Sea un auténtico valenciano
Sé que todos vosotros queréis ser auténticos valencianos, pero nunca habéis sabido como conseguirlo. Por eso he decidido explicar en pocos pasos como lograrlo.
Relájese, no necesita ningún conocimiento particular.
Basta saber que cuando se habla de “nuestra lengua” nos referimos al valenciano. Al principio cuesta darse cuenta, ya que todos los políticos y comentaristas hablan en castellano para defender con fervor “nuestra lengua”. Pero aunque cualquiera pensaría que se refieren al castellano (puesto que dicen “nuestra lengua” y no “la nostra llengua”) un auténtico valenciano no deja que la lógica le despiste.
Fíjese por ejemplo en Doña Rita Barberá, alcaldesa de Valencia que solo dice “Vixca Valencia” en fallas y “Valencia Campiò” una vez cada 30 años. O en Don Francisco Camps, presidente de la Generalitat de Valencia, que siempre habla en un correcto castellano.
Identifique a los demás.
Puede parecer más complejo identificar a todos los demás que identificarse a uno mismo, pero en realidad no. Por ejemplo, si un catalán dice “nosotros hablamos catalán” usted responde “pues nosotros no”. Si un vasco dice “nosotros tenemos el RH negativo” usted vuelve a responder “pues nosotros no” y añade “nosotros tenemos lo menos dos RHs”. Con un poco de práctica verá que es sencillo.
Si se fija en las palabras de cualquier contertulio valenciano, o incluso en la sabiduría popular expresada con arte en las pintadas callejeras verá que se dicen cosas como “no somos catalanes”, “no al centralismo”, “no hables catalán”, “no somos levante”… Efectivamente hablar de qué es ser valenciano es de mal gusto. Además obligaría a pensar qué es lo que nos hace diferentes y lo mismo no encontrábamos nada significativo.
Lógicamente usted es ahora un principiante, los grandes valencianos llevan la imaginación mucho más allá que usted o que yo. Por ejemplo, D. Francisco Camps, presidente de la Generalitat Valenciana, tras discutir mucho sobre lo que Valencia debe pedir o no para su nuevo estatuto (transferencias, estatus, denominación) ha propuesto añadir una clausula que diga que si cualquier otra comunidad pide más que la nuestra, pues que también se aplique a nosotros (verídico 100%). ¿No es sencillo y práctico? Algún quisquilloso podría pensar que para eso no hace falta hacer un estatuto. Basta con tirar de esa clausula y decir “las tuyas y dos más”, pero no sería tan entretenido.
Sea victima (culpe especialmente a los catalanes y madrileños).
En realidad es esta parte la que justifica ser un auténtico valenciano. Es tan divertido…
Para todo principiante basta con dos puntos. El primero: los madrileños son centralistas, lo que se demuestra al denominar a nuestra región “levante”.
Efectivamente, somos levante en relación al resto de España, excepto baleares claro, pero no nos pongamos mojigatos. El caso es que los que dicen “levante” son unos centralistas. Un contertulio de la radio que es muy valenciano apuntaba con gran sabiduría hace pocos días que viendo como daban “el tiempo” de España se referían a Valencia como “levante”. De hecho también dicen cosas como “se acerca una borrasca por el norte” si viene por Cantabria o “tenemos un anticiclón por la mitad sur”. Todo esto no hace sino reafirmar el centralismo obsesivo de los madrileños, porque de no ser así el hombre del tiempo diría “viene una borrasca por el sur de Islandia y se dirige a poniente de las Baleares, lo que creará un anticiclón a noroeste de Argelia”, discurso que sería mucho más descentralizado.
Claro que cuando dan el tiempo en medios valencianos dicen “norte” para referirse a Castellón y “poniente” para referirse a Requena, es lo malo de usar relativos. Seguramente se trate de personas débiles a las que los centralistas les han lavado el cerebro. Insisto, un auténtico valenciano nunca dice “levante”, es un término que repudiamos. Da igual que uno de los periódicos más difundidos de Valencia se llame precisamente “Levante” o que el segundo equipo de fútbol de la ciudad sea el “Levante U.D.”. Eso solo demuestra lo mucho que nos invaden los madrileños.
Y que decir de los catalanes, nuestro segundo foco de victimismo, sino el primero. Los catalanes se identifican fácilmente por ser seres malignos con cuernos y rabo (y no me refiero al toro de Osborne) y tener cara de Carod-Rovira, arquetipo del catalán auténtico, pese a que sea aragonés y represente a una minoría.
Pues bien los catalanes son tan molestos que no les basta con discutir si hablan valenciano o catalán (de hecho les da lo mismo) no, ¡se dedican a utilizarlo! ¡Qué desfachatez! Se pueden encontrar en internet miles de programas en catalán. Algunos de ellos, como FireFox, el segundo navegador más usado de internet, se tradujo antes al catalán que al castellano. La enciclopedia libre de internet, la wikipedia, tiene más de 10.000 artículos en catalán; montan centros de catalán en Finlandia y Japón, traducen las películas al catalán… ¡Serán descarados! Así no hay quien se quede en el sofá hablando de “nuestra lengua” (en castellano por supuesto).
Esto obliga, lógicamente, a repudiar todo lo catalán.
Por ejemplo, la web del Ministerio de Industria tiene una versión en “valenciano/catalán”. Es innegable que eso es un insulto para el valenciano. No se deje engañar pensando que si acaso se deberían ofender los catalanes puesto que su denominación aparece en segundo lugar. Al fin y al cabo ellos están ocupados traduciendo libros y escribiendo artículos. Pero a los buenos valencianos sí nos ofende que en el Ministerio de Industria se diga que los valencianos hablan catalán. ¿Cómo? ¿Qué del mismo modo se podría interpretar que los catalanes hablan valenciano? Lo siento pero con eso no puedo hacerme la víctima.
Victima sí, pero derrotista nunca.
Un buen valenciano nunca será sensible a la derrota. Pongamos un ejemplo. Tras ponerse en marcha la democracia el gobierno valenciano decide crear una academia de la lengua. Pero de nuevo, esos maliciosos catalanes se infiltraron en las buenas intenciones valencianas y pretendían insinuar que en Valencia se habla catalán. Pero no pasa nada, tras “solo” 20 años se consiguió crear una academia valenciana de la lengua cuyos estatutos dicen bien claro que sus miembros solo pueden hablar de ‘valenciano’. Para entonces la academia de catalán ya lleva publicados varios diccionarios, gramáticas, etc. pero no hay que desanimarse.
Y sin embargo esos malévolos que creen en la ciencia (los filólogos) deciden por unanimidad que la lengua que se habla en Valencia, en Baleares y en Cataluña es la misma. ¡Sacrílegos! Qué se puede esperar de gente que habla en valenciano del valenciano… Menos mal que los políticos son grandes prohombres y les recordaron que si no defendían que en Valencia se habla valenciano les despedirían a todos. Y cuando todo parecía que volvía a su cauce, los académicos insisten en decir que la lengua que en Valencia se llama valenciano es la misma que en Cataluña se llama catalán…
¿Qué haría usted para ser un buen valenciano? ¿Retirarse? ¿Quemar la academia y fingir que nunca existió? Tomemos asiento y veamos el ejemplo de un auténtico valenciano.
Don Esteban Gonzalez Pons, presidente de la diputación valenciana, por supuesto en castellano, como siempre que se habla del valenciano, dijo: “No permitiremos que la ciencia se imponga a la democracia”. ¡Olé!
Que lástima que haya tan pocos gobernantes con agallas. Que es verdad que los ha habido. Tomemos por caso a los gobernantes que consiguieron mantener que la tierra era plana pese a los pesados que decían lo contrario. O esos grandes caballeros que obligaron a retractarse a Galileo por decir que la tierra se movía.
Porque sí, es cierto que la ciencia es cabezona. La realidad es insistente. Pero si tuviésemos más gobernantes como Don Esteban, en una Valencia plana e inmóvil, se hablaría únicamente el valenciano (aunque nos referiríamos a él en castellano, por supuesto).


