospecto y el siguiente, que ya ha entrado en la consulta, te mira de malos modos por que quiere un poquito de intimidad con su médico suplente. Y te vas runruneando la posibilidad de hacer una hombrada e irte a un especialista de pago, lo que cueste, para que de una vez te atiendan como dios manda, y te receten lo que toca y te devuelvan la salud de hierro habitual. Y te puedas sentir paciente pero con dignidad.

No os canso más, os contaré lo que sigue otro día, si os parece bien.
Saludos calurosos (36º dentro de la piscina)

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