La IllÃada o la cólera de Aquileo
Hace unos meses volvía a ser actualidad una obra tres veces milenaria: la Ilíada. Y lo era, como ya es habitual, por una película: Troya.
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Pero no es mi intención hablar de la película. El caso es que a raíz de ella decidí releerme la Ilíada, subtitulada ‘la colera de Aquileo’ (Aquiles).
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El caso es que la primera vez que me intenté leer el libro me pareció un tostón.
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Hace unos meses volvía a ser actualidad una obra tres veces milenaria: la Ilíada. Y lo era, como ya es habitual, por una película: Troya.
Troya es una película efectista, entretenida… me entretuvo, pero no me convenció. Y no me convenció por varios motivos. Uno de ellos es la actual costumbre maniqueista de marcar, aún más de lo que era costumbre, que el malo es malo y el bueno es bueno. Otro la poca fidelidad con que sigue el libro en que dice inspirarse. Pero ninguno de ellos es el fundamental para mí.
El director de Troya parece haber querido proponer como se pudo desarrollar la conquista de Troya “en realidad”, es decir sin la participación de los dioses. Pese a que hace un par de guiños a la Ilíada no vemos los dioses por ninguna parte. Hasta aquí bien, es un ejercicio interesante. Sin embargo el director suprime a los dioses pero no sus consecuencias, con lo que aparece un problema. Así por ejemplo no se entiende que Príamo (anciano rey de los troyanos) sea capaz de pasearse por la tienda de Aquiles (héroe griego) y sin embargo sus tropas no hayan degollado a todos los griegos.
Pero el gran fallo aparece al combinar esto con el otro gran tópico de las últimas superproducciones de Hollywood: hay que ser exagerado. Troya es igual de grande que Manhatan, los barcos se cuentan por miles, los hombres por millones, Aquiles puede resistir 5 o 6 flechas y soltar un discurso donjuanesco redentor (porque el bueno es el bueno) sin que se le vea una gota de sangre… ¿dónde ha quedado entonces el realismo?
Pero no es mi intención hablar de la película. El caso es que a raíz de ella decidí releerme la Ilíada, subtitulada ‘la colera de Aquileo’ (Aquiles). Para quien no lo sepa la Iliada es ‘el canto de Ilión’ nombre de la ciudad principal y última de las ciudades troyanas conquistadas en la guerra entre los griegos guiados por Agamenón “rey de reyes” y los troyanos y sus aliados, y narra lo sucedido en apenas 15 días (con dos paréntesis de unos 20 días) de una guerra de 10 años.
El caso es que la primera vez que me intenté leer el libro me pareció un tostón y su segunda lectura me ha encantando. Hablando con mi novia me comentó que es que yo tenía “mucho aguante” porque también me había gustado el quijote. Curiosamente tambien fui incapaz de acabar el Quijote la primera vez que lo tomé (tendría yo unos 18 años) y sin embargo el verano pasado no podía dejar de leerlo.
El “problema” que tiene la Ilíada es que es un libro que tiene casi 3000 años (son muchos) y ni siquiera fue concebido como un libro, sino como una narración oral. El estilo es llano pero repetitivo y sobre todo poco directo. Lo gracioso de la Ilíada es que cuando cuenta un batalla enumera cada muerto y de cada muerto su linaje y los bienes de su tierra. Cuando habla de las naves, habla de cada uno de los capitanes, su abolengo, su tierra y sus hombres (todo un capítulo o rapsodia es la revista de las naves). Baste como ejemplo cuando en medio de una batalla (rapsodia VI) se encuentran Glauco (troyano) y Diomedes (griego). Actualmente esperaríamos que en medio de una batalla al encontrarse tan valientes guerreros empezasen a pelear. Pero no, en la Ilíada nada es tan directo. Diomedes pregunta a su oponente quien es y si es hombre, porque no quiere pelear con dioses, a lo cual Glauco responde con ¡60 versos! (casi dos páginas en mi edición) En ellos empieza por decir que no necesitaría contestar, luego empieza a hablar de una tierra donde nació un hombre que engendró a otro que a su vez engendró a otro, Belerofonte, entonces cuenta la historia de este hombre que tuvo que huir de su tierra por el despecho de una mujer, que fue bien recibido en otra, que luego ya no fue bien recibido y le encomendaron mortales empresas, que más tarde intentaron matarlo para acabar casandose con la hija del rey. Que con ella tuvo Belerofonte tres hijos. Cuenta los principales méritos de cada uno de los tres hijos y por fin se identifica Glauco, el guerrero original, como hijo de uno de ellos.
Después de esto cualquiera en el lugar de Diomedes, el guerrero griego de antes, pensaría: “iba a combatir con este hombre porque es mi enemigo, pero ahora le voy a matar por pesado”. Pues no. Diomedes empieza tambien a hablar del sexo de los ángeles hasta que concluye que como su padre y el de Glauco (su enemigo) se trataron bien, ellos deben ser amigos.
Por cosas como la contada, en su día me hastió el libro… por ello mismo hoy día me encanta. Y la diferencia nace de la siguiente reflexión:
la Ilíada no es la historia de la colera de Aquiles y no cuenta una batalla, como indica el subtítulo, la Ilíada es la historia de Ilión, y la de Efira en el riñon de la Argólide, es la historia de Glauco y de Diomedes, de Atenea y de Hares, la Ilíada era en realida LA historia. Hoy día la escribimos “fielmente” en los libros. Hace tres mil años la contaban fabulada.
No solo eso. Durante la batalla las lanzas muchas veces rompen el bronce de los escudos, atraviesan la piel… y no hacen daño. Sin embargo cuando una lanza corta el cinturón el guerrero normalmente muere. ¿Como es eso? Pues porque la piel que atraviesa la lanza no es del guerrero sino del escudo. ¿O es que hay alguien que no sepa que los escudos se hacen con capas de piel de buey rematadas con capas de bronce y otros metales? Y por supuesto el cinturón sirve para sujetar el casco y queda, por tanto, en el cuello.
Quiero decir con esto que cuando leo un libro actual el reto del escritor es conseguir que me introduzca en la historia que cuenta. En el caso de la Ilíada o El quijote no solo debes meterte en la historia que cuenta, además debes meterte en el mundo del autor para entenderla. Compartimos el mundo de los autores actuales. Entendemos qué hacen los personajes cuando encienden la radio. Incluso si los personajes viven en el siglo VIII antes de Cristo el autor nos explicará qué ocurría en el siglo VIII antes de Cristo. Pero Homero no necesita explicarnos las costumbres de los griegos porque su público las conocía perfectamente. Es más, Homero no concebiría qué es lo que debía explicarnos ni cómo hacerlo.
Así que ahora cuando me leo la Ilíada me imagino escuchando a Homero, imaginándole adoptar voces y poses características cuando habla cada personaje e intentándo entender cómo actuaban las personas en la época que me narra. Me introduzco en las mil historias que me cuenta y en la historia del narrador. Y es un doble gozo.


