Extremoduro y Sociedad (I)

Contribución de Jeremías
Texto de Ana M. González Ramos
Me ocurrió que en su momento no me gustaban. Me parecían un nuevo fenómeno social creado por la mercadotecnia, sus letras y estilo musical me resultaban anodinos. Me enfurecían incluso, no entendía cómo podían ser tan idolatrados por algunos de mis mejores amigos.

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Extremoduro y Sociedad: la música aportando palabras al sentido de nuestra existencia.
por Ana M. González Ramos

Notas:
1. Ana M. González Ramos es Licenciada en Sociología por la Universidad de Granada, profesora de Técnicas de Investigación Social de la Universidad de La Laguna.
2. Extraído de: http://www.babab.com/no20/extremoduro4.php y publicado con permiso de la autora.

PARTE I. PREFACIO
CAPÍTULO 1: POSIBLES TENSIONES MANTENIDAS CON EL OBJETO DE ESTUDIO:
La banda y yo.
Me ocurrió que en su momento no me gustaban. Me parecían un nuevo fenómeno social creado por la mercadotecnia, sus letras y estilo musical me resultaban anodinos. Me enfurecían incluso, no entendía cómo podían ser tan idolatrados por algunos de mis mejores amigos.
Así que, la primera pregunta no surgió de un interés específico por conocerles, sino por la curiosidad generada por el hecho, incomprensible para mí, de que personas provenientes de “realidades” distintas, al menos, aparentemente impermeables entre sí, tuvieran en común su pasión por este grupo musical. ¿Cómo era posible que “niños bien” con jersey de cuello redondo y camisa debajo, eso sí, todo vestido con colores oscuros, se sintieran tan atrapados por sus ritmos frenéticos como los portadores de chupa de cuero, rockeros, macarras, punkis, insumisos, drogatas, encarcelados…? ¡Y no todos, necesariamente, tenían que comprender al resto de las tribus o ser partícipe de sus vicios y virtudes!.
En fin, yo me extrañaba de que una fauna tan variada estuviera seducida por una banda que a mí nada me decía. Para mí, el hecho de que gustara a tan dispares caracteres y tribus tan diferentes, confirmaba mi hipótesis: si servía tanto para unos como para otros, en realidad no podía ser más que un envoltorio bien apretado con metáforas simples pero resultonas, sin nada en el centro, hueco en su interior ¿qué grupo iba a poder calar en unos fans tan variopintos?
Pero, como afortunadamente todo cambia… No sé si a mejor o a peor, aunque me suelo situar entre quienes consideran cualquier ocasión que la vida nos proporciona bajo el efecto panta rei, en general como positivo, a pesar incluso de que las apariencias inmediatas parezcan indicar lo contrario. Así es que, digo, finalmente, se produjo en mí la regerenación de las cosas viejas, ley de vida se dice, y el resultado fue un tanto inesperado.
Yo no diría que ahora me guste el grupo, más bien, que a veces, para sentirme viva, tengo que una necesidad imperiosa de escuchar ese tipo de sonidos que grupos como ellos producen, y, por tanto, por definirlo de alguna manera, he llegado a entender su lenguaje, he descubierto el significado de su mensaje y creo haberme integrado entre esa marea de públicos que les admiran, más o menos intensamente. ¡Vi la luz!. Pero no por otra razón sino, precisamente, por el regusto que me dejaron tras poder entrever lo que verdaderamente reflejan para todo esos jóvenes. Esa es la razón por la que ahora me fascinan, exactamente por las mismas cosas que antes no entendía de ellos, por eso mi admiración, porque preguntándome por su importancia para los otros, he conseguido entender otro buen trozo de esta sociedad en la que vivimos. Y, por este motivo, mi mente se ha valido de argumentos para redimir a la banda, a pesar de seguir siendo la misma cosa que antes aborrecía.
Todo ocurrió por causa de aquellos que estaban tan cerca de mí y eran tan entusiastas precisamente de este grupo, de sus canciones, de su música incluso, muy a mi pesar. Ellos me aturdían con sus músicas y con los ruidos explosivos de sus canciones, murmuraban sus letras como si fueran lemas de sus vidas, convencidos de su verdad. ¿Por qué razón?. Casi sin terminar de haberme hecho la pregunta, ella misma me devolvió con un eco, un avance de su respuesta: proporcionaba elementos de identificación precisos que se convertían para los oyentes, en sentidos compresivos de sus propias vidas. Por eso, esos rockeros que en algún caso no tenían nada que ver con su audiencia, se volvían sus ídolos, representaciones de una época desalmada que no proporciona ningún sentido para nadie, al menos, si nos referimos a esos “grandes-principios” que en otras épocas, fueron límites y armas de rebelión para la juventud.
El descubrimiento no fue inmediato, sólo después de mucho tiempo y horas de rodaje (un amigo me corregiría esa palabra “rodaje” por la de inmersión en la vorágine sudorosa de una sala de baile cutre, cabezazos acompasados, mi dolor de cuello un rato después, saltos arrítmicos…) entre sus melodías fui consciente de lo que presentó, como causa principal de su secreto, sus elementos de enganche. No por ser una respuesta fácil, funciona de una manera simple; todo lo contrario, más bien, se produce gracias a la conjunción precisa de varios elementos complejos. Quizá por todo ello, les he cogido tanto cariño ahora que casi nadie les aprecia. Analizándolos, aprendí algo más de la sociedad contemporánea y debido a que ese es el propósito central de mi vida (aunque os parezca aburrido, puedo asegurar que no lo es y, de todos modos, ya que cada uno elige sus vicios, dejadme a mí con ése mío) pues por eso, le dedico este trabajo a sus dos responsables máximos, mis dos amigos Eduardo y Alfredo (esos que me torturaban con Extremoduro cuando no me gustaban).
No me gustaría terminar este prefacio sin comentar un par de cosas importantes. La primera de ellas está relacionada con la objetividad, me considero todo lo libre que se puede estar de valores que pudiera causar sesgos debido, precisamente, a mi inicial desamor y aprecio posterior. De la historia vital de la banda y sus integrantes nunca he sabido nada, así que no puedo estar influenciada por otros canales de información, al interpretar sus letras en relación a su formación, personalidad, historia vital o circunstancias particulares. Así que nadie espere que, en este trabajo haya una referencia explícita al contexto de sus vidas al generar su obra, no es ese mi objetivo.
Para ser sincera, la única información que poseo en mi recuerdo sobre el grupo, es un artículo de periódico (El País, para ser más exacta) que leí hace demasiado tiempo, durante el final de la que fue la etapa más productiva de la banda. Su vocalista afirmaba que a pesar de los rumores no eran una banda de heroinómanos. Cuando argumente a favor de su discurso pro-legalización y de consumido de drogas no será, pues, a causa de estas declaraciones sino sustentándome en el análisis de contenido realizado a las letras de sus canciones.
Mi único propósito es descubrir el sentido profundo de su obra mediante sus letras y sus ritmos, no enjuiciar sus vidas o motivaciones. Sobre todo, lo que me importa es poner de relieve características precisas de esta sociedad, la que ellos reflejan y simbolizan pero porque afectan a los jóvenes de hoy. Cuando les achaque propiedades o principios, no irán dirigidas a sus personas físicas sino al conjunto de sus fans. Sus aciertos y desaciertos serán un calificativo que todos nosotros podemos aplicarnos (yo rayo ya la adultez pero pertenezco incluso por ser una generación más joven que ellos, a la juventud. Además, no se me criticará esta debilidad precisamente en esta sociedad, donde se alarga el periodo de juventud hasta el máximo y se la idolatriza como si fuera el único periodo de vida que poseyéramos).
El segundo comentario es de otro estilo, de carácter teórico. Plantea la habitual cuestión, dentro de la sociología, de plasmar o llegar a una explicación comprensiva del todo a partir de lo individual. ¿Puede afirmarse sin lugar a dudas que con solo estudiar las letras de un grupo musical podemos generalizar sus razones a la sociedad global? ¿Es fruto de las tendencias sociales, las características que se plasman en fenómenos particulares de la sociedad como pueden ser la idiosincrasia de una banda de música? Si esto es cierto, quedaría confirmada la hipótesis de que existe un paralelismo muy fuerte, entre esta banda y otra más actual, “Estopa”, puesto que la producción artística de esta última tiene un ritmo y una temática tan cercanas a la otra banda, su declaración de principios es tan similar que, a pesar de no ser considerados los unos deudores de los otros, podemos decir que responden a las mismas vertientes explicativas de la sociedad contemporánea y de las necesidades de la juventud española.
Para reforzar esta idea se puede argumentar que, el calado de un “fenómeno musical” se debe tanto a los actores-activos como a la audiencia-pasiva que, sin embargo, los re-construye con su experiencia y dota de importancia y sentido concretos a la creatividad de los primeros agentes (sobre esta tesis puede leerse más y mejor en la introducción de Rayuela del argentino Julio Cortázar, quien le impuso el controvertido nombre de lector-hembra y lector macho). Así, la emoción que dio lugar al grupo musical extremeño sigue hasta hoy tan vigente y, la población juvenil que les escuchaba, sigue teniendo esa misma sed de respuestas, de modo que éstos precisan de esos mismos mensajes que planteaban Extremoduro a una generación anterior y, esas dos bandas tienen los mismos componentes que impulsaban la aprobación de su público, a pesar de que las condiciones objetivas de esos grupos etarios hayan podido sufrir alguna modificación.

Nota: Primera parte de un curioso estudio sobre Extremoduro y sus letras…
Segunda parte

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