La caja tonta
Contribución de Pau Puigdomenech
Mucha gente desinformada y mucho intelectual de pacotilla critica nuestra amada televisión con toda clase de argumentos. Que si es alienante, que si desinforma, que si es un instrumento del poder. Hay quien afirma, incluso, que casi toda la programación televisiva es pura basura. Quien sostenga esto es porque no conoce el más fascinante espacio de la programación mundial: la Teletienda.
Y, si no lo conocen es, muy probablemente, porque llevan una vida ordenada y no se les puede encontrar viendo la tele a eso de las tres o las cuatro de la madrugada. A esa hora, toda una serie de fascinantes charlatanes de feria (mediática) despliegan sus múltiples encantos para intentarnos vender los más variados e inútiles objetos. De entre todos ellos, destaca con luz propia la apoteósica Tortilla Fácil.
Se trata de una simple sartén doble. Es decir, de dos sartenes antiadherentes normales y corrientes unidas por una bisagra. Para poder darle la vuelta a la tortilla con toda comodidad, aunque uno tenga la habilidad psicomotriz de la gallina Caponata. El invento cuesta 36 euros e incluye un dosificador exclusivo (un trasto de plástico) y unos bonitos moldes para hacer huevos fritos “con divertidas formas para los niños”. Unos moldes que pueden reciclarse convenientemente como servilleteros o, directamente, ir a parar al cubo de la basura junto con el dosificador.
A lo mejor es un poco caro, pero, en principio, la idea no es mala. Y el anuncio tampoco debe de ser malo en, pongamos por caso, Oregón. Pero chirría espantosamente cuando se traslada a España. La cosa la presenta una señora con pinta de maruja yanqui, acompañada del “Chef Tony”. Un individuo obeso, con bigotito tipo Oliver Hardy, gorro de cocinero a la moda de hace 20 años (bajo y cubierto; nada que ver con el elegante cilindro de Arguiñano) y camisa de cocinero ribeteada con la bandera francesa (el espacio debe de haberse realizado antes de la Guerra de Irak, claro). Nuestro experto cocinero se dedicará, durante 10 minutos, a cocinar todo tipo de suculentos platos, entre los que destacan, así, al azar, la tortilla de cebolla y queso Cheddar, los huevos con bacon, las tortitas francesas (sic) y, atención, las tortitas de manzana y arándanos. Dieta mediterránea, claro que sí.
Ante tal espectáculo, se plantean varias fundamentales preguntas. ¿De verdad tienen que venir los americanos a vendernos sartenes? ¿No tenemos charlatanes autóctonos para estos casos? Y, sobre todo, ¿quién demonios desayuna así en este país? Sólo tenemos solución para la última pregunta. Los mejores clientes de la Tortilla Fácil deben ser, por supuesto, las familias de las series de Emilio Aragón.


