Endogamia universitaria
El día 21 aparecía en El País:
Un reciente estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) determinó que en el 70% de los casos el profesor que ganó su plaza de funcionario había concursado en solitario, sin competencia ninguna, y el 96% de ellos ya trabajaba en la universidad donde consiguió su puesto, algo que prácticamente está prohibido en otros países. En Estados Unidos de cada 100 concursos, 93 los gana un candidato externo; lo mismo ocurre en el 83% en el Reino Unido y en un 50% en Francia. En España eso sólo pasa en el 5% de los casos
Estudió que se presentó en el II Congreso de Corrupción Universitaria celebrado en Madrid,
al que estaban invitados los rectores, pero sólo siete de ellos vieron conveniente justificar su ausencia.
Yo ahora trabajo en una universidad y aquí suena como muy cierto y cotidiano cosas como las siguientes:
Oposiciones que se convocan el día de Nochebuena, plazas universitarias que obtiene la mujer del jefe del departamento…
Ayer, también en El Pais (¿será casualidad?) 13 científicos (muchos del CSIC) firmaban un artículo muy recomendable, con cosas tan obvias y tan necesarias como:
Aunque apenas despierta interés en la sociedad, pocas cosas tienen tanta trascendencia para nuestras expectativas de vida como la selección del profesorado universitario. Elegir mal nos hace perder el tren del desarrollo y la innovación, disminuye las oportunidades de nuestros hijos en una sociedad tecnificada y compleja y dilapida de forma absurda nuestro dinero: un profesor malo cobra lo mismo que uno bueno y, no lo olvidemos, ellos formarán a los futuros médicos, jueces, arquitectos.
Si pretendemos de una vez por todas que la selección del profesorado se realice en función de los criterios de excelencia que caracterizan a una universidad moderna, tenemos que asegurar, por un lado, que los tribunales de selección estén compuestos por los profesores más idóneos, y por otro, que sus decisiones sean totalmente transparentes. En el proceso de selección de profesores en cuanto a su capacidad científica, existe un sistema aceptado internacionalmente que permite valorar la calidad de su trabajo. (…) Sin embargo, varias comisiones siguen saltándose a la torera todas las indicaciones objetivas de calidad.
Amiguismo sistemático. En la universidad española han accedido a catedráticos excelentes científicos. Sin embargo, en demasiados casos la adjudicación de plazas se rige por una ética perversa. El incompetente defiende su puesto manteniendo alejados a los profesionales de excelencia. Para ello mantiene un sistema de padrinazgo (”mi candidato es fulanito”, “le debo un favor a menganito”), aderezado por una retórica imposible de entender fuera de la universidad (”no da el perfil”, “no es lo normal en el área”). Fomenta siempre al protegido cuya virtud principal suele ser la servidumbre.
¿Aceptaría usted al llegar enfermo a un hospital que le atendiese un veterinario? ¿Y que para curar piernas rotas tuviesen un electricista?
En mi universidad aún no hemos conseguido que para trabajar de informático necesites una titulación en informática… de ahí para delante, puedes encontrar cualquier cosa.


