Me parece muy interesante el dilema planteado, porque además creo que muestra que muchas veces nos confundimos con el origen del problema.
Es decir, el problema no está en el lenguaje, como tan de moda está decir, sino que el problema del machismo está -como es lógico- en las personas; está en que todavía no asumimos plenamente la igualdad.
En ese sentido es remarcable que el texto dice “una eminencia” palabras de género femenino -a la que corresponderían por tanto adjetivos en femenino: alta, vieja, conocida…- y aún así interpretamos que hace referencia a un hombre.
Y culpar al lenguaje lleva a tonterías como llegar a poner género a las pocas palabras neutras del castellano, como los participios presentes y las palabras de género epiceno.
Así hay quien se empeña por ejemplo en decir “presidenta”. Eso sí nunca dicen “presidento”, “taxisto”, “policío” o “gorilo”. Y con ello generan una discriminación donde no la había, deforman el lenguaje y, lo peor de todo, esconden el verdadero problema que, como muestra este texto, no está en el lenguaje.
Como remarca la RAE, las palabras tienen género, las personas sexos. Y como alguien dijo por ahí “gilipollas y gilipollos los hay en todas partes”.
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